Escritor: una profesión de alto riesgo. Saviano, Rushdie y otros perseguidos
La condena a muerte lanzada por la mafia napolitana contra el autor de “Gomorra”, Roberto Saviano, nos recuerda que hay profesionales en el mundo para los que escribir supone una profesión de alto riesgo.Salman Rushdie, Taslima Nasreen o Fernando Savater son algunos de los escritores que viven con escolta policial. Texto Begoña Piña.
Francesco Sandokan Schiavone, jefe del clan de los Casalesi, uno de los más sanguinarios de la Camorra napolitana, vociferaba desquiciado: “¡No soy un animal enjaulado, no quiero que me vean en TeleKabul!”. Los gritos salían de la celda del tribunal desde donde el capo esperaba su condena, una sentencia a cadena perpetua con la que se saldaba el pasado mes de junio el primer macrojuicio contra los líderes de las familias del crimen organizado de la región de Campania. Entre el público de la sala, flanqueado por guardaespaldas, el escritor Roberto Saviano miraba a los ojos al condenado, el hombre que poco antes había ordenado su propio asesinato.
Con la Mafia hemos topado
Carmine Schiabone, un arrepentido de la Camorra que colabora desde hace quince años con la policía italiana, avisó a esta de que los Casalesi tenían planeado un atentado contra el escritor para antes de Navidad. Los planes eran volar una parte de la autopista entre Roma y Nápoles, una vía que cada día atraviesan miles de vehículos. El informante, primo del capo detenido, mantenía contacto con los criminales de Casal dei Principi, quienes se pavonearon ante él de estar organizando un golpe al estilo de los ejecutados por los Corleone en los primeros años de la década de 1990. Entonces, el capo de los capos, Salvatore Toto Riina, ordenó acciones criminales contra el juez Giovanni Falcone (mayo de 1992) y contra el fiscal Paolo Borsellino (julio), los dos principales enemigos de la mafia siciliana. El primero murió, junto a su esposa y tres policías, al estallar una bomba en la autopista vecina a Palermo. El segundo desapareció dos meses después junto a los cinco policías de su escolta, también a causa de una bomba colocada frente a su domicilio en Palermo.
Al finalizar el juicio contra el clan de los Casalesi, Roberto Saviano, consciente ya de la popularidad internacional que había alcanzado su caso, declaró ante decenas de medios de comunicación que sus pensamientos iban dirigidos a “todos los caídos que en esta guerra han tenido una atención solo local, o directamente ninguna atención, y también a los magistrados que han estado en primera línea pese al silencio de los medios. Este proceso no juzga solo actividades criminales en el sur de Italia; sobre todo abre las puertas para conocer el gigantesco mundo financiero de los clanes en el norte del país”.
Un universo empresarial y económico, sustentado en las actividades criminales de la Camorra, del que nadie había hablado tan abierta y minuciosamente como Saviano lo ha hecho en su libro Gomorra. Una obra que le ha valido el éxito comercial -dos millones de ejemplares vendidos y traducciones a 33 idiomas- y, al mismo tiempo, una condena a muerte, el exilio de su tierra, el permanente estado de alerta, el miedo… y una inmensa pena.
“En la práctica ya me han matado. Me han quitado la libertad. Cuando volví a mi pueblo después del éxito del libro oí a alguien susurrar en dialecto: ‘Te hemos hecho el ataúd sin necesidad de matarte’. Es terrible, pero es así”, declaró el escritor recientemente en una entrevista en la que ha querido dejar bien claro que él está amenazado de muerte por la Camorra “no por escribir este libro, sino porque el libro ha tenido éxito. Las organizaciones criminales no temen que alguien escriba sobre ellos, temen que alguien lea sobre ellos. Fuera de Italia me comparan con Salman Rushdie, pero es un error. Rushdie fue condenado a muerte por escribir un libro. Yo, por tener lectores” (La Nación, abril 2008).
