Marta Rivera de la Cruz: hombre bueno y literario busca final feliz

marta-rivera-de-la-curzAncianos con secretas historias de amor, escritores entusiastas y otros contadores de ficciones protagonizan “La importancia de las cosas” (Planeta), una novela desde la que se observa la aventura de la escritura. Por Begoña Piña. Foto Sebastián Romero Márquez

Libros y sentido común
En medio de un planeta en crisis, con alarmas terroristas saltando en medio mundo, hambrunas, enfermedades, sequía, guerras… la receta de Marta Rivera de la Cruz es mucha bondad, una mínima gota de candidez, paños calientes de amor y constantes historias que contar. Gallega de una larga familia, ha atesorado durante años los relatos de sus mayores. Escarba entre estos y sus propias experiencias y de ello nacen sus novelas. Entusiasmada con los villanos en su juventud, reconoce que ahora como autora le aburren, así que se ha inventado personajes limpios, sin dobleces, honestos… que, naturalmente, se merecen un final feliz. La importancia de las cosas, una historia de amor dentro de otra, es su nuevo libro, un trabajo donde aparecen elementos presentes en otros de sus relatos y desde el que reflexiona sobre el oficio de escritor y el espejismo del éxito. Mario Menkell, su protagonista, es un profesor de escritura que huye de un sonoro triunfo conseguido con su única novela y que se enfrenta al mundo sólo con la experiencia de los libros y el sentido común. Un hombre bueno que, al parecer, ha digerido las lecciones que aprendió el Cándido de Voltaire.

Aprender a escribir
Menkell se dedica amable y apaciblemente a la tarea de enseñar escritura a los alumnos ricos de una universidad privada. El hecho de que él mismo piense que no se puede enseñar a escribir no le perturba. Tampoco intranquiliza esta certeza a Rivera de la Cruz, convencida de que “como para cualquier cosa, hay que tener una capacidad natural”. Autora de cinco novelas, varios libros de ensayo y una obra infantil, la escritora ha cedido sus pensamientos a su propio personaje. “Lo que sí es cierto es que los talleres literarios son como un entrenamiento, como hacer gimnasia, y son una forma de saber si eres capaz de escribir o no. No te pueden enseñar a escribir, pero sí puedes recibir el empuje necesario para encauzar la escritura”.
Reacia a enseñar sus textos a otros, Rivera de la Cruz se tomó muy en serio el consejo de una profesora de la universidad. “Me dijo una cosa que he recordado siempre: ‘Cuando quieras críticas, búscate un crítico’. No hay que ir por ahí enseñando lo que escribes a todo el mundo, porque puedes recibir aprobación o críticas demoledoras de personas que no tienen ni idea. Hay que mirar muy bien a quién le enseñas lo que escribes. La primera cosa que enseñé a alguien fue a otro escritor, a Ramón Pernas, que es amigo y que fue quien me puso en contacto con mi agente. A partir de entonces, la única persona que se lee los libros es Antonia (Kerrigan) y mis editores. Independientemente de que luego pueda enseñar cosas a mi pareja o a mi hermana, pero ya sabiendo que la opinión que tienen está marcada por el afecto, por el deseo de que el libro vaya bien”.

El éxito y los premios
Ganadora con su primera novela, Que veinte años no es nada, del Premio Ateneo Joven de Sevilla, quedó finalista del Planeta con su cuarto libro, En tiempo de prodigios. Dos botellas de oxígeno que agradece. “Los premios te cambian, porque te proporcionan una tranquilidad económica que es muy necesaria. Yo he escrito pensando de dónde va a salir el dinero para pagar la renta el mes que viene. Y eso, no voy a decir que es muy duro, pero no es cómodo. Algunos de los libros que he hecho de ensayo eran alimenticios, me hacía falta el dinero que me ofrecían. Pero tuve un punto de inflexión cuando me llamaron de una editorial para hacer de negro de una persona. Eso yo no lo hago. No quise saber ni lo que me querían pagar. Eso es entrar en barrena. Y tener un dinero que viene de un premio te lo evita. Y, además, los premios te dan un respaldo promocional del que se puede sacar mucho partido. Porque al final un escritor lo que quiere es llegar a muchos lectores. Yo espero que las críticas sean buenas, pero lo que me obsesiona es que la gente lea mi libro”. Un empeño que, asegura, nada tiene que ver con el éxito. “El éxito es absolutamente efímero y, desde luego, un éxito con una novela no te asegura nada para la siguiente”.

