“Cinco horas y media después de enterarse de que se estaba muriendo, Heron condujo hasta su supermercado preferido. A falta de alternativa y siendo jueves, decidió seguir su rutina.
No es un secreto que a Heron le gusta hacer la compra semanal los jueves. A última hora de la tarde si es posible, o a media tarde como muy pronto. Su familia se burla de él por eso, por sus extrañas inflexibilidades.
«Vive un poco —le había dicho su hija la semana anterior—. Ve a hacer la compra el lunes por la mañana, a ver si te atreves».”
Estas frases son de la novela Un asunto de familia de Claire Lynch, publicada por Random House y que desde el 5 de febrero ya está en todas las librerías, en la cual la autora construye una trama familiar compleja, articulada en dos planos temporales, donde el pasado es una herida activa.
La novela se abre en 1982, en la Gran Bretaña de provincias: Dawn, joven esposa y madre, siente que la vida se le escapa hasta que conoce a Hazel, su nueva vecina. La conexión es inmediata y, casi sin darse cuenta, inician una relación secreta, luminosa y prohibida. Cuando Dawn decide decir la verdad, el divorcio se convierte en un juicio humillante: amparado por las leyes y prejuicios de una sociedad conservadora, su marido consigue la custodia de su hija, y Dawn queda expulsada de la vida de la niña.
Cuarenta años después, en 2022, Heron recibe un diagnóstico terminal y duda entre contarle la verdad a su hija Maggie o persistir en el silencio. Maggie, a su vez, atraviesa una crisis personal y una fatiga doméstica reconocible: la carga mental, el deseo de control y la sospecha de que quizá la vida debería ser algo más que una sucesión de rutinas. Un hallazgo, un documento judicial entre los papeles del padre, sacude la arquitectura de su historia familiar y la empuja a mirar de frente el pasado y sus daños…
Claire Lynch es escritora, académica y profesora de literatura y escritura creativa. Doctora por la Universidad de Oxford, ha desarrollado su carrera en el ámbito universitario, explorando temas de identidad, maternidad y experiencia personal desde una mirada literaria y sensible. Sus textos han aparecido en The Washington Post y en la BBC Radio, donde destaca por su voz honesta y reflexiva. Es autora del aclamado memoir Small: On Motherhoods (2019), en el que aborda las complejidades de la maternidad y las diversas formas de familia. Vive en Windsor, Inglaterra, con su esposa y sus tres hijas.
Por Un asunto de familia, su primera novela, ganadora del Nero Book Award en la categoría de mejor debut, estamos en la sede de su editorial, Random House, para entrevistar a Claire Lynch y que nos la presente a los lectores de Qué Leer.
Un asunto de familia, Claire, es un libro hermoso, pero también lleno de emociones fuertes. Las emociones que emanan de su novela son muy intensas, van del dolor a la injusticia, a la alegría…
Probablemente esa es una buena descripción. Las partes principales de la novela están ligadas a esas emociones, por supuesto. Creo y espero que todo ello se equilibre a través de los detalles de la vida cotidiana de una familia. Para mí eso es algo interesante. La vida ordinaria de una familia y cómo se ve marcada por esas emociones fuertes.
¿Cómo supo “balancear” esta intensidad para que la novela no se le fuera hacia el puro drama o hacia la ligereza?
Yo creo que es una cuestión de contraste. Por ejemplo, la primera escena con la que se abre la novela. A uno le sorprende la idea de que la peor noticia que puede recibir resulta que la recibe haciendo la compra en el supermercado. Y entonces el melodrama de nuestra mortalidad se ve contrastado de forma alucinante con lo que estamos haciendo, que es hacer la compra.
Más adelante en la novela, cuando Maggie está tratando de comprender la verdad de su pasado, de cómo su padre no se lo ha contado durante todos esos años, al mismo tiempo tiene que asegurarse de que hace la cena y de que los niños tengan la ropa limpia.
El privilegio de los lectores es que pueden estar en la cabeza de los personajes y saber lo que piensan y al mismo tiempo verlos hacer las cosas que están haciendo exteriormente.
Me ha parecido que es un texto fácil de leer y comprender, a pesar de la crudeza de los temas. Claire, la sencillez de su prosa encaja perfectamente con ellos.
Como la historia es muy dramática, o melodramática, si quieres, yo creo que la prosa tenía que ser una prosa limpia. Y una de las formas en las que he tratado de hacer eso, por ejemplo, a partir de una primera versión más larga, era empezar a retirar cosas, quitar cosas de la prosa, limpiar esa prosa.
Se nota que esto lo trabaja especialmente. Y resulta algo muy efectivo a la hora de entrelazar las vidas y tiempos de los cuatro personajes.
Me gustaba la idea de tener una especie de instantánea de la misma familia en dos momentos temporales diferentes, porque simultáneamente son las mismas personas, claro, pero al mismo tiempo personas totalmente diferentes.
Maggie ya no tiene tres años, como tenía al principio. Pero en su personalidad sigue habiendo ciertas pistas, como su cabezonería, por ejemplo. Cuando la vemos más tarde, creemos que era la niña anterior, ¿no?
Y lo mismo ocurre con sus padres, cuando estaban en sus veintipico años al principio y luego en sus sesenta y tantos en la segunda parte. Evidentemente han cambiado mucho en ese periodo de tiempo, pero hay partes esenciales de su personalidad que siguen estando ahí.