El propio escritor angloindio ha querido subrayar que el riesgo al que se enfrenta Saviano es mayor que al que se ha enfrentado él durante años. “La mafia representa un problema mucho más grave que el que tuve que afrontar yo mismo. Saviano corre un peligro terrible, sin duda tendrá que dejar Italia, pero es necesario que elija con prudencia el lugar de destino”.
Primero fueron las llamadas anónimas y un editorial del periódico local, el Corrierre di Caserta, donde le advertían de que no debería haberse atrevido a hacer lo que hizo. Luego llegó el aislamiento en su ciudad, tras el cual él mismo se ofreció para ayudar al Departamento Antimafia del gobierno italiano. Al final, la protección y la forzada huida. Hoy, Saviano vive lejos de Nápoles, no duerme más de cuatro días seguidos en la misma ciudad, está permanente acompañado de guardaespaldas y nadie es capaz de asegurarle que esa amenaza de muerte vaya a desaparecer algún día; no antes, al menos, de que la Camorra, brutal y vengativa, sea aniquilada, si es que ello es posible.
Escribir desde el infierno
Roberto Saviano molestó peligrosamente a las familias del crimen organizado de la Campania al publicar Gomorra. “Ese libro generó mucho ruido”, confirmó el arrepentido que contó a la policía los planes contra el escritor. Pero este no se amedrentó y siguió adelante, participó en el guión de la adaptación al cine de su propia obra. Una película de igual título, que resuena ya por medio mundo, gracias a sus propios e indiscutibles méritos, a los merecidos galardones internacionales conseguidos -Premio Especial del Jurado en Cannes, candidata al Oscar a Mejor Película en Lengua Extranjera, favorita a los galardones de la Academia de Italia- y, desafortunadamente, a la celebridad del “caso Saviano”.
Dirigida por Matteo Garrone, la película prescinde de los nombres y apellidos que han condenado de por vida al escritor, pero sirve igualmente de reflejo de ese mundo deshumanizado y salvaje, donde la muerte solo es parte del negocio. Las operaciones comerciales de la Camorra, las legales y las delictivas, aparecen también en la pantalla. La denuncia está presente. Sin embargo, entre el libro y la película existe una inmensa diferencia, la que marca la colosal fascinación que los jefes y soldados de las mafias de todo el mundo han sentido tradicionalmente por el cine. “No rodamos con total tranquilidad, de hecho estábamos rodando siempre en tensión, en territorio de guerra, pero cada día teníamos a treinta o cuarenta personas detrás de la cámara dándonos consejos”, explicaba el cineasta, quien reconoce que el éxito de su película le produce una mezcla de sentimientos, “una sensación por un lado de satisfacción y por otro, de pena, de dolor y amargura por la amenaza que pende sobre Saviano”.
“¿Qué puedo hacer? Seguir como siempre. Lo único que me queda es resistir, resistir y resistir”. A Roberto Saviano no le abandona la tristeza y confiesa en voz alta que se arrepiente “muchas veces, me pregunto si ha valido la pena”. “Estar triste es estar vivo. Desde hace dos años vivo blindado y mi tristeza viene de mi incapacidad para relacionarme con una situación difícil de gestionar. Esto es un infierno, pero mientras siga escribiendo lograré vivir” (El Correo, noviembre 2008).
Vivir y enfrentarse a la amenaza, como antes han hecho otros escritores y periodistas, como Salman Rushdie y Orhan Pamuk, vivir y mirar hacia delante. “A Orhan Pamuk le amenazaron por relatar el genocidio armenio, que conocía todo el mundo, solo que él puso en un compromiso al Estado turco, y entonces se convirtió en un símbolo” -explicó hace poco el escritor-. “Conmigo pasó igual: ¡todo el mundo sabía que existía la Camorra napolitana! ¿Y Anna Politkóvskaya? Cantidad de cronistas habían escrito antes sobre Chechenia, pero ella lo hizo de tal modo que la cuestión chechena llegó a todo el mundo; se convirtió en un problema mundial, ya no local” (El País, noviembre 2008).
