La fiebre Murakami
Llega también de Oriente pero, de momento, su único efecto nocivo ha sido la desilusión de las quinientas (500) personas que ayer se quedaron en la calle y no pudieron asistir a la charla entre Haruki Murakami, Isabel Coixet y nuestro compañero Antonio Lozano en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona. La buena noticia es que otras setecientas (700) sí lograron acceder al recinto. Y, de paso, que estamos en condiciones de avanzar desde aquí algunos detalles sobre la esperada nueva obra del escritor. Su título es 1Q84 -se trata de un homenaje a George Orwell, ya que “Q” equivale a la fonética del número 9 en japonés. Aparecerá en mayo en el País del Sol Naciente y Tusquets espera publicarla entre nosotros en torno a un año más tarde. Con unas novecientas páginas, se trata del texto más largo jamás escrito por Murakami. En la entrevista que mantuvimos con él hace algunos meses la describió como una historia de terror que era también una historia de amor (o viceversa). Ahora ha añadido que lanza una mirada hacia el pasado. Y ese pasado, según algunos expertos en su obra, podría ser el de las atrocidades cometidas por el ejército imperial japonés en Singapur durante la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, durante los próximos meses la fiebre no hará más que subir. Quedan avisados.








Estuve en la biblioteca y recuerdo que Murakami comentó que “Al sur de la frontera, al oeste del sol” era un libro que había salido de los capítulos que, a juicio de su mujer, sobraban en otra de sus novelas (diría que se refirió a “Kafka en la orilla”). Nombró a un personaje de cada una de las novelas, afirmando que ambos eran el mismo en distintas épocas. No soy capaz de ver la similitud entre el personaje protagonista de “Al sur…” y ninguno de los protagonistas de “Kafka…”. ¿Alguien puede ayudarme? Gracias.
Una tarde en la biblioteca.
Yo también asistí con unos amigos a la charla que Isabel Coixet mantuvo con Haruki Murakami en la biblioteca Jaume Fuster de la plaza Lesseps de Barcelona. Era un acto anunciado con semanas de antelación por los medios de comunicación y dada la alta consideración que el autor de “Kafka en la playa” goza en nuestro país era de esperar una concurrencia masiva de admiradores. Días antes del acto, me acerqué a la biblioteca para informarme del procedimiento para acceder a tal acto y se me informó de que sería por orden de llegada de los asistentes. El día del evento, llegamos a la biblioteca una hora y media antes del inicio de la charla y para sorpresa de todos, ya se había formado una cola notable. Decidimos quedarnos y fuimos testigos de cómo la cola aumentaba y caracoleaba por la plaza Lesseps. Pasadas ya las seis, se repartieron doscientos billetes para acreditar la asistencia al evento, según parece este aforo máximo era una exigencia del autor dada su fobia a las aglomeraciones, a los fotógrafos y a las alabanzas públicas. Poco antes de las siete la cola empezó a moverse, entramos con retraso sobre el horario previsto — a pesar de las largas horas de espera– y el acto empezó fuera de tiempo. Licencia aceptada en nuestro país. Dado que nuestros billetes eran de los últimos, sólo tuvimos la suerte de asistir a la charla desde una sala adyacente –habilitada para unas 50 personas- mediante un sistema cerrado de televisión. Como no había 50 sillas, parte del público tuvo que sentarse en el suelo. Además, no se podía cerrar la puerta de la sala porque el cable de audio lo impedía, por lo que el ruido externo dificultaba seguir la charla. Muchos ciudadanos que habían esperado con paciencia en la cola y se quedaron sin acceder al acto, protestaron; los responsables de la biblioteca reclamaron la ayuda de la guardia urbana para desalojarlos del vestíbulo de la biblioteca. Mientras, Haruki Murakami ya había empezado su charla con Isabel Coixet, sin percatarse de todo este caos organizativo.
¿Es normal que para organizar un acto que ya se vaticinaba multitudinario, no se previeran con antelación los mecanismos para que los ciudadanos se ahorraran tantas incomodidades? ¿No se podría establecer para próximas ocasiones algún simple sistema –por teléfono o Internet– para dar números con antelación y evitar tantas molestias a los lectores?
Acudí a la biblioteca Fuster el día del encuentro con Murakami.
No pudimos entrar más de 250 personas, y creo que digo demasiadas.
Se empezó con retraso, la gente que se quedó fuera no fue informada en su momento para evitar que hicieran cola inútilmente, unas 50 personas de esas doscientas y pico no pudimos acceder al auditorio, si no a una sala pequeña con una televisión, también pequeña. No habían sillas suficientes. Fallaba el sonido. En la sala grande no había un micrófono para que el autor escuchara las preguntas del público. La traductora simultánea se quejaba de que no oía nada.
No comprendo esta falta de organización, de información, de respeto. Dicen “siempre pasa”, y se encogen de hombros.
Es verdad, siempre pasa.
Que ganas tengo de leer el nuevo libro de Murakami. De momento solo he leído AFTER DARK y me ha encantado. Tengo en espera Tokio Blues y Kafka en la orilla.
Lo de la gente que siempre se queda con las ganas de participar en actividades culturales siempre pasa. Deben de pensar que como no suelen interesar ese tipo de actos solo van a ir dos o tres pelagatos. Pues nada más lejos, cada vez hay más gente que gusta de estas actividades y nadie parece darse cuenta. Lo que tenían que hacer era habilitar los pabellones multiusos (que imagino que tendrán) y si luego sobra sitio pues mala suerte, pero por lo menos dejas que la gente que quiere ir pueda.
Saludos.