Marie NDiaye: “Sarkozy roza con la extrema derecha, sin piedad con pobres y extranjeros.”
Exiliada en Berlín desde la victoria electoral de Sarkozy, la escritora francesa publica “Tres mujeres fuertes” (Acantilado), triple retrato femenino con el continente africano de fondo que la ha llevado a ganar el prestigioso premio Goncourt. Texto: Álex Vicente Fotos: Martin Bureau
Cuando Nicolas Sarkozy ganó las presidenciales francesas de 2007, miles de personas celebraron su victoria saliendo a la calle para dar saltos de alegría. Marie NDiaye lo celebró haciendo las maletas. La escritora se exilió en Berlín, lejos de una Francia que sigue considerando “monstruosa”, infestada por “una atmósfera policial y vulgar”, gobernada por una derecha que acarrea “una forma de muerte, de atontamiento de la reflexión, de rechazo a la diferencia”.
Con esta violencia se manifestó NDiaye hace unos meses, poco antes de ganar el premio Goncourt, el primer galardón de las letras francesas. Las declaraciones se giraron contra la escritora cuando destacados tenores de la derecha gubernamental la instaron a callarse, alegando un supuesto “derecho de reserva” al que todo receptor de este prestigioso premio debería acogerse. Corría el mes de noviembre y la polémica se inflamó en cuestión de horas. En un concurrido mitin, la líder socialista Martine Aubry hizo un llamamiento a construir una Francia “en la que Marie NDiaye tenga ganas de volver a vivir”. En pocos días, pasó de ser una escritora semidesconocida a un eslógan electoral.
La nieve cae sobre un Berlín prácticamente siberiano, mientras NDiaye sorbe un apfelschorle, la popular bebida a base de gaseosa y zumo de manzana que tanto gusta a los alemanes, tal vez una prueba de su integración en el paisaje local. Hace casi tres años que NDiaye se mueve con soltura por las desangeladas calles del oeste de la capital alemana. “Hay que aprender a amarla”, sostiene NDiaye, que prefirió instalarse en una zona residencial de Charlottenburg antes que en el muy tendencioso Este berlinés, invadido por jóvenes artistas y falsos bohemios. “Me suele gustar todo lo que no está de moda”, dice con media sonrisa. “Lo bueno de Berlín es que la vida resulta tranquila, pero también efervescente. No es como París, donde a partir de las siete de la tarde las calles se vacían y la ciudad se vuelve siniestra. El centro ha quedado reservado a los turistas y a los ricos estadounidenses que se han comprado una segunda residencia en París. Las ciudades de verdad no deberían ser así”, cuenta sentada junto a las ventanas enteladas del sobrio y elegante Café Wellenstein.
NDiaye habla poco, pero cuando lo hace deja bastante claro su punto de vista, sobre el escándalo que levantó hace unos meses en su Francia natal. “No lamento la polémica ni tampoco mis declaraciones, porque sigo estando profundamente convencida de lo que dije”, asegura NDiaye, que en todo caso tuvo la curiosa idea de marcharse de un país gobernado por la derecha para instalarse en otro con el mismo color político en el poder. “Sí, pero Sarkozy forma parte de una derecha que roza con la extrema derecha, sin piedad con los pobres y los extranjeros. No guarda ningún parecido con la derecha tradicional, cristiana y compasiva”, se justifica. “Angela Merkel, en cambio, no me molesta en absoluto”.
La novela que ha desviado la trayectoria de esta escritora de 42 años, padre senegalés, madre francesa y doce libros a sus espaldas se titula Tres mujeres fuertes. Está compuesta por tres micronovelas yuxtapuestas, protagonizadas por tres personajes femeninos con algunos factores en común. Tres mujeres enfrentadas al desprecio y la crueldad, pero decididas a luchar con determinación contra las humillaciones a las que la vida intenta someterlas.
La primera se llama Norah, una abogada francesa obligada a acudir al encuentro de su detestable padre en Senegal, después de que éste abandonara a su familia llevándose a su único hijo varón. Dejando atrás las rencillas familiares, Norah se verá obligada a intentar salvar al hermano que nunca conoció de verdad, que se encuentra en la cárcel por haber asesinado a su joven madrastra. En la segunda historia, Fanta es la insatisfecha esposa negra de un hombre blanco en el suroeste francés, un experto en poesía medieval obligado a reconvertirse en vendedor de cocinas. De la misma manera que se su esposa, que enseñaba literatura en un instituto de Dakar, debe conformarse con ser ama de casa. En el tercer relato, sin duda el más trágico, una joven viuda llamada Khady Demba, repudiada por la familia de su fallecido esposo, decide emprender un largo viaje para cambiar de continente en busca de una vida mejor. Un trayecto sin retorno que no estará exento de complicaciones.
Estas tres mujeres podrían ser consideradas tres damnificadas por la injusticia, tres víctimas de la dominación masculina, tres infelices condenadas por haber nacido en el continente equivocado. En un giro sorprendente, NDiaye apuesta por presentarlas como heroínas, empezando por el título del libro, que luego quedará ejemplificado en descripciones casi épicas de su carácter. NDiaye apuesta por definir su libro como “una novela optimista” y afirma que el trágico destino de uno de sus personajes puede ser interpretado como “una especie de gloria personal. Las tres resisten a las dificultades sin dejar que se les ampute su dignidad humana. No quería presentarlas como tres mujeres débiles ni como víctimas. Su fuerza reside en el hecho de que, pese a los increíbles apuros que atraviesan, no interiorizan la dominación y se empeñan en resistir”, dice NDiaye, que tras su exuberante presencia parece esconder un interior frágil, como apunta su hilo de voz y su dicción pausada, tal vez una herencia de su infancia de niña tartamuda, que contrasta con la enorme firmeza que ha adquirido hoy su voz literaria.