La campaña en defensa de Saviano que un grupo de escritores inició hace unos meses ha conseguido que la opinión pública mundial se contagie de esta preocupación e indignación y que la Academia Sueca se pronuncie públicamente. La postura de los miembros que cada año conceden el Premio Nobel no ha sido nunca solidaria con la situación de los escritores amenazados. Sin embargo, el caso Saviano les ha hecho cambiar de opinión. Y el pasado mes de noviembre aceptaron que se celebrara en su sede de Estocolmo, símbolo literario del planeta, un encuentro entre Salman Rusdhie y el escritor napolitano. “La palabra libre y la violencia sin ley” fue el título de la velada, en la que Roberto Saviano sentenció con firmeza, a pesar del peligro que le acompaña y de su juventud (tiene solo 29 años), que “la literatura da miedo. Conecta la barbarie con las cabezas y los corazones de los lectores. Y eso es peligroso. Porque pueden matarme a mí, pero ya es demasiado tarde para acabar con todos los lectores de mi libro”. Por su parte, Rushdie, que intentó reconfortar a su compañero, añadió: “Son tiempos agresivos para la libertad de expresión. Los más importantes escritores del mundo árabe están en el exilio. Si la literatura no puede consternar a los poderosos no sirve para nada”.
Actualmente, según los datos del colectivo Writer in Prision, existen 189 escritores presos. En el último año, veinte autores han sido asesinados y siete han desaparecido.
El caso Rushdie
La fatwa (edicto religioso) dictada el 14 de febrero de 1989 contra el escritor indio Salman Rushdie, por la cual el ayatolá Jomeini lo condenaba a muerte, se convirtió, tristemente, en uno de los más célebres casos de amenaza contra los escritores en el mundo. El edicto acusaba de “blasfemo contra el Islam” el libro Los versos satánicos, publicado en septiembre de 1988. Además, el líder religioso iraní sentenciaba a Rushdie por “apostasía”, pecado que debía castigarse con la muerte, y hacía un llamamiento público para que el escritor fuera ejecutado, lo mismo que todos los editores que lanzaran públicamente la obra. Jomeini ofreció una recompensa de tres millones de dólares para el que cumpliera la fatwa. Los radicales islamistas interpretaron la novela de Rushdie como una irreverencia contra el profeta Mahoma.
Los versos satánicos se prohibió en la India, Sudáfrica, Pakistán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Bangladesh, Sudán, Malasia, Indonesia y Qatar. Y el escritor se vio obligado a vivir escondido durante años y bajo protección británica. Se quemaron librerías, hubo protestas frente a embajadas británicas de diferentes países. El traductor de la obra al japonés, Hitoshi Igarashi, fue asesinado en 1991. Dos años después, el editor noruego de Salman Rushdie, William Nygaard, fue herido gravemente al ser tiroteado frente a su casa en Oslo. El traductor italiano fue golpeado y apuñalado en Milán. En Turquía fallecieron 37 personas, quemadas vivas por manifestantes que protestaban contra el traductor al turco. En 1997, se dobló la recompensa y, en 1998, el fiscal general del estado iraní ratificó su apoyo a esta medida.
Finalmente, hace diez años, el gobierno iraní hizo público su compromiso de no buscar la ejecución de Rushdie. Sin embargo, para los radicales, la fatwa solo podría ser revocada por la misma persona que la emitió; es decir, Jomeini, que murió en 1989. Hoy, grupos fundamentalistas consideran válido el edicto.
La “vergüenza” de Taslima
Parecida es la situación de Taslima Nasreen, una escritora bangladeshí que lleva catorce años en el exilio. Su obra, de corte feminista y trasfondo autobiográfico, le ha valido tanto acusaciones de faltar al Islam como de pornografía, e incluso alguna demanda civil por parte de hombres poco satisfechos con la imagen que de ellos se daba en sus libros.
