Salvador Pániker: El místico que combate su ego

Se formó como ingeniero y filósofo, y ha acabado siendo un metafísico y agnóstico al que solo le convence el relativismo, un humanista empapado de ciencia, un sabio seducido por el taoísmo. Localiza la trascendencia en Bach y en el erotismo, y el equilibrio en progresar sin renunciar a nuestras raíces. Su última lección pedagógica para afrontar esta vida cada vez más incierta e híbrida lleva por título “Asimetrías” (Debate).

Dígame, ¿qué condujo a un ingeniero a volcarse en la filosofía?
La vocación filosófica me venía de antes.  Yo estudié ingeniería para contentar a mi padre, que tenía una empresa  de productos químicos y quería que yo estuviera preparado para dirigirla. Nunca me he arrepentido. Me fue muy útil porque la mayoría de gente de letras es una completa analfabeta en ciencias, ven una fórmula matemática y salen corriendo, mientras que yo he podido complementar ambos terrenos.
¿Letras y ciencias se necesitan?
Uno no puede hacer metafísica sin haber hecho antes física, porque esta última lo condiciona todo. Si la teoría de las supercuerdas te demuestra que hay más de tres dimensiones espaciales, ¿cómo no va a tener esto un impacto en los debates metafísicos?
Usted es hijo de padre hindú y de madre catalana, lo que no ha de llevarnos a conclusiones precipitadas.
Sí, la gente me dice siempre “ya sé lo que sacaste de cada uno” y se equivocan. Mi padre era una persona muy extrovertida, simpática, activa, jovial, un hombre de acción y de negocios, mientras que mi madre era mística, introvertida y filosófica, lo oriental me viene de ella y lo occidental de él.

CREATIVOS SIN INTERRUPCIÓN
Complejidad e incertidumbre son términos que se repiten a lo largo de “Asimetrías”. Supongo que cada generación cree vivir en los tiempos más inciertos y oscuros imaginables, por lo que ¿cree de verdad que atravesamos una época tan conflictiva?
Sí. Aquella ideología del progreso según la cual las cosas iban a ser cada vez mas fáciles y simples porque la penicilina curaba, la esperanza de vida aumentaba… se ha revelado falsa. Las cosas crecen en términos de complejidad e incertidumbre. Si a esto le sumamos que ahora estamos más anestesiados que nunca por el consumismo, vemos que nos hace falta un nuevo plus de creatividad sencillamente para sobrevivir.
¿En qué consistiría este plus?
Debemos tomarle el gusto a lo difícil y hacer las cosas por el placer de hacerlas. Baudelaire decía que habíamos de  ser sublimes sin interrupción, yo no creo que eso sea posible, pero sí que podemos aspirar a ser creativos sin interrupción. Yo lo que hago es preguntarme a cada momento “¿ahora qué toca hacer?”. Pues bueno, en este instante responder  a tus preguntas de la manera mas atinada posible. En otro momento tocará ser frívolo. Ya decía el Eclesiastés que hay un tiempo para cada cosa.  Este tipo de creatividad resulta cada vez más necesario,  no te digo ya cuando podamos modificar nuestro ADN a voluntad, y desarrollemos un evolucionismo autorregulado
Su receta concreta pasa por incidir en una forma de creatividad que mire hacia delante sin dejar de hacerlo hacia atrás.
Hemos que ser lo que yo califico de retroprogresivos. Por un lado, ser muy cautelosos y conservadores, volver al origen, deseducarnos para recuperar esa espontaneidad perdida que teníamos de niños. Por el otro y en paralelo, debemos ser arriesgados y progresistas. Este tipo de  creatividad aún esta en pañales, la tienen contados científicos y políticos de nuevo cuño. Seguimos habituados a un mundo de valores absolutos y palabras en mayúsculas, por los cuales se cometieron los mayores crímenes.
Lo positivo de los períodos de crisis como este al que ahora nos enfrentamos es que nos resitúan y nos fuerzan a priorizar. Usted habla de que invitan a potenciar la vida interior, a fomentar la lectura…
La crisis, en principio, es mala, pero si se ralentiza el consumismo, se ralentizará el tiempo y nos obligará a ser más retroprogresivos. Cuando yo era crío no teníamos tele y leíamos más. Toda crisis es siempre un desafío, incluso etimológicamente en griego, es decir, nos genera preguntas nuevas y nos coloca frente a  desafíos desconocidos.
Si nos volcáramos en la mística, ¿sabríamos relativizar los discursos apocalípticos?
Claro. La mística, contradiciendo lo que piensa la mayoría de la gente, que la ve como un absoluto, es precisamente lo contrario: la capacidad de vivir sin absolutos. Esto hace que no te apuntes a fundamentalismos ni a sectas, que no abraces conceptos reificados y centralizados. Significa una invitación a vivir de otra manera, pero por desgracia es un método pedagógico que sigue sin tener predicamento.
Imagínese por un momento con el hábito de maestro, ¿cuál es la primera lección que daría a sus alumnos?
Que no hay valores absolutos y que hay que habituarse a vivir con esta falta de fundamentos. Para ello se requiere de una agilidad ontológica que antes no hacia falta, a la que yo llamo “el arte de navegar”.
Un eslogan que, perdóneme, hace pensar de manera automática en la autoayuda más baladí, la cual ha sido precisamente objetivo de alguno de sus dardos más envenenados.
La idea general detrás de la autoayuda, ese “do it yourself” que dicen los ingleses, me parece correcta, casi budista (ya lo decía Buda, “No existen maestros, sed lámparas para vosotros mismos”). La pena es que se ha trivializado al máximo, está en manos de charlatanes y hay mucha bisutería. Además, se presenta muy focalizada en la salud del cuerpo. Tomemos el yoga, por ejemplo, que es una disciplina filosófica y se ha convertido en una gimnasia.

