“El día que Junior se cayó tuvo un comienzo como el de cualquier otro día: el aire ondeando por la explosión de calor, la luz del sol como un clamor de trompetas, el impetuoso oleaje del tráfico, los cánticos religiosos en la lejanía, la música de película barata subiendo del piso de abajo, los empellones pélvicos de una secuencia «especial» de baile en la película que un vecino tiene puesta en la tele; el llanto de un niño, la regañina de una madre, risas sin explicación, expectoraciones encarnadas, bicicletas, el pelo recién trenzado de unas colegialas, el olor a café cargado, un destello de alas verdes en un árbol…”
Este es el comienzo de “En el Sur”, uno de los estupendos relatos de que se compone La penúltima hora, el nuevo libro de Salman Rushdie, que acaba de llegar a todas las librerías, publicado por Random House.
Ayer, 29 de enero, Rushdie dio una rueda de prensa online para presentarlo. Vía Zoom, el conocido escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio, cuyas dos novelas más famosas son Hijos de la medianoche y Los versos satánicos, estuvo muy amable -camisa oscura, buen aspecto en apariencia, dos estanterías repletas de libros rodeándole a derecha e izquierda- y nos cautivó con sus respuestas a todos los que nos habían invitado, tras la presentación de Miguel Aguilar y las preguntas nuestras que le transmitía Cristina Torres.
Sobre cuál era su idea al acometer La penúltima hora, dijo que creció de una forma no planificada. La primera historia que escribió fue la historia inglesa de “Finado” y, cuando la terminó, no sabía realmente qué hacer con ella, porque no era lo suficientemente larga para ser una novela. Así que la puso de lado. Y un par de meses después, empezó a pensar en las demás historias. Hasta que se dijo: “vale, esto puede llegar a ser un libro”, porque tenía material de muchos sitios, material de India, de Reino Unido, de Estados Unidos, y se fijó en el espectro de trabajo, que era un poco como el libro que había estado haciendo toda su vida. Fue fácil, según él.
Nosotros, en concreto, le preguntamos por “La intérprete de Kahani” -uno de los mejores relatos del libro, con ese magnífico personaje que es la joven Chandni-, por su vuelta al universo de Los hijos de la medianoche y qué fue lo que le hizo regresar a él. Y Salman Rushdie nos explicó de la siguiente manera:
“A veces, cuando empiezo a trabajar en una historia, es muy importante para mí saber dónde sucede. Esta pregunta del dónde siempre ha estado en el centro de mi proceso literario. Hasta que sé exactamente dónde, exactamente cuándo se va a situar esta historia, no puedo empezar a trabajar en ella. Y en este caso quería escribir sobre una serie de cosas. Quería escribir sobre el poder del arte, representado en esta historia a través de la música; el poder de la música para poder inspirar y cambiar el mundo.
También quería hacer un poco una sátira de los súper ricos de la India, lo cual es bastante fácil de satirizar. Sigue siendo divertido el hacerlo [Salman Rushdie se ríe al decir esto].
O sea, había distintas cosas en mi cabeza, pero la manera en la que esto se conforma, pensé, bueno, tal vez lo puedo situar en el lugar que más conozco, que es el vecindario en el que yo crecí. Entonces es un poco volver al mundo de Los hijos de la medianoche, pero en otra época, otro momento. Es lo mismo, pero distinto. Y creo que esta combinación de lo familiar, pero también de lo nuevo, es lo que me hizo sentirme atraído hacia esta localización.”
Salman Rushdie continuó diciéndonos que “La intérprete de Kahani” era una de las muchas historias que le quedaban por contar. Y que, a veces, los escritores vuelven a los antiguos vecindarios de su trabajo. Y esto es un ejemplo, de él mismo haciéndolo. Añadió que a él le gustaba mucho esta historia porque empezó a trabajar en ella a través de esta cuestión de la naturaleza milagrosa del arte y también de la naturaleza ridícula de los ricos. Pero al final seguía siendo todo más o menos lo mismo y volvía a las mismas preguntas del principio. Hasta que vio que [la historia] funcionaba sólo si tenía lugar en esta localización, si tenía lugar en este entorno sumamente familiar para él.
