En 1821 los espectadores madrileños acudieron al Teatro de la Cruz para asistir al estreno de un melodrama que, según lo críticos, era una extravagancia. Sobre el escenario, el actor Juan Carretero, al que alabaron en las reseñas periodísticas al día siguiente, encarnaba a un vampiro.
La trama adaptaba, a través de la pluma de Charles Nodier, la novela que John William Polidori había publicado en 1819. Atribuida, con toda la intención, a Lord Byron, El Vampiro obsesionó tanto a Nodier, escritor francés al que se atribuye la introducción en su país del Romanticismo, que primero escribió una continuación de dicha historia y, en 1820, la adaptó al teatro en forma de melodrama. En los años posteriores a la publicación del relato de Polidori, se multiplican las obras teatrales, las óperas y, en general, la literatura de vampiros.
El acierto del escocés fue crear un arquetipo que serviría a Sheridan Le Fanu y a Bram Stoker para fijar la imagen del monstruo aristocrático que se alimenta de la sangre de sus víctimas. Un personaje que se viaja por Europa y que se codea con la nobleza, que se introduce en los salones de la alta sociedad, pero que muestra la decadencia de un antiguo régimen que no sabe cómo enfrentarse al progreso y a los cambios sociales que, con gran rapidez, se están produciendo en el siglo XIX.
Pero volvamos a esta versión de El Vampiro. En 1821, cuando Polidori decide suicidarse sin haber logrado que su nombre apareciera en la cubierta de su novela, la obra llega a España y Esteban Moreno la traduce y compone el acompañamiento musical para estrenarla a finales de ese mismo año. Su compañía teatral la vuelve a llegar a escena unos años más tarde. Pero el público español y la crítica no parecen ser admiradores de las historias góticas y de tipo sobrenatural que se les ofrece.
Esta edición de Editorial Deméter rescata el texto que, manuscrito, se conserva en dos versiones en el Archivo de Madrid. Una edición ilustrada por Sergio Arranz con acuarelas coloridas y que se alejan de la imagen típica del vampiro, pero que conserva la esencia de la historia que unió, antes y después a Byron con su médico personal, el joven John William Polidori.
La edición se presenta con un prólogo del profesor Santiago Lucendo Lacal y un epílogo de la propia editora para dar contexto e información sobre el origen de este melodrama.
Fuente: editorial Deméter






