Jon Lee Anderson: el coleccionista de almas

Posee el ojo del reportero solitario, un nervio de viajero infatigable y talento para dibujar perfiles en la distancia corta, como demuestra “El dictador, los demonios y otras crónicas” (Anagrama). Texto: Francisco Luis del Pino Olmedo Foto: Óscar Elías

De casta le viene al galgo
La profesión de su padre, que trotaba por el mundo con la familia a cuestas como Agregado Agrícola, llevó a Jon Lee a pasar parte de su infancia en Colombia y, más adelante, a vivir en Asia. Ha residido varios años en Salobreña (Granada) y le gusta nuestro país, aunque ahora se encuentre con su familia en Dorset (Inglaterra), excepto una de sus hijas que estudia en Salamanca. Realizar el perfil del rey Juan Carlos le ayudó, afirma, a conocer mejor España y la época de la transición.

“Humanista”
Alto, de mirada limpia y azul, expresión serena y gesto contenido, pero cálido en el trato. Jon Lee aprecia la conversación, igual que un buen vino. También le gusta el cine. “He vuelto a ver Apocalypse Now en su versión editada, que es la mejor, y me ha parecido de nuevo estupenda”. Y, en cuanto a gustos literarios, Graham Greene es uno de sus escritores favoritos. Anderson se autodefine como “humanista” y en cuanto a sus preferencias políticas, quizá más por una cuestión de sensibilidad que de doctrina, responde que es “un poco tirado a la izquierda”, pero aclara que “sin esquemas ni dogmas”.

Enamorado del oficio
Escogió el periodismo como quien le pone apellido a una curiosidad insaciable por el mundo. Su primer trabajo fue en el Lima Times (Perú): “Me pagaban 120 dólares mensuales en una época en que como labriego en Estados Unidos hubiera ganado mil, pero era feliz y me enamoré de la profesión”. Si no hubiera sido periodista, Jon Lee dice que hubiera escogido ser ”guerrillero”. “A los diecisiete años quería ir a pelear a Rodhesia (Zimbawe), fue mi hermano menor quien me convenció de no hacerlo”, explica con una leve sonrisa. Lo que ahora le parece un disparate, vista la represión que ejerce el presidente africano, porque “hubiera terminando peleando a favor de Mugabe y en contra de Jan Smith”.

Una deuda aplazada
¿Conocía Haití? “Siempre quise ir a Haití, en diferentes épocas. Lo propuse a The New Yorker en muchas ocasiones y nunca me dieron bola. Mis padres vivieron allí antes de que yo naciera, y amaron el país. Mi madre aprendió criollo y mi hermana nació en Haití, y le pusieron un nombre haitiano: se llama Michelle Dominique. Es antropóloga y regresó a la isla para realizar su tesis sobre el vudú. Vivimos en otros países, pero yo me crié con las historias de ese período tan feliz en Haití”.

La tragedia haitiana
Menuda ocasión para conocer la isla, en pleno drama. ¿Cuál fue su percepción de aquellos primeros días tras el terremoto? “Nadie estaba a la altura de la hecatombe, y esa fue mi sensación, desde el primer momento que llegué hasta el final. En una ciudad de dos millones de personas, dos de cada cuatro casas se habían derrumbado. Y quizá unas 200.000 personas habían muerto en 49 segundos”. Pero la ayuda internacional no tardó en llegar. “Los primeros grupos de auxilio que encontré eran buses de evangelistas coreanos, y no creo que fueran especialistas en socorro ni nada, eran predicadores. También vi cientólogos, ahí estaban los famosos que venían a raptar niños para salvarlos de no sé qué”. ¿Y las fuerzas de la ONU y los soldados norteamericanos? “Las tropas de la ONU patrullaban para nada. ¡Nunca aparecieron, nunca se les vio cuando había saqueos! Jamás los vi en ninguna parte donde pudieran ser de utilidad. La gente desprecia a la ONU. Y los esfuerzos internacionales tardaron días y días en hacer acto de presencia, antes de que pudiéramos ver cualquier coordinación eficaz entre las diferentes agencias internacionales. Y era terrible porque cada día moría gente”.

Tienda

Ir a la tienda | Recomendados | Novedades | Mas vendidos | Ofertas | Preventa |

Una mirada que atraviesa
Observador atento de la realidad hispanoamericana, su experiencia de ese encuentro tiene como resultado El dictador, los demonios y otras crónicas (Anagrama), que reúne perfiles y crónicas que había realizado en España y América Latina desde sus comienzos en The New Yorker. Por él desfilan desde el rey Juan Carlos I hasta Chávez. Duda al preguntarle por su perfil predilecto: “No sé si tengo preferencias, Pinochet no era muy afectivo que digamos, pero era fascinante. Diría que mi favorito es Gabo [Gabriel García Márquez]; era como estar con alguien afín y mayor”. Se reafirma: “Me quedo con él, además es un tipo superchévere, o sea, un tipo entrañable, muy generoso”.

Le confieso mi impresión de que hubieran podido caber algunos perfiles más en el libro, y Jon Lee reflexiona: “Hay perfiles y crónicas que faltan ahí y que hubiese querido hacer, igual que algunos que todavía pienso realizar que no están en esta edición. Hablé con Jorge [Herralde] sobre si debíamos o no incluirlos, y miré mis notas. Uno era sobre el subcomandante Marcos, que nunca publiqué porque nunca lo escribí; pero fui a verlo en 1999, durante su año de silencio. Estaba inspirado en la noción de que él era una especie de oráculo en la selva, y quería hacerle preguntas sobre el mundo y su percepción. Y al final me dejó perplejo, no le llegué a agarrar la onda y nunca escribí nada. Volví a mirar mis notas y comprobé que no había ahí nada para cuajar”.

Planes de futuro
Jon Lee explica que en el futuro inmediato le espera “editar mis notas para el perfil que hice en diciembre del presidente de Guinea-Conakry, herido en atentado, que es una historia un poco extraña. Y estoy pendiente de un reportaje en Yemen y otro en Cuba, pero no sé el orden de prioridad todavía”. Y, con la cordialidad del reencuentro y un abrazo, el reportero sigue su camino en busca de su colección de perfiles por el mundo.

Compártelo!
Escrito por el jun 17 2010. Archivado bajo Galería. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Dejar un comentario

Ads

Publicidad

Galería de Fotos



Revista MC

 
Secciones y Temas

Revista Qué Leer | Passeig de Sant Gervasi, 16-20, 08022 Barcelona (España) | Teléfono: 93 254 12 50 | Fax: 93 254 12 63 © 2011 MC Ediciones