“Quien permanece sentado en casa todo el tiempo puede ser el mayor vagabundo de todos; pero el paseante en el buen sentido del término no es más vagabundo que el río serpenteante, que no cesa de buscar con diligencia el curso más corto hasta el mar. Pero yo prefiero la primera etimología, que, desde luego, es la más probable. Y es que cada caminata es una suerte de cruzada, predicada en nuestro interior por algún Pedro el Ermitaño para seguir adelante y reconquistar esa Tierra Santa de las manos de los infieles.”
Lo que acabamos de leer es de Caminar, un ensayo en forma de diario de Henry D. Thoreau, escrito en 1862 e incluido en el libro Pisar la tierra con libertad, textos seleccionados de Thoreau, recién editado por Paidós.
Hoy en Qué Leer tenemos la oportunidad de hablar con quien ha escrito el prólogo de este sustancioso libro, breve pero sustancioso. Toni Montesinos, poeta, crítico literario, narrador y ensayista, aparte de director de esta vuestra revista literaria, queridos lectores.
Toni, por favor, haznos una sinopsis de “Pisar la tierra con libertad”.
Se trata aquí de reunir algunos textos significativos de Henry David Thoreau, que tienen que ver con su resistencia a la autoridad, por eso aparece aquí Desobediencia civil (1849), y que también tienen que ver con lo que más le gustaba hacer, podríamos deducir a partir de lo que decía en los diarios o en las cartas, que era caminar; presumía de caminar cuatro o cinco horas al día; tiene textos muy bonitos con respecto a la necesidad de hacerlo solo, porque es un camino muy diferente a hacerlo acompañado.
Y después hay unos fragmentos de su libro relevante del año 1854 que es Walden, cuando él se aísla en una casa que construye con sus propias manos frente a una laguna en el pueblo de Concord y allí hace una especie de estancia personal, solitaria, más o menos, que le lleva a reflexionar sobre un montón de cosas, algunas de las cuales están integradas en este libro a partir de estos fragmentos, que tienen que ver con la economía, incluso dónde vivía y por qué, y una serie de asuntos que tienen que ver con la experiencia del vivir cotidiano.
Henry David Thoreau: tan actual Toni. Aún hoy, un referente. Su pensamiento sigue interpelándonos por su defensa de la conciencia individual.
El pensamiento de Thoreau es tan potente, es tan directo, es tan abrumador muchas veces que resulta para mí imposible no calificarlo del pensador por antonomasia del siglo XXI, y así titulé este prologuito que he hecho para la edición de Paidós. Yo ya percibí eso cuando me adentré en su vida y en su obra completa. Y eso me encaminó a publicar una biografía de él en la editorial Ariel, hace ya bastantes años, en 2017, El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau. Y este “cómo vivir con Thoreau” indicaba precisamente que viviendo “con él”, por así decirlo, lo que estamos haciendo es aprender una manera de encararnos a la vida; porque él nos da la vuelta a cualquier asunto vital, o filosófico, si queremos decirlo así, que nos podemos plantear hoy en día; porque es un hombre anárquico, desde un punto de vista social, que va en contra de todo; y ese “en contra de todo”, que algunos decían que era un poco gratuito en su entorno de Concord, porque era el típico tío que siempre dice lo contrario a lo que uno piensa, diferente a eso, lo que hacía era remover las conciencias y pensar de otra manera.
Y efectivamente, como tú decías, siempre el punto neurálgico era considerar cómo tenemos que vivir con conciencia de vida, cómo tenemos que extraer la médula, la esencia a la vida, por eso va a la laguna de Walden, así lo explica en su libro. Y él nos hace repensar todas las facetas de la vida: la soledad y la compañía, el poder y la sumisión, la guerra, la esclavitud, o sea, asuntos latentes en su tiempo, pero muchos otros de ámbito doméstico, amoroso, fraterno, social, pedagógico, educativo; mil cosas que, por supuesto, nos interpelan ahora porque son de una actualidad absolutamente total.