Final feliz para personajes buenos
“Lo que más me gusta de escribir es que no tengo ni idea de lo que va a pasar. Tengo una idea general, pero no se cómo va a terminar. Solo tenía una cosa muy clara con esta novela, quería que tuviera un final feliz. Nunca he hecho finales desgraciados ni dramáticos, pero eran más ambiguos”. Amores recompensados, afecto, talento reconocido… van colocándose justo donde deben en esta nueva novela, protagonizada por un hombre esencialmente bueno. “Me interesaba mucho el personaje del hombre que ha vivido aislado del mundo y que se enfrenta a las cosas, a los sentimientos y las emociones, desde una virginidad absoluta. Es un hombre en estado puro todavía. Era un personaje que podía llevar por donde yo quisiera, al que todo lo que le ocurriera era posible, que el lector y yo nos lo podíamos creer. Es una persona fundamentalmente muy buena y tremendamente inteligente que ha sacado toda su experiencia de los libros. Como no aplica la experiencia, aplica sólo el sentido común”.

Estructura de cajas chinas
“Como lectora me interesan mucho esos juegos, las cajas chinas, las novelas que vas abriendo y van ramificándose y al final todo acaba en el mismo punto… si la novela está bien hecha. Y como autora intento también hacerlo”, afirma la escritora, que confiesa que “en el fondo, creo que es más sencillo hacer una historia así que una en la que no ocurra absolutamente nada. Una novela que me entusiasmó el año pasado fue Chesil Beach, de Ian McEwan. En ella realmente no pasa nada, es todo muy lineal, muy ingenuo. Cuando acabé de leerla, dije: ‘Dios mío, cuánto talento hay aquí’. Pero yo no sería capaz de hacerlo. Ya no digo Chesil Beach, que ya estamos hablando de otra liga, pero ni siquiera hacer verdaderamente brillante una historia muy sencilla. Si yo quiero hacer algo un poco brillante necesito varias historias”.

El experimento de Internet
Marta Rivera de la Cruz escribe reportajes en prensa escrita, participa en programas radiofónicos y mantiene al día un blog en el que pone mucho empeño. Ejercicios de escritura de los que saca provecho. “En primer lugar, porque de escribir libros no vives. Pero además, el periodismo me gusta muchísimo y el género que más me divierte es el reportaje. El trabajo del escritor es un poco solitario y, sin embargo, el trabajo del periodista te obliga a estar más en contacto con la realidad. Es una gimnasia. En cuanto al blog, esta temporada lo tengo un poco abandonado, pero por lo menos un par de veces a la semana sí que escribo. Es un experimento muy curioso. Yo no retoco el blog, escribo y como vaya. Es ese diario personal que había pensado llevar algunas veces y nunca me decidí a hacer. Llevo ya un año y pico y me doy cuenta de que si algún día quiero recuperar experiencias, el blog me va a venir muy bien. Es una buena forma de comunicación con lectores que pueden intervenir, pueden opinar… aunque normalmente en el blog no hablo de literatura. De repente, tener una página para escribir sobre lo que me apetezca está muy bien”.

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Escrito por el mar 18 2009. Archivado bajo Artículos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

1 Comentario por “Marta Rivera de la Cruz: hombre bueno y literario busca final feliz”

  1. [...] (Ver artículo sobre la autora en el número 141) Etiquetas: marta rivera de la cruz, Planeta [...]

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