Caryl Férey: retrata la Sudáfrica más oscura
En “Zulú” (Maeva) nos lleva de la mano de un policía de esa etnia a resolver la aparición de un cadáver en Ciudad del Cabo, y descubriremos un panorama desolador en el que las multinacionales farmacéuticas no resultan especialmente medicinales. Una mirada dura a lo que hay bajo las alfombras de la Sudáfrica post-Apartheid. Texto A.G. Iturbe Foto: Catherine Hélie
Usted era un mochilero trotamundos… ¿Cómo se convirtió en escritor de género negro?
Lo mejor que he hecho en la vida fue dar la vuelta al mundo con veinte años. Yo el gusto por la libertad ya lo tenía, pero descubrir los problemas de los demás afinó mi curiosidad. La novela negra se enfoca más hacia los demás que hacia sí misma: está en sintonía con lo que a mí me interesa. Paso de mi ombligo, lo tengo ya muy visto.
Pero sus novelas no son sólo policíacas, parece buscar algo más…
Pero es que en una novela negra puedes poner de todo. ¡De todo! Suspense y acción, por supuesto, pero también política, aspectos sociales, etnología o incluso poesía, con un estilo tan exigente como el de la literatura considerada clásica. Quiero agarrar al lector del cuello para hacerle recorrer Sudáfrica o Argentina, escenario de la novela que estoy escribiendo ahora, y que acabe agotado.
¿Cómo obtuvo un francés como usted ese conocimiento tan profundo de la realidad sudafricana?
Estuve un año allí documentándome e investigando. Fue un año de toma de contactos y de entablar relaciones de confianza que me permitieran, por ejemplo, visitar los townships u otros lugares donde los blancos jamás ponen los pies…
¿De dónde tomó la inspiración para crear a Ali Neuman?
Ali Neuman está entre Mohamed Alí y Nelson Mandela, dos personajes extraordinarios que me han dado mucha fuerza durante mi vida. Son luchadores los dos, como Ali Neuman. Sufren, sí, pero no se conforman, no se resignan a aceptar las cosas tal y como son. Ninguno de mis personajes es blando. Porque ése no es en absoluto un rasgo de mi temperamento.
¿Realmente es el post-Apartheid un escenario tan infernal?
Sí y no. La novela negra se centra en los problemas de un país. Aunque no respeté mucho las advertencias de la gente del lugar, nunca he sido atacado en Sudáfrica. Y es un país bellísimo, de verdad, te corta la respiración.
¿Por qué ha sido imposible terminar con la violencia post-colonial? ¿No fue suficiente la llegada de Mandela al poder?Mandela es un hombre excepcional. Lean su autobiografía antes de que fallezca, así sabrán por qué lloran su muerte… Pero no es ningún mago. No se borra de un plumazo medio siglo de opresión cantando We are the World. Se ha mantenido a la población negra en un estado de subdesarrollo, tanto a nivel político, económico y social, como cultural. La primera generación que no ha conocido el Apartheid apenas ha llegado a la adolescencia. Se necesita tiempo, por eso Mandela, nada más llegar al poder, advirtió que aplicaría la “política del pequeño paso”.
¿Nunca podrá dejar de haber dos velocidades distintas en África para blancos y negros o alberga alguna esperanza?
Hay sobre todo dos velocidades entre los ricos los pobres. Un negro rico está bien visto en Sudáfrica, con la excepción quizá de algunos viejos racistas nostálgicos. El fascismo allí es económico, como en todas partes. Cabría ser optimista con las nuevas generaciones de sudafricanos, pero visto el orden muncial actual no veo muchas razones para serlo, tampoco en lo que a nosotros concierne.
La otra orilla
¿Por qué cree que los europeos oímos hablar mucho del terrorismo en Irak o de los asesinatos en Ciudad Juárez, pero muy poco de las muertes en Sudáfrica?
Los occidentales no estamos tan implicados en Sudáfrica como en Oriente Medio. El problema de Ciudad Juárez es Estados Unidos, su frontera. Cada día muere asesinada mucha gente en África o en otros lugares sin que a nadie le quite el sueño.
¿Qué está pasando en África con las compañías farmacéuticas?
Hubo una lucha en el año 2002 entre las industrias farmacéuticas (la primera del mundo) y el Estado sudafricano por la administración de medicamentos genéricos contra el sida. Este lobby, que rechazaba el acceso de los enfermos a estos medicamentos por razones puramente mercantiles, se vio obligado a dar marcha atrás para salvaguardar su “imagen”… Pero hizo lo que hacen todas las industrias o empresas neoliberales: le subcontrataron el problema a terceros y ahora les toca a éstos cargar con él. El Estado sudafricano supervisa muy de cerca a estas industrias, ya que sabe bien de lo que son capaces: de lo peor. En cuanto a controlar sus políticas –tanto las de las compañías farmacéuticas como las de otros tipos–, es el reto de nuestra humanidad, que, y lo sabe hasta la escoria de Goldman Sachs, se está yendo al garete.
¿Cómo fue recibido su libro por el establishment en Sudáfrica?
La embajada llamó a mi editor pero no supimos por qué. Creo que no era para ponerme una medalla… En Nueva Zelanda me ocurrió lo mismo con el “problema” maorí. El interés de una mirada extranjera es precisamente el de meter las narices allí donde, por razones nacionales, a menudo legítimas, se prefiere cerrar los ojos.
¿La Copa del Mundo de Fútbol en Sudáfrica va a servir para algo más que para vender derechos televisivos?
El Mundial de fútbol sirve para una cosa: atraer a los inversores extranjeros que la economía de un país necesita. El Mundial de Argentina sirvió para mostrar a Jimmy Carter que el pueblo argentino estaba unido… Los sudafricanos se sentirán orgullosos de su país, aunque las entradas sean demasiado caras para los negros y los blancos pobres, que también los hay, y muchos. Será un escaparate fantástico, que espero no estalle en pedazos. Aunque no lo creo. Sudáfrica, pese a su violencia y sus problemas, es la única verdadera democracia de África, y conoce un gran crecimiento… ¡El Mundial de fútbol también será útil para España, si lo gana! Si me dan a elegir, prefiero al juez Garzón antes que a la selección española, pero os deseo de corazón que ganéis. Noctámbulo y juerguista como soy, adoro España.









