Claudio López Lamadrid: “Capo di tutti capi”

Texto: Milo J. Krmpotic’ Foto: Marta Calvo

Si Michael Corleone hubiera cumplido sus deseos de legalidad y respetabilidad, si para conseguirlo hubiera puesto el punto de mira en el mundo de la edición, es de suponer que su ideal se hubiese aproximado bastante a la figura de Claudio López, coordinador del clan literario de la famiglia Random House Mondadori tanto en España como en Latinoamérica, quien nos recibe de negro riguroso, desenfadado pero elegante, en medio de una agenda que le ha llevado de Buenos Aires a un curso santanderino y, tras el consejo editorial de esta mañana, a acompañar a Patti Smith (autora de Éramos unos niños en Lumen) durante su visita musical y promocional a Madrid.

López ingresó en el negocio a los dieciocho años, cuando su tío Toni López Lamadrid necesitó unos brazos libres de coste que ayudaran con el traslado del almacén de Tusquets; continuó borrando los precios que las librerías marcaban a lápiz en los volúmenes y, tras el servicio militar, siguió manchándose las manos, ahora por fin de tinta, como editor de textos y llevando el comité de lectura del sello junto a Ignacio Echevarría. A los veintinueve abandonó Tusquets para ejercer la crítica literaria, traducir a autores como Frye y Spanbauer, colaborar en las bibliotecas universales de Círculo de Lectores (allí coincidió con Norbert Denkel, su gran referente como diseñador) y regresar al “único trabajo que de verdad me gusta”, el de editor, en Grijalbo Mondadori. Llegó justo antes de la fusión con Random House y salió de ella, gracias al apoyo de Riccardo Cavallero, convertido en responsable del sector “literario” del nuevo grupo, mientras que Nuria Tey se hacía cargo de su apartado más comercial.

López pasó a coordinar, pues, las relaciones entre Lumen, Debate y, más adelante, Caballo de Troya. Pero fue Mondadori el sello que se esforzó por modelar a su “imagen y semejanza” hasta convertirlo en el hogar de premios Nobel como Pamuk o García Márquez, de Philip Roth y Daniel Pennac, sin olvidar a autores jóvenes de aquí como Elvira Navarro o Robert Juan-Cantavella. “En poco tiempo conseguí hacerme con Foster Wallace, Denis Johnson, Chabon, Lethem, Sedaris, Richard Powers… Eso, sumado a algún golpe de suerte, como contratar a Coetzee, nos dio una imagen de sello rompedor y actual, y nos abrió las puertas del extranjero”. Pero a lo granado de tal catálogo no ha sido ajena la labor de consiglieri de dos “buques insignia” de la casa, Javier Calvo y Rodrigo Fresán, y, en literatura española, de Constantino Bértolo. Tampoco, la libertad que le concede el grupo. Ni, de últimas, una ambición personal que el año pasado se tradujo en el fichaje de James Ellroy y, el que viene, en el de Edmundo Paz Soldán.

Aunque a día de hoy trate más con personas que con textos, López sigue reservándose cada mes la edición a fondo de un manuscrito. Sobre la mesa de su despacho, auténtica oda al horror vacui, queda al despedirnos la recuperación de Menos que cero que complementará este septiembre al flamante Suites imperiales de Bret Easton Ellis.

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Escrito por el nov 3 2010. Archivado bajo Bestiario. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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