Atalanta elemental
Algo elemental de Eliot Weinberger (Atalanta) es uno de esos libros imposibles de acotar en el espacio de unas líneas. Es un festival entero de la lectura. El libro no parece obedecer a un plan determinado y, de hecho, se abre con una referencia al viento y nos cuenta que en China el calendario era circular y estaba dividido en ocho periodos de cuarenta y cinco días; cada periodo era regido por un viento de una de las ocho direcciones… Y como si nos llevara el viento de una sabiduría ancestral, el libro nos va empujando a través de apuntes sobre filosofía, leyendas y curiosidades culturales que nos llevan de la China de Lao Tzé, al paisaje lunar donde se despliegan las líneas de Nazca a la infancia de Mahoma, las leyendas de Groenlandia o a los mitos de la India sobre tigres devoradores de hombres. Pero no es en absoluto un libro deslavazado. Salta de unos asuntos a otros pero sin perder un ritmo musical sostenido: hay en lo que cuenta y en la manera en que lo cuenta, con un aire poético desnudo de cacharrería lírica, un hilo que lo une todo. Quizá ese hilo sea el sentido de lo mítico, el interés por la sabiduría que mana de lo más remoto de las tradiciones frente a un occidente tan deslumbrado por lo nuevo, lo moderno y lo último que ha olvidado cuáles son sus raíces. Pero esto son aburridas elucubraciones alejadas del espíritu lúdico y literario del libro, lleno de pequeños cuentos, parábolas y leyendas que resultan una delicia. No sólo nos abre el apetito de conocimiento sobre culturas alejadas de nuestro pragmático mundo actual sino que es en sí mismo un festín de lectura. Lo verdaderamente singular de Algo elemental es que no es una obra de erudición, sin de inspiración. Un libro que define muy bien el espíritu de la editorial Atalanta, que está haciendo un trabajo silencioso pero de muchísimo interés.