Thoreau le dice a un amigo, y a la vez nos dice: «¡Despierta!» Y también nos llama dormidos y nos dice que no basta con despertarse, que hay que seguir despiertos para darnos cuenta de las cosas.
Para mí es uno de los momentos clave en la escritura de Thoreau. Él se lo remite a un muy buen amigo. Hace incluso un juego verbal con “awake” (“despierta”), porque se llamaba «Blake» este amigo. Y dice algo muy sabio y a la vez muy sencillo; en el sentido de que tanta gente se levanta por la mañana, pero sigue dormida en el sentido de que no abre los ojos a lo que es en realidad la vida. La vida no es el consumismo, por ejemplo. La vida no es un trabajo al que entregarte porque no tienes otra vida más allá de esa. La vida es una cosa que va mucho más allá.
Recordemos que él, siendo muy joven, salido de Harvard College, hace un discurso de graduación y, ese mismo jovencito, lo que está diciendo en su discurso es: “tenemos que trabajar un día y descansar seis”. O sea, es un hombre que mira la vida de otra manera.
Y, en relación con ese despertar que es tan difícil de hallar en una persona virtuosa, se da otra frase muy buena de Thoreau, en el sentido de que dice que “hay un poeta entre un millón de personas”. Y el “poeta”, él lo cita así en ese momento, es aquel que abre los ojos realmente, no porque tenga un contenido lírico, ni literario, ni sabio, sino aquel que tiene la sabiduría, la virtud, diría también su vecino Ralph Waldo Emerson, de entender la vida en su esencia. Por eso al final acaba yendo a Walden, a la laguna, porque el enfrentamiento con la soledad y con la naturaleza y con lo que él llamaba la sabiduría primigenia, que es la intuición, eso le va a conducir a pensar bien cómo vivir.
Y por eso de ahí ese subtítulo que en su día puse a El triunfo de los principios, a su vez sacado de una cita muy bonita de Emerson, en la que nos dice que tenemos que vivir con una serie de principios, porque, si no, la vida vale muy poco.
Has mencionado El triunfo de los principios, el libro que escribiste sobre Thoreau. Pero también has escrito otros dos sobre Ralph Waldo Emerson [1803-1882] y sobre Walt Whitman [1819-1892], conformando una trilogía trascendentalista… Vamos a ver, Toni, ¿por qué ese interés en esta corriente filosófica?
Por un lado, por esa vigencia de su pensamiento, que, como antes decíamos, nos interpela a diario en cualquier asunto que nos podamos imaginar.
Porque fueron escritores de acción, en el sentido de que no eran simples escribientes de salón. Se enfrentaron a una sociedad muy efervescente que tenía enormes problemas: el exterminio de los indios, la esclavitud y el racismo, una guerra de secesión, imagínate. Y además tuvieron una acción absolutamente fundamental, ayudando a esclavos, haciendo conferencias y manifiestos en defensa de los vulnerables, yendo a hospitales militares a ayudar a la gente, en el caso de Walt Whitman, por ejemplo, que es realmente un héroe por estar ahí unos tres años yendo a socorrer o a consolar a chavales que morían despedazados en un campamento militar en mitad de la guerra.
Son gente de una ejemplaridad absoluta. Muy especialmente para mí Ralph Waldo Emerson, que es el foco, el faro. Todos los intelectuales norteamericanos de su tiempo van a visitarlo en su pueblo de Concord porque es una autoridad en muchos asuntos. Él repiensa cómo ha de ser la educación y la cultura estadounidense. Pone el acento en que uno se ha de autoeducar mediante la lectura.
Es decir, son autores que tocan muchos palos en lo social, en lo artístico, en el pensamiento. No son meramente filósofos. Son muchísimo más. Son personas que nos ayudan a pensar. Porque no tienen un sistema cerrado de pensamiento, como un vulgar filósofo, que lleva sus dogmas, sino que son personas abiertas de miras, que nos hacen dar la vuelta a cualquier consideración y a cualquier prejuicio… Por todo esto, al final me fui metiendo en estos tres, porque sus vidas y sus obras son fascinantes e infinitamente interesantes.
