Calle Este-Oeste (2016), Ruta de escape (2020), y el último, Calle Londres 38 (2025), son los apasionantes libros de investigación de Philippe Sands sobre episodios de la barbarie nazi todavía poco conocidos, y de algunos de sus máximos responsables como es el caso de Otto Wächter o Walther Ruff. También de sus ramificaciones y complicidades político-judiciales posteriores.
Calle Londres 38 podría considerarse como una continuación, derivación y amplificación de Ruta de escape. Su título alude a la tristemente sede del partido socialista chileno reconvertida tras el golpe de estado de Pinochet en un lugar de detención y tortura de la DINA, como en los casos de Carmelo Soria y Alfonso Chanfreau, y punto de inicio para eliminación de esos opositores bajo la tapadera de furgonetas frigoríficas. Al investigar a Otto Wächter -gobernador nazi en la Polonia ocupada, huido de la justicia por su responsabilidad en la masacre de polacos y judíos en la Segunda Guerra Mundial, algunos de ellos, familiares del propio autor-, Sands encuentra una carta del también prófugo y coronel de las SS alemanas, Walther Ruff, dirigida a aquel, donde le aconseja que “Vaya a Sudamérica”.
Diecisiete años antes y por razones laborales, Sands, que también es abogado, había sido contratado para colaborar en la defensa de Pinochet cuando el juez Baltasar Garzón solicitó su extradición a España, y fue detenido en Londres. La hipotética conexión Pinochet/Ruff -un rumor extendido, pero nunca probado- está en el origen de un libro que, como si de un inquietante thriller policíaco se tratara, avanza combinando magistralmente esas dos líneas de investigación -el juicio a Pinochet y la figura del nazi Walther Ruff, ambos nunca extraditados ni juzgados- que acabarán por cruzarse tejiendo una red de complicidades y silencios cuyo telón de fondo son los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura.
El pulso narrativo, la bien trabada estructura, y una indagación exhaustiva articulan un libro interesantísimo, no solo desde el punto de vista literario, sino también desde la vertiente judicial y política; además de una magnífica contribución, en lo concerniente a las víctimas, al esclarecimiento de la violencia y desapariciones bajo la presidencia de Pinochet. La reconstrucción del personaje de Ruff a través de documentos, testimonios, entrevistas, o visitas a los lugares donde residió o, hipotéticamente, conspiró con la dictadura, es excepcional. Y como ocurrió con otros brutales nazis, asistimos a la ambivalencia de su perfil humano.
Por una parte, el pasado monstruoso -y quizás también su presente durante la dictadura, como parecen apuntar algunos de los testimonios y coincidencias de sus actividades-, y por otra su percepción social y familiar tan alejada de la primera. El creador de la cámara de gas móvil que contribuyó de manera tan eficaz como inhumana a la eliminación de cientos de miles de judíos, consigue huir y establecerse en la Patagonia chilena. A través de las ratlines o rutas de escape -con la complicidad de la Iglesia, Cruz Roja, o países como la RFA, USA, o España-, una cantidad ingente de nazis fueron acogidos y se establecieron en Brasil, Argentina, Chile o Paraguay durante las sucesivas dictaduras, terminando plácidamente sus días bajo el ostracismo o la impunidad.
Los casos más mediáticos de Klaus Barbie, Adolf Eichmann, o Josef Mengele suelen ocultar la parte invisible del iceberg de la sanguinaria maquinaria nazi. Como Mengele, Alois Brunner, Aribert Heim, Horts Wagner o León Degrelle, Walther Ruff acabó sus días sin ajustar cuentas con la justicia. Todas las sospechas apuntan a que Ruff -perseguido por el Mosad y protegido por Pinoched-, gerente de una conservera de centollas en Punta Arenas, colaboró en las actividades de represión y desaparición de personas durante la dictadura. Asesinatos que, por lo que hace al caso concreto de Pinochet y su detención en Londres, también quedaron impunes al amparo de la realpolitik del momento.
Inmunidad o no-inmunidad -justicia- era, quizás, lo de menos en el tablero de intereses de los diferentes países en litigio. Así mismo, que el intento del juez Baltasar Garzón -y del abogado Joan Garcés o del fiscal Carlos Castresana- por juzgar al dictador y criminal chileno abrió el camino a otros procesos con la finalidad de hacer justicia y reparar a sus víctimas.
Moisés Galindo
Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia
Philippe Sands
Traducción de Francisco J. Ramos Mena, Juan Manuel Salmerón Arjona
EDITORIAL ANAGRAMA
PVP 23,90 €, NÚM. DE PÁGINAS 584





