Hubo momentos en los que realmente sentí que se me abrían los huesos; Estoy muy contento de habérmelo quitado de encima. Hay que ser muy poeta -si es que pudiera uno ser poeta solo un poco- y tener una mente muy lúcida para poner sobre la mesa un libro recién escrito y confesar que deshacerse de él ha sido un alivio, o que la escritura te está provocando, como en una tortura medieval, un daño físico. Ese dolor de la escritura es tan real como vilipendiado. La sensación de despojarse de algo que está comenzando a cobrar vida existe y es tan nítida y punzante como un dolor de muelas o un cólico nefrítico. Un libro como este puede ser un tremendo golpetazo, tanto para el propio poeta como para cualquier lector o lectora, un extenso sismo cuyas ondas recorren una línea temporal que va desde el origen del mundo hasta nuestros días.
Se edita de nuevo en nuestro idioma este Cuervo, de Ted Hughes (Mytholmroyd, Yorshire, 1930). Digo de nuevo porque el traductor y poeta Jordi Doce ya nos ofreció su versión de este Crow hace años. Entonces lo publicó la editorial Hiperión, dándole a su colección una joya que yo -perdonen la intromisión- disfruté como un enano en una desaparecida biblioteca de Ciudad Real. Allí los mirlos negros hacían sus veces de cuervo mientras construía el mito junto a Ted y a Jordi. Ahora es la editorial Kriller 71 la que ha tenido la genial voluntad de cobijar a esta nueva versión ampliada (Cuervo. El ciclo completo) que, además, incluye un estudio en el que podemos identificar muchas de las claves de este poema.
Cuervo es una creación de entraña, un despojamiento que nos cuenta el nacimiento de un ser que, como en las teogonías, trata de explicarnos en nuestra faceta más salvaje. Ted esboza los poemas de este libro por un encargo, pero intuye que el ser que ha creado tiene fuerza y fiereza suficiente como para provocar un temblor en su propia poesía y en la que se estaba haciendo en su momento. Esa criatura es, en parte, una consecuencia del momento anímico del poeta -Sylvia Plath, su esposa, había fallecido en trágicas circunstancias unas semanas antes de que Hughes escribiera el primer poema -quién sabe si los versos En la alucinación del horror/ vio este zapato sin suela no está el zapato negro de la propia Sylvia-. Por tanto, Cuervo podría ser Ted, podría ser la muerte, pero también la vida (también la muerte intenta ser vida), puede mostrar nuestro mundo de pulsiones o sencillamente representar a ese Trickster que nos descubre Jordi Doce en la introducción. Como sea, este personaje es, puesto que su génesis es mitológica, una explicación pretendidamente racional de lo irracional.
Este libro nos va revelando nacimiento, sorpresa del personaje ante el mundo que descubre, interacción con los elementos de la naturaleza y con los dioses (Cuervo se dio cuenta de que Dios lo amaba […] Cuervo se dio cuenta de que había dos Dioses). De esta concomitancia es de donde sacamos las conclusiones que nos aterrorizan, ya que Cuervo conjuga la inocencia del neonato con la pulsión de nuestro ser más salvaje, ese interior de piedra y fuego que nos entronca con un origen de instintos de supervivencia y de curiosidad por lo que nos rodea: Cuervo mató a su propio hermano y lo volvió del revés para examinar su color. Su desarrollo, como la propia poesía de Hughes, es austero pero delicado en la selección de un vocabulario esencial y atemporal en ocasiones, y tan moderno como cotidiano en otras. El cuervo aparece ya en escenas de naturaleza eterna como en un mundo de polietileno, bien entre Adanes y Evas como entre ordenadores o abogados. Esto hace que la epopeya sea nuestra, la lea quien la lea, en el lugar que sea y en cualquier época.
Sin duda, el cuervo es el puntal semiótico principal, pero el color negro es una de las claves de la obra. Desde el momento en que este ser mítico es el elegido, su ausencia de cromatismo o su confluencia (como se quiera ver, dice Ted: un arcoiris negro/ inclinado hacia el vacío) inunda al mundo con este augurio de luto e incertidumbre con el que empieza el libro: Negro era el sin ojo/ Negra la lengua dentro/ Negro era el corazón. Este cuervo -el carrion crow– es, por otra parte, la más negra y más inteligente de las aves, y a cualquier ser al que veamos imitarnos en algo le ponemos el jalón de peligrosidad. Nuestro protagonista busca, imita y observa, como vemos en el poema Cuervo narra la batalla, siente náusea, canta al amor, picotea intestinos, canta a la nieve, nanas, se enamora de un niño o de una niña; es, en definitiva, una síntesis de todos nuestros comportamientos, cívicos y salvajes. Destaco los rostros como un elemento enigmáticamente recurrente, quién sabe si llevado el autor por las obras antropomorfas del amigo escultor que lo invitó a crear al mito. Estos rostros ofrecen la visión de bestiario que exhala el libro y ofrecen al cuervo la posibilidad de ser gesto y mímesis.
También el propio Ted tiene una actitud salvaje en la concepción más puramente literaria. Hay que salir a buscar el poema como un animal, con la parte más fiera. Me gusta pensar que Claudio Rodríguez pudo haberle ayudado con la ferocidad de la naturaleza, o Poe con su never more en el poema Linaje. Dice el propio cuervo: Pero ¿quién es más fuerte que la muerte?/ Yo, por supuesto. Sin embargo, esa fiereza produce también rechazo, por ejemplo, de la madre, como un Baudelaire alado, como un albatros negro que se mueve más por instintos que por industrias (entre sollozos caminaba y apuñalaba), o de los propios dioses, creando un conflicto de poder entre el mito y la deidad: Todo lo que Dios no quiere es mío -Igualmente la ferocidad y el antisentimentalismo me hacen pesar con agrado en el surrealismo de Lorca o en César Vallejo.
Pues, veamos con qué parte del mundo se queda el cuervo, qué es lo que no quiere Dios. Entremos en este libro con la desnudez del recién nacido, pero con la coraza del que sabe que va a recibir un aldabonazo certero. El cuervo es un yo que se ha fagocitado a todos y a todo. Un poema que tenía que escapar de su poeta irremediablemente, por las buenas o por las malas, pero salir.
Matías Miguel Clemente
Cuervo. El ciclo completo. Ted Hughes. Traducción de Jordi Doce. Kriller71. 2026.








