¿El fin de los voyeurs de librerías?
Tomás Delclós cuenta hoy en El País que Fujitsu dobló en junio en Japón la venta de escáneres de doble hoja. Algunos han empezando a digitalizarse libros propios e incluso sus librerías enteras. Y eso que los aparatos aún dejan bastante que desear y para escanear automáticamente (el de Fujitsu escanea 18 páginas por minuto) descoyuntan los libros originales o hay que hacer un escaneo manual, pasando página cada vez. Pero la tecnología avanza que es una barbaridad, y pronto veremos cómo los aparatos escanean los libros, te conectan a Facebook y a la vez sirven para calentar la comida como un microondas. Todo este arrebato digital ojalá que no nos prive de una de las grandes ventajas del libro de papel: curiosear en las casas ajenas las librerías. Su ausencia, su ubicación en la casa, el tipo de libros o la manera de ordenarlos nos dicen muchísimo sobre su propietario. Desde los que se montan mini-librerías junto a la taza del water hasta los que ordenan los volúmenes por colores, los libros hablan mucho de la vida de su poseedor. Cuando va a una casa ajena, pocos placeres superan el de aprovechar que el anfitrión se va a la cocina a preparar café para acercarse a su librería a pasear la vista por allí. Quizá sea la manera más civilizada y educada del chafardeo, porque al fin y al cabo el dueño de la casa al colocar los libros en la estantería con sus lomos al aire está exponiendo voluntariamente sus gustos al escrutinio público, como el que pone las fotos de las vacaciones sobre la mesita del recibidor. Una vez reducidos a microscópicos archivos dentro de un ordenador nos perderemos ese placentero voyeurismo. De todas formas, veremos hasta donde llega la riada del libro digital y qué derroteros toma, porque no está nada claro. Y el que diga que sabe con absoluta certeza lo que va a pasar a diez años vista en el panorama editorial está haciendo de médium de feria.









¿Y el placer de ser voyeur de books.google.com? Sumegirte en libros de 200 años que habían permanecido olvidados en la biblioteca de una pequeña ciudad perdida en el centro de Estados Unidos… (¿cuándo se podrá acceder de la misma forma a los archivos españoles?) Impresiona ver al final de muchos libros digitalizados el registro de la biblioteca y comprobar que la última vez que fueron prestados fue, por ejemplo, 16 de febrero de 1961.