A CADA CUAL SU PROPIA MÚSICA
¿Occidente ha malinterpretado por sistema a Oriente?
Lo peor que ha hecho ha sido tomarlo precisamente como un gigantesco sistema de autoayuda. Esas empresas norteamericanas que envían a sus empleados un fin de semana a superar el estrés con presuntas sesiones de meditación o lo que llaman “equilibrar los chakra” conforman lo que yo califico de “orientalismo de bisutería”. Pero tampoco nos llamemos a engaño, ya que los primeros que hoy en día banalizan el asunto son los propios orientales, que dan muestras de una fiebre por occidentalizarse, tal y como revela su obsesión por la tecnología.
En definitiva, andamos mal de creencias profundas.
La frase con la que George Lucas responde, moviendo los brazos sobre su cabeza, a la cuestión de si cree en Dios, “Creo que hay algo por ahí”, es significativa del espíritu de nuestro tiempo. Predomina un trasfondo agnóstico en todos lados. Incluso los que se declaran cristianos o los budistas hacen predominar la autonomía sobre la ortodoxia. Puedes ser cristiano y practicar el control de natalidad contra las consignas del Vaticano, o no creer en el alma ni en la resurrección de la carne. Me parece estupendo que cada uno escoja del menú lo que mejor le parezca, es un avance absoluto.
Un “self-service” moral y espiritual.
Soy partidario de que cada cual alcance lo que yo llamo su propia música. Ortega y Gasset hubiese hablado de vocación, pero exageraba porque era muy prisionero de la brillantez de sus propias metáforas, y llegó a decir que si un hombre tenía vocación de ladrón tenía que dedicarse a robar. La mayoría de la gente va por la vida sin la propia música, con música prestada, de fondo, que no se corresponde con lo que uno es, de aquí el desenfoque entre la identidad real y la identidad social.
¿Sus libros le salvan, sale de ellos más lúcido, le aclaran las ideas?
Escribo un diario desde los dieciséis años que me ha sido muy útil para verbalizar mis emociones. Por otro lado, la terapia de tipo más oriental, que consiste en distanciarse de uno mismo, también la practico, y con la escritura lo consigues un poco. Te contaré un chiste para que me entiendas… Se encuentran dos amigos y uno le dice al otro, “me he aficionado a practicar la meditación”. “¿Ah, sí? ¿Y cómo te va?”. “ Bien, antes estaba muy deprimido”. “¿Y ahora?”. “Ahora sigo deprimido pero ya no me importa”.
¿Le costó sincerarse en sus diarios?
Con la escritura no siempre se acierta, porque la gente solemos pensar con tópicos, somos muy esclavos del lenguaje y de los paradigmas inconscientes. Ni siquiera cuando hablamos decimos algo real, sino que declamamos. El dietario constituye un hábito crítico a través del cual te revuelves contra la propia inercia de tus lugares comunes. Es útil porque la verdad, en el sentido socrático de la palabra, resulta terapéutica. De hecho, el filósofo actual es más un terapeuta que alguien que descubre verdades nuevas.
En sus diarios, especialmente en “Cuaderno amarillo”, carece de pudor al hablar de su vida íntima.
Yo distingo entre vida pública, privada e íntima. Algunos tienen de la primera, todos tenemos de la segunda, pero casi nadie disfruta de la tercera. Y la vida íntima esta ligada a la trascendencia más profunda. Me resulta mucho más impúdico y obsceno escuchar a un obispo hablar de Dios que a mí hacerlo de sexo.