Todo comenzó con Vergüenza, historia de una adoslecente hindú violada por un musulmán basada en los abusos sexuales sufridos por la escritora en carne propia y en su labor ginecológica. Tras abandonar su país para evitar ser arrestada, Nasreen se refugió en la India, de donde también debió huir el pasado 2007 después de que un grupo radical ofreciera 500.000 rupias por su cabeza. Hoy día, enferma del corazón, reside en un lugar secreto de Europa gracias a la nacionalidad sueca de que disfruta.
Pamuk, libertad turca
El Premio Nobel Orhan Pamuk estuvo a punto de ser juzgado hace tres años, en diciembre de 2005, por “insultar y debilitar la identidad turca”. La acusación se realizó basándose en las declaraciones que el escritor había hecho en una entrevista a un periódico suizo. Lo que dijo entonces fue lo que medio mundo ya sabía: “Un millón de armenios y 30.000 kurdos fueron asesinados en estas tierras en 1915 y nadie, excepto yo, se atreve a hablar del tema”. Aunque el autor negó haber empleado el término genocidio, se le acusaba de ir contra el artículo 301 del Código Penal turco, que prohíbe “insultar la identidad turca, el parlamento o cualquier otro órgano estatal”. El juicio se aplazó hasta enero del siguiente año y, posteriormente, se suspendió. El Nobel se libró, así, de una condena de prisión de entre seis meses y tres años. Sin embargo, la persecución contra Pamuk no terminó ahí; la publicidad del juicio dio pie a que grupos nacionalistas radicales lanzaran amenazas de muerte contra el escritor.
No dejándose intimidar, Pamuk declaró, en la inauguración de la 60 Feria de Frankfurt ante el presidente de Turquía, Abdulah Gül, que “la tendencia del estado turco de prohibir libros y castigar a escritores lamentablemente sigue viva. Basándose en el artículo 301 del Código Penal, con el que se procura intimidar a escritores como yo, se acusa y se condena a cientos de autores y periodistas”.
Uno de estos periodistas era Hrant Dink. Miembro de la redacción del semanario Agos, una publicación que abogaba por recuperar la comunicación entre las comunidades turca y armenia, Dink fue condenado el mismo año 2005 por violar el mencionado artículo 301. A principios de 2007, mientras regresaba a su casa después de su jornada laboral, fue asesinado a tiros en la calle. Lo sucedido deprimió profundamente a los intelectuales turcos y significó un fuerte choque para Pamuk, quien decidió distanciarse durante una temporada. El escritor residió, entonces, en Estados Unidos, donde trabajó en la Universidad de Columbia. En abril de 2007 regresó a su ciudad natal. Aquel mismo año, se vio obligado a cancelar una serie de lecturas de su obra que se iban a celebrar en Alemania, alertado por las amenazas de muerte recibidas. Nada de todo ello ha conseguido doblegar al escritor, que sigue afirmando que “nada ni nadie” le obligarán al exilio.










Bueno,tenemos valientes personajes que jamás callan ante las barbaridades que son cometidas por personajes siniestros, entre ellas están, las narradas por quien es objeto del presente comentario.Con su vida amenazada echa para adelante no importando las consecuencias futuras.En la misma tònica estàn los escritores que han denunciado, las aberraciones que se cometen en nombre del islam y de esta organizacion, ha salido la consabida amenaza contra sus vidas y, qué decir, de las atrocidades que se cometen contra los correligionarios que transgreden las prohibiciones atrocidades que van., desde verdaderas torturas,con mutilaciones llegando hasta la muerte todo ello, por nimiedades.Contra estos abusos si callan, los dos científicos que piden condena para el Papa y porque la religión,liderada por el personaje de quien solicitan tal medida,es de verdadera paz ,EN ESTA VIDA ADEMÀS DE MANEJAR NUMEROS EN LA CABEZA SE DEBE TENER, BIEN ARRAIGADO EL CONCEPTO DE VALENTIA Y NO LA DUALIDAD MOSTRADA POR ELLOS pues, valientes, para enrostrarle conducta indecorosa en el Papa,conducta que aun no se ha probado pues esta aun el beneficio de la duda y faltos de valentía., ante las monstruosidades que se cometen en nombre del islam.