Ha muerto José Saramago
A los 87 años ha fallecido en su residencia de Lanzarote José Saramago, que en lo estrictamente literario llegó a ser Premio Nobel (el único que ha recibido hasta el momento la lengua portuguesa) y, en lo más ampliamente intelectual, una voz de referencia por su compromiso humanista y su lucha contra la injusticia social y política. Descanse en paz.
Aquí encontrarán el último artículo que le dedicamos, con textos de Laura Restrepo, del propio Saramago y de su viuda, Pilar del Río, a quien queremos manifestar nuestras condolencias.









PARA MI LO MAS DE LO MAS HA SIDO “ENSAYO SOBRE LA CEGUERA” GENIAL. PARA MI
LO MEJOR DEL ESCRITOR.
NO CECILIA, CLARO QUE NO SERAS PREMIO NOBEL, NI SIQUIERA OBTENDRAS UN MENCION ESPECIAL EN ALGUN CERTAMEN BARRIAL EN QUE TE PRESENTES, ES MAS, DEDICATE A TRABAJAR Y A GUARDAR SILENCIO YA QUE TU ESCRITURA SOLO IRRADIO UN ODIO VISCERAL MUY CERCANO AL NAZI/FASCISMO. POR LO PRONTO NO ME VENGAS CON ESO DE QUE CUALQUIER SANGRE DE CUALQUIER SER HUMANO ES HORRIBLE ES SOLO UNA VERDAD UNIVERSAL QUE HASTA UN NIÑO PRE-ESCOLAR LO SABE, LO QUE TU NO DICES PORQUE NO LO HAS LEIDO A SARAMAGO FUE QUE SIEMPRE REPUDIO TODOS LOS CRIMENES Y FUNDAMENTALMENTE LOS DE STALIN. NO SEAS BURRA LEE PARA INFORMARTE MEJOR Y HACE UN BIEN A LA HUMANIDAD INSTRUITE Y DEDICATE A LAS OCHO HORAS.
Perdonen si les ofendo, pero Saramago me resulta ser un plomo, aunque sabía escribir (algo parecido le ocurría a Lázaro Carreter, o con las novelas de Antonio Gala). Y eso de que “estuvo comprometido con la injusticia social” tengo que poner mis “peros”. Nunca mencionó los crímenes de Komitern ni del comunismo durante un siglo, en el que cien millones de personas, hombres, mujeres y niños, murieron a manos del “paraíso proletario”. Nunca mencionó a los asesinados de Paracuellos, en cuyas fosas hay menores de dieciseis años. Sólo se acuerda, como buen visceral marxista, de las matanzas de un bando y no del otro. Señor Saramago, yo no seré una escritora como usted, pero cuando veo una mancha de sangre humana en el suelo de alguien que acaban de asesinar no me pregunto si el asesinado era de derechas o de izquierdas, creyente o no creyente, sino que me acuerdo de los padres que han perdido a un hijo, o al hijo que se ha quedado huérfano. Repito: no seré una premio nobel como usted, pero sí me siento de ser mejor persona que usted.