“…Senior y Junior, dos hombres muy viejos, abrieron los ojos en sus respectivas habitaciones en la cuarta planta de un edificio de color verde mar situado en una calle angosta y arbolada no muy lejos de Elliot’s Beach, donde al atardecer, como hacían siempre, los jóvenes se congregarían para llevar a cabo los rituales de la juventud, a escasa distancia de la aldea de los pescadores, que no tenían tiempo para frivolidades. Los pobres eran puritanos tanto de noche como de día. En cuanto a los viejos, tenían sus propios rituales y no precisaban esperar a que cayera la tarde. Con el sol asaeteándolos a través de las persianas, ambos viejos se pusieron trabajosamente en pie y salieron dando tumbos a sus contiguas galerías, los dos al mismo tiempo, como personajes de un cuento antiguo, atrapados en aciagas coincidencias e incapaces de hurtarse a las consecuencias del azar.”
Esto sigue siendo de “En el Sur”, relato publicado por primera vez en The New Yorker y que cuestiona por qué morimos y cómo envejecemos. Típicamente Rushdie en cuanto a lo bien que lo estructura y lo bien que lo narra, retrata el asombroso día a día entre Senior y Junior, dos vecinos octogenarios de Chennai, India, que pasan el tiempo discutiendo. El primero ha tenido una vida plena y gratificante, pero, como tantos amigos y familiares han fallecido, ahora anhela la muerte. El segundo, afligido por «la enfermedad incurable de la mediocridad», ha llevado una vida de poco vuelo, pero aún anhela seguir viviendo.
Cuando un tsunami azota la ciudad, Junior muere. Al principio, Senior está furioso, se pregunta por qué no ha muerto él en vez de su amigo, pero ese enfado, esa furia, se transforma en tristeza al darse cuenta de que ha perdido a un hombre que era su «sombra». O eso cree. Porque la muerte de Junior no es el final… Precisamente, una frase de “En el Sur” es la que da título a este último y excelente libro de Rushdie y nos hace ver la preocupación actual del escritor por la vejez.
Carlos Castrosín
FOTÓGRAFO: © Rachel Eliza Griffiths
INTÉRPRETE: Aitana Mendioroz
Salman Rushdie (Bombay, 1947), es autor de numerosos libros, de entre los que destacan Hijos de la medianoche -que ganó el premio Booker en 1981, el «Booker de los Booker» en 1993 y, en 2008, «el Mejor de los Booker»-, Los versos satánicos, El último suspiro del moro, Joseph Anton y Quijote. Ha sido galardonado con el Grinzane Cavour y el Premio Nacional de las Artes de Estados Unidos, además de otros muchos premios. En 2007, Salman Rushdie fue nombrado Caballero del Imperio Británico por su contribución a la literatura. Miembro de la Royal Society of Literature y Commandeur dans l’Ordre des Arts et des Lettres, y abanderado en la lucha por la libertad de expresión, en 2022 sobrevivió a un ataque sufrido mientras dictaba una conferencia en el estado de Nueva York.
Salman Rushdie
Luis Murillo Fort (traductor)
Editorial Random House, 272 pp., 21,90 €
Sinopsis:
Tras el ataque sufrido en 2022, en el que casi pierde la vida y que relató en su anterior libro, Cuchillo, «nuestro Scheherazade» -como lo llamó Ursula K. Le Guin- regresa a la ficción. En estos cinco relatos, la desbordante imaginación de Salman Rushdie adopta un tono crepuscular. Vuelve a sus orígenes, a las calles del Bombay de Hijos de la medianoche, donde se reencuentra con viejos personajes de la novela de 1981, y completa un recorrido por los tres países donde ha vivido: India, Inglaterra y Estados Unidos.
¿Nos dejamos llevar hacia la muerte o nos resistimos a ella? ¿Cómo nos despedimos de los lugares que han sido nuestro hogar? En estas historias donde se dan cita dos ancianos criminales, un infeliz matrimonio cargado de música, dólares y magia, el fantasma de un académico inglés con ansias de venganza, una muerte misteriosa y una preciosa parábola sobre la libertad de expresión, Rushdie se enfrenta a la penúltima hora de la vida y reflexiona sobre la muerte y el legado, la identidad y la pertenencia.







