Alan Moore: El mago de los cómics

alan-mooreEste marzo se estrena “Watchmen”, del director Zack Snyder, la obra definitiva sobre el mito del superhombre que Alan Moore y el dibujante Dave Gibbons crearon en 1986. Aunque sólo sea por este cómic, Alan Moore ya merece un sitio de honor en la historia de la literatura del Siglo XX. Por Manu González

A sesenta millas de la capital del Imperio Británico –viajando en dirección noroeste por la tortuosa M1 que recorre el corazón de Inglaterra hasta Leeds– se encuentra Northampton. Actualmente, su página web oficial la describe como una de las ciudades con más potencial económico de las Midlands británicas, pero no te dejes engañar por la publicidad: Northampton fue el estercolero industrial más pobre del extrarradio norte de Londres. Caótica, sucia y abandonada, Northampton fue una ciudad donde la desesperanza corría libre por sus calles, el sitio ideal para que en 1953 naciera, en su peor barrio (la zona llamada The Burrows), uno de los mejores narradores del siglo XX: Alan Moore.

Creador de mitos
El joven Moore encontró en la lectura un vehículo ideal para escaparse de las miserias que lo rodeaban. Como él mismo reconoce en el documental The mindscape of Alan Moore, “los cómics fueron una oportunidad de escapar de las limitaciones de mis orígenes, de una sociedad monocromática.” Podría haber accedido a una educación superior becada gracias a sus incipientes dotes literarias, pero prefirió abandonar la escuela y dedicarse a perder el tiempo en trabajos basura mientras devoraba libros, cómics y pintas de cerveza.
Moore llegó a la madurez cuando Inglaterra estalló. Era la época del punk, del “no future” y del descontento general ante las anquilosadas formas del Imperio. Ese grito salvaje no sólo fue documentado por la música (con los Sex Pistols a la cabeza); también tuvo su repercusión en el cómic inglés. Revistas como Warrior, Valiant o la mítica 2000 A.D. comenzaban a reclutar jóvenes inquietos con voces nuevas. Con la psicotrópica Las aventuras de Luther Arkwright de Bryan Talbot como particular Biblia y bastante influido por la literatura de William S. Burroughs, Thomas Pynchon, Robert Anton Wilson, Michael Moorcork, William Blake o Aleister Crowley, en 1980 Alan Moore inició un periodo dorado y una auténtica revolución en el cómic moderno.

La edad dorada
Desde los bisoños capítulos de Future Shocks hasta la magnificencia narrativa de Watchmen (dibujada por Dave Gibbons), Alan Moore entregó durante el periodo que va desde 1980 hasta 1989 unas cuantas obras maestras. Junto a Frank Miller en Norteamérica, Moore demostró a la industria y a los jóvenes autores que un cómic más adulto creado como una obra compleja y literaria podía llegar a ser un éxito de público. No sólo redefinió el concepto de superhéroe en obras como Capitán Britania, Miracleman, Batman: La broma asesina o la ya citada Watchmen (elegida por la revista Time como una de las cien novelas más influyentes del Siglo XX), sino que exploró el género del terror como nunca antes se había hecho en el noveno arte con la saga de La Cosa del Pantano y creo una de las obras de política ficción más bellas de la historia, V de Vendetta. Alan Moore profundizó en la narrativa del cómic introduciendo nuevas formas: los paralelismos entre imágenes, textos e, incluso, personajes; la inclusión de elementos ajenos al contexto (pero con una importancia vital en la trama: el más famoso sería la historia de los piratas de Watchmen); el uso de elipsis forzadas; la tozudez con la que juega con los textos de apoyo o bocadillos de pensamientos (la calidad literaria de estos en obras como La Cosa del Pantano o Capitán Britania frente a su estudiada omisión en trabajos como V de Vendetta o From Hell crea diferentes atmósferas de lectura) son algunos de los elementos que el barbudo de Northampton aportó en este periodo fértil de su obra.
Aunque el éxito de crítica y público nos hiciera creer que la vida profesional de Moore sería un camino de rosas en los años 1990, nada más alejado de la triste realidad. Sus continuas disputas con la editorial norteamericana que había publicado gran parte de sus mejores trabajos (DC Comics), su fama de huraño, la poca predisposición a las veleidades de la fama y, sobre todo, la convicción personal de que todavía no había llegado a desarrollar ni una pequeña parte de las revolucionarias ideas que tenía en mente provocaron que Moore se alejase cada vez más de un circuito editorial adecuado para poder publicar sus historias.

Los años mágicos
Cada vez más implicado en su propia y particular concepción de la vida (donde se mezcla la filosofía del Dharma con las corrientes mágicas británicas que van desde John Dee hasta Aleister Crowley), Moore se nombró a sí mismo mago en 1993, coincidiendo con su cuarenta aniversario. Desde entonces se ha especializado en magia ceremonial y es adorador de una antigua deidad romana con forma de serpiente llamada Glycon. Aunque muchos de sus lectores consideren que el viejo Moore se ha vuelto completamente loco, el propio autor siempre ha defendido la magia como un camino para conocerse a uno mismo, lejos de las dogmáticas ataduras de la fe. Con este cambio comienza la etapa más metafísica de su obra. No sólo desarrolló parte de sus conocimientos mágicos en obras como Promethea (una guía espiritual disfrazada de historia de superhéroes) y From Hell (su obra maestra sobre Jack el Destripador), sino que también ha sido la base de su, por ahora, escueta carrera literaria.
En 1988, Moore publicó su primera novela, la historia corta El lagarto hipotético. Explícita sexualmente, con ella Moore inició un periodo francamente oscuro que nos daría dos obras particularmente turbadoras, From Hell en el género del cómic y La voz del fuego (1996) en literatura. Su primera novela larga (actualmente está preparando otra, titulada Jerusalem) es una suerte de memoria violenta de Norhampton desde la Edad de Bronce hasta la actualidad.
En la primera década del siglo XXI, Moore parece haber encontrado cierta fluidez. No sólo ha creado obras livianas y brillantes como Tom Strong, La liga de los hombres extraordinarios o Top Ten, sino que nos regaló Lost girls, la historia pornográfica más inteligente nunca narrada, dibujada por su actual esposa, Melinda Gebbie. Todo parece indicar que comienza una nueva etapa en el trabajo del que seguramente sea el escritor más importante de la historia del cómic.

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Escrito por el mar 18 2009. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

1 Comentario por “Alan Moore: El mago de los cómics”

  1. [...] (Ver artículo sobre el autor en el número 141) Etiquetas: Alan Moore, Dave Gibbons, Planeta DeAgostini, Watchmen [...]

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