Esto acabará teniendo un complemento con un libro que próximamente le dedicaré a Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, porque también representa ella precisamente lo que acabo de decir, un compromiso con la sociedad, con su propia familia, una vida absolutamente extraordinaria; ella también nos sirve de ejemplo de cómo tenemos que vivir y cómo una serie de principios nos pueden ayudar a hacer de este valle de lágrimas un lugar de paso más o menos fructífero.
¡Qué bien escuchar esa primicia, Toni! [son las sorpresas que a veces uno se encuentra al hacer entrevistas]. Tú, aparte de escribir sobre Thoreau, has visitado el pueblo de Concord y toda esa zona de Massachusetts… Es imposible no relacionar Concord con Thoreau. Está muy bien la reflexión que haces sobre si Thoreau hubiera sido el mismo en caso de haber nacido en otro lugar.
Sí, totalmente. Cuando hablamos, por ejemplo, de historia, es impepinable relacionarla con la geografía. Es asunto clave. Muchas veces la literatura, que en principio debería ser una cosa aislada de dónde estás, porque tú te pones a escribir sobre lo que sea y qué más da de dónde seas o en qué lengua lo hagas, hay muchas veces en que eso condiciona perfectamente lo que vas a hacer o qué tipo de escritor vas a ser.
Concord… con esa presencia de Ralph Waldo Emerson, que muy pronto, a comienzos del siglo XIX, ya está empezando su mastodóntico diario en el que va a hacer una serie de reflexiones, que después las va a convertir en conferencias, por lo tanto, va a ser una voz pública a la que muchísima gente va a ir a ver, va a escuchar, y después de esas conferencias, esos textos los va a convertir en ensayos profundos sobre un montón de materias… esa efervescencia cultural se nota en Concord. Y Thoreau hubiera sido un escritor totalmente diferente si no hubiera conocido a este Emerson, cuando es muy joven.
Emerson le dice a Thoreau: “¿llevas un diario?”. Y Thoreau contesta escribiendo un diario durante, no sé, veinticinco años, en el sentido de que se puso a ello y eso lo convirtió en un escritor que usó el diario como un laboratorio de ideas… Es decir, sin esa presencia de Emerson, Thoreau hubiera sido un escritor muy diferente, o no hubiera conocido el primer libro de Emerson, Naturaleza, que es también paradigmático de lo que después va a desarrollar el propio Thoreau.
Así que el lugar importa. Y el lugar importa en el momento, claro. Porque los asuntos que él toca tienen que ver con la libertad. Está el racismo, la esclavitud. O tienen que ver con la educación. Porque Estados Unidos es una potencia naciente que va hacia un progreso vacuo. Eso lo va a decir Walt Whitman, que es, como decía Thoreau, el mayor demócrata del mundo cuando lo conoce en su casa. Sin embargo, Whitman es muy crítico con esos Estados Unidos que para él, en ese sentido fue un visionario, iban a ser la potencia del siglo XX ya, aunque estaba todavía un poco en pañales su potencialidad de hacer, por decirlo así.
Pero dice que ese progreso es totalmente vacuo, que no los va a llevar a nada, porque no se asienta precisamente en esos principios, en el valor de una serie de objetivos morales. Emerson va a decir: “la vida siempre es moral”, en otra de esas grandes frases lapidarias, pero realmente contundentes. Con lo cual, el lugar y el tiempo marcan la escritura y el devenir de las obras.
“Aunque la vista desde mi puerta era todavía más reducida, no me sentía asfixiado ni confinado en absoluto. Había suficiente pasto para mi imaginación. La baja meseta de robles arbustivos a la que ascendía la orilla opuesta se extendía hacia las praderas del oeste y las estepas de Tartaria, y ofrecía un amplio espacio para todas las familias errantes de hombres. “No hay nadie más feliz en el mundo que los seres que gozan libremente de un vasto horizonte”, decía Damodara cuando sus rebaños exigían nuevos y más extensos pastizales”.