Las tres historias parecen inconexas, aunque tienen vínculos en común. Algunos de ellos muy sutiles –la aparición tangencial de los personajes en los otros relatos, alejada de la impostación que supone toda obra de historias cruzadas— y otros mucho más explícitos. Por ejemplo, el papel de la familia como fuente de traumas infantiles, factor de desestabilización y tentáculo del patriarcado. Una visión aparentemente negativa que parece arraigada en la biografía de la autora, hija de un subsahariano que abandonó a su madre –profesora de instituto francesa y blanca— cuando NDiaye era todavía un bebé. Tal como sucede en la historia de Norah, su padre decidió volver a su país.
NDiaye niega que la historia sea autobiográfica, más allá de algunos parecidos superficiales. “No tengo una visión negativa de la familia. Considero que es un lugar donde las personas nos sentimos generalmente bien y no tenía ninguna intención de ser crítica al respecto. Sin embargo, no todo lo que procede de la familia es positivo. Observar a una familia es como estudiar una sociedad en miniatura, a escala reducida. En ella encontramos todo lo que compone a los humanos: el amor y la ternura, pero también el odio y los celos”, analiza la autora. Su padre, que sigue viviendo en Senegal, no ha leído la novela. “Creo que no debe haber leído un solo libro en su vida”, dice la autora con una carcajada. “En todo caso, seguro que no se reconocería en el personaje del padre de Norah. Él también es un hombre extraño, pero con otro tipo de extrañeza”.
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Las tres historias que componen Tres mujeres fuertes parecen una metáfora de las relaciones entre el Tercer Mundo y el viejo continente, un asunto que permanecía ausente en la producción literaria de NDiaye. “Hasta ahora había ignorado África por una simple razón: tenía la sensación de conocerla profundamente mal. Nunca he vivido allí y no me considero africana, pese a mi apellido y al hecho de ser negra, que provoca que todo el mundo esté convencido de que lo soy”, cuenta la autora. NDiaye nunca fue criada por su padre, así que se considera “francesa al cien por cien”. Durante toda su vida, NDiaye sólo ha visitado África en dos ocasiones. La última, para preparar la escritura del guión de la película White Material, dirigida por Claire Denis, protagonizada por Isabelle Huppert y recientemente estrenada en Francia, que fue el motor que desencadenó la escritura de este libro.
Resulta interesante la descripción que NDiaye ofrece de los inmigrantes sin papeles, que atraviesan desiertos y mares con una quimera en la cabeza, que a menudo termina siendo menos dorada y gloriosa de lo que imaginaban. Lejos del retrato robot plagado de estereotipos que ofrecen de ellos los medios de comunicación, NDiaye quiso atribuirles rasgos casi homéricos. “Nadie habla de la dimensión heroica de estas personas. Son descritos como pobres desgraciados, lo cual suele ser cierto. Pero también son seres con una valentía increíble, que parece digna de un héroe. Lo triste es que no sean recibidos como tales cuando llegan a su destino”, opina la autora.
El itinerario personal de NDiaye parece tan atípico como el de sus personajes. Su carrera literaria empezó a los dieciséis años, cuando todavía era una estudiante de instituto en la periferia parisiense más modesta. NDiaye tuvo la ocurrencia de mandar el manuscrito de su primera novela, Quant au riche avenir, al legendario director de Les Éditions de Minuit, Jérôme Lindon, el editor que publicó a Samuel Beckett y Marguerite Duras. Fascinado por su precocidad, decidió lanzar la novela. “Yo era una adolescente muy ignorante y no conocía a ninguno de esos autores. Pero en aquel momento Duras acababa de publicar El amante y el libro se encontraba por todas partes. Así que copié la dirección que aparecía en la contracubierta y mandé mi manuscrito a la editorial, sin conocer en absoluto su prestigio”, relata hoy entre risas. “Me pareció de lo más normal que lo aceptaran. Entonces estaba convencida de que todo escritor que mandara su manuscrito a una editorial tenía el derecho a ser automáticamente publicado. No entendí cómo funcionaban las cosas hasta más tarde”.
La literatura de NDiaye parece al margen de las modas imperantes en las letras francesas, como la tendencia al ombliguismo que acompañó al apogeo de la autoficción hace algo más de una década, o bien el actual esplendor de la novela sentimental, encarnado por autoras como Anna Gavalda, Muriel Barbery o Katherine Pancol. En este libro, NDiaye parece hacer suyas temáticas más próximas a la novela anglosajona, como la reflexión sobre el lugar que estamos destinados a ocupar en un mundo globalizado y multicultural.
“Es un tema importante, aunque no creo que me suceda como a esos jóvenes escritores anglosajones, como Zadie Smith, que aceptan su interculturalismo con una naturalidad lógica. Yo pertenezco a la generación anterior”, explica la autora. “Cuando yo era pequeña, las parejas mixtas eran muy difíciles de encontrar. Mi hermano y yo éramos auténticos bichos raros en nuestro suburbio de clase media-baja. No es como hoy, en que ser hijo de una blanca y un negro es banal incluso en Francia.”, añade. ¿El germen de su obsesión por la discriminación, tema recurrente en todos sus libros? “No, porque tuvimos la suerte de crecer en un entorno muy protegido y tranquilo. Además, el hecho de ser distinta a los demás niños me ayudó a creer que estaba destinada a hacer cosas diferentes en la vida”. No cabe duda de que lo ha conseguido.










Excelente nota… sigan así