[Claire Lynch es una mujer con una simpatía natural que conquista. Mira con atención; gafas carey, pelo corto, camisa azul jaspeada; y contesta con la misma atención]
En su novela hay una historia, claro, contada en dos épocas. Pero es una novela, sobre todo, centrada en los personajes. ¿Cuál le resultó más difícil de perfilar: Dawn, Hazel, Heron, quizá Maggie…? ¿O los tenía muy claros a todos desde el principio?
Al principio, tenía a Heron y Maggie, el padre y la hija. Y tenía todo un montón de ideas para explicar por qué la madre había desaparecido. No sé: se fuga con el profesor de yoga, etc., por ejemplo. Pero yo creo que, más bien, la historia real fue la que me encontró, en cierto modo, y así encontré el camino.
No sé cuál [de los personajes] fue el más difícil. Pero, lo que más me gustó o me divirtió, han sido los personajes masculinos. Connor, que era el marido de Maggie, es mi favorito secreto. Es un personaje pequeño, pero realmente me encanta. Me encantó tratar de descubrir su pensamiento, meterme dentro de su mente.
Le he preguntado esto, Claire, porque en Un asunto de familia los personajes están tan bien dibujados…
Una de las cosas que yo no esperaba cuando escribí el libro es hasta qué punto los personajes se hacen reales. Durante años he escuchado a autores en entrevistas decir eso que: “los personajes me hablan y de este personaje yo pensaba…”. Bah, ya están con este rollo, ¿no? Me sorprendió darme cuenta de que eso ocurre como escritora.
Había momentos pequeños en los que me daba cuenta de que la idiosincrasia, o la conducta de los personajes, era consciente de ella: tenía perfecta consciencia de lo que harían o no harían. Por ejemplo, en un momento dado, me preguntaron en un evento en Estados Unidos cuál era la receta favorita de tal personaje, sus canciones favoritas… Pero qué tontería de pregunta. No obstante, je, en diez segundos, supe responder.
Y ¿cómo ha convivido el llevar esos personajes tan metidos en la cabeza con su vida personal? Con tres hijas, ¿no?, casi no hay espacio para nadie más.
Para mí ha sido un privilegio realmente. Porque es como ver el mundo desde otro ángulo. Pero, además, creo que ha llegado el momento de, quizá, hacer luto por esta familia imaginaria y dejarla de lado para poder imaginar cualquier otra cosa.
Ahora volveremos sobre eso. Mmmm, ¿qué referentes literarios tiene?
Quizá, porque yo he sido profesora de literatura irlandesa, la literatura irlandesa ha sido mi favorita. Maggie O’Farrell, Edna O’Brien, también Elizabeth Strout. No es que yo quiera emularlas o pueda. Pero todas esas escritoras, tienen una profundidad que admiro. Es como la sensación de que, a través de los personajes, las conoces. Es como si conocieras a alguien nuevo…
¿…Como una especie de amigas?
Sí. Es como tener un recuerdo de haber visitado un lugar donde nunca has ido, sólo porque has leído el libro.
Nos ha hablado antes que tenía a Heron y Maggie, al padre y la hija, pero realmente, ¿qué le dio la “chispa” para ponerse a escribir esta novela?
Bueno, no sé si puedo decir que estoy en la crisis de la mitad de mi vida [Claire Lynch se ríe con cierta timidez al confesarnos esto]. Yo he trabajado con libros y enseñado literatura mucho tiempo. Y empecé a pensar que quizá yo fuera quien debía escribir y dejar de ser el crítico. Ser como en cocina: dejar de ser quien se lo come y ser yo el chef.
Intentarlo, ver si uno es capaz…
Exacto, intentarlo. Como una prueba.
Y ¿satisfecha?
Mucho. Sobre todo muy sorprendida, no doy crédito, pero muy contenta.
Por último, ¿tendremos pronto un nuevo libro de Claire Lynch?
Eso espero. En cuanto termine de hablar de este libro a todo el mundo. Pero creo que tengo ya el principio. Y los personajes principales.
¿Ya ha empezado a escribirlo?
Sí, sí. Pero ahora necesito tiempo [Y vuelve a reírse]… Yo voy a hacer todo lo que pueda.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Neeq Serene
INTÉRPRETE: Isabel Ozores
Claire Lynch
Editorial Random House, 224 pp., 20,90 €
Sinopsis:
Dawn es una joven esposa y madre que siente que su vida se le escapa lentamente. Todo cambia cuando conoce a Hazel, su nueva vecina: entre ellas surge una conexión inmediata, tan luminosa como prohibida. Pero en una época que no perdona a las mujeres que se salen del guion socialmente aceptado, la felicidad tiene un precio.
Cuarenta años después, Maggie, madre de dos hijos, atraviesa una crisis personal. Cuando su padre, Heron, recibe un diagnóstico terminal, el pasado irrumpe con fuerza: las verdades que le contaron sobre su madre —su silencio, su supuesto abandono— empiezan a desmoronarse.
Un asunto de familia, el aclamado debut de Claire Lynch, entrelaza dos épocas y dos generaciones para explorar el peso de las decisiones, la complejidad de los afectos y las cicatrices del estigma. Con una prosa delicada y valiente, Lynch denuncia el desamparo de las lesbianas en los años ochenta y celebra, al mismo tiempo, la fuerza del perdón, la resistencia del amor y los lazos que perduran incluso después del dolor.