Este libro, Pisar la tierra con libertad, aparte de los dos ensayos (Desobediencia civil y Caminar), incluye una selección de fragmentos del archiconocido Walden… Mmmm, ¿qué decir de Walden, Toni?
Es un libro inclasificable. Yo no sé cómo definirlo. Iría en la línea, como antes decía, de que esa escritura es un laboratorio de ideas; si tenemos a Emerson, que es un gran poeta y, digamos, el primer gran ensayista estadounidense; si tenemos a Walt Whitman, que hace Hojas de hierba, una obra en marcha con nueve ediciones, que seguramente es la obra mayor de ese país, un país muy joven, como de doscientos años, más o menos; Thoreau tiene obras que tienen que ver con el tránsito, con ponerse en marcha, en el sentido de que son una especie de crónicas viajeras; y aquí lo que hace es convertir esa crónica viajera, por ejemplo, un libro que tiene que reproducía un viaje que hizo en barco con su hermano John, que murió prematuramente, lo que va a hacer es un viaje estático, por así decirlo, porque se coloca en un lugar y, a partir de esa laguna de Walden, va a ir pensando en todo lo que nos integra en la vida, desde que nacemos, en sociedad, en soledad; habla de por qué fue allí; y tiene un sentido muy profundo en busca de esa esencia del vivir; y eso le lleva a mirar desde fuera la sociedad y criticarla.
Después él va yendo a Concord, a visitarlo. Y ese contraste entre la soledad que acaba de vivir y después las tonterías que ve en Concord, gente trabajando sin parar, gente hipócrita, políticos mentirosos a tutiplén, ese contraste tan bestia entre esa soledad que está viviendo y lo que después va a observar en sociedad, le va a llevar a una serie de pensamientos de una contundencia, de una determinación extraordinaria, en algunos fragmentos de Walden y en otras obras. Lo que sería imposible en esta sociedad nuestra, mojigata, censuradora, aburrida, en que el censor es el vecino de al lado, que es el supino ignorante. Un autor como éste sería censurado, en el sentido de que se le cortaría el altavoz, porque piensa demasiado profundamente y nos incomoda mucho su pensamiento, y es lo interesante de, entre muchas otras cosas, de Thoreau.
Carlos Castrosín
(Reproducción de su entrevista en Radio Vallekas / Radio Almaina,
programa Por qué estoy tan triste teniéndolo todo)
Foto de Toni Montesinos, réplica de la casa de Thoreau en Concord
Henry D. Thoreau
Paidós, 160 pp., 15,50 €
Sinopsis:
Un recorrido por los textos esenciales de Henry D. Thoreau (Desobediencia civil, Caminar y fragmentos de Walden), acompañados por una introducción del crítico literario Toni Montesinos.
Vivir de forma sencilla también puede ser un acto de resistencia.
¿Qué significa llevar una vida libre en un mundo que empuja al conformismo? ¿Qué implica desobedecer cuando la obediencia perpetúa la injusticia? ¿Y qué sentido tiene caminar sin rumbo fijo, salvo el de alejarse del ruido y pensar con claridad?
Pisar la tierra con libertad reúne tres de los textos más lúcidos y radicales de Henry D. Thoreau —Desobediencia civil, Caminar y fragmentos de Walden— en los que se entrelazan la crítica al poder, la búsqueda de una existencia esencial y la defensa de la naturaleza como espacio moral. A través de ellos, Thoreau invita a vivir con conciencia, a oponerse a lo que degrada la dignidad humana y a abrir caminos propios lejos de las sendas marcadas.
Esta edición cuenta con una introducción del crítico literario Toni Montesinos, que lee a Thoreau desde nuestro presente y lo presenta como un autor imprescindible para quienes buscan una vida más auténtica, libre y resistente.