DISOLVER EL EGO
¿Se considera un optimista?
El optimismo y el pesimismo me parecen dos generalizaciones muy baratas, fraseología de café. No soy ni una cosa ni otra. Con los años he adquirido una cierta paz interior, aunque tampoco demasiada.
¿No le produce una enorme angustia existencial tener en el relativismo el único valor absoluto?
Es que esta nada es la mística. Yo me defino como un agnóstico místico, no soy ateo ni creyente, que me parecen actitudes presuntuosas. Frente al misterio de la realidad, muestro mi asombro radical. En palabras de Walt Whitman “No sé de nada que no sea un milagro”. La condición del metafísico, como la del poeta, es que se asombra de todo pues tiene una sensibilidad estética. Siente un respeto hacia ese nuevo absoluto que, de tan trascendente, no se puede ni nombrar. Antes se le llamaba Dios, que es un ídolo muy desgastado y sobado, habríamos de acogernos a una cura de silencio de siglos respecto a él.
¿Qué experiencias le disparan la sensibilidad estética?
Escuchar una pieza de Bach o tener una experiencia erótica profunda, que a mi edad, todo sea dicho, es muy poco frecuente. Estas vivencias neutralizan la falta de fundamentos absolutos, ese conjunto de verdades y valores en los que habíamos sido educados. Claro que el relativismo puede generar una angustia inmediata. La clave pasa por superar las dos respuestas inmediatas más nocivas, véase el nihilismo puro y el fundamentalismo Para ello hemos de encaminarnos hacia el animal retroprogresivo.
De cara a reconciliarnos con el niño que fuimos y recuperar su mirada cósmica, habla primero de trascender el ego.
El quid está en encontrar algo más importante que tú mismo. El ego es necesario para vivir, como los pulmones y los riñones, porque si careces de él se te come el que tienes al lado. Ahora bien, como postulaba Jung, la primera parte de la vida has de dedicarla a construir un ego fuerte, y la segunda a deshacerte de él, a quedarte solo con uno de carácter funcional.
¿Cuánto ha avanzado en la disolución del ego?
No demasiado, desgraciadamente. A veces digo que el mayor acto de sabiduría consiste en no deprimirse. En este sentido sí lo he conseguido, no tomo pastillas, al tiempo que la filosofía y la escritura me liberan de la angustia. Sigo siendo bastante prisionero de mi ego, pero confío en realizar grandes avances en su superación con el objetivo de hacer mutis más ligero de equipaje.
¿Hay alguna filosofía especialmente adecuada para conseguirlo?
La que más me convence es el taoísmo, que asegura que el hombre es infeliz por causa de los esfuerzos que hace para ser feliz. O lo que es lo mismo, que el hombre ya es feliz por naturaleza y debe desentenderse del tema. Los budistas también sostienen que el deseo del nirvana impide el nirvana. Esta postura del “qué más da” o, aun más importante, “qué más da que sí importe”, te otorga muchísima libertad
¿Cómo boicotea la Iglesia esta aspiración del ser humano a la libertad?
Para empezar, es absurdo que la Iglesia predique una determinada moralidad, pues la moral no tiene nada que ver con la religión, y además no la necesita para nada, tal y como ya dejó bien claro Kant. A la Iglesia la veo hoy como una mera institución de poder, que quiere tener el monopolio de las postrimerías del hombre, de los ritos de paso, de las almas con el sacramento de la confesión hoy tan de baja…
¿Por qué ha hecho de la eutanasia uno de sus caballos de batalla?
Hay quien dice que la defiendo en tanto que influenciado por el orientalismo, pero de eso nada, en todo caso de aquel tomo prestada la desdramatización de la muerte. En tanto que de lo occidental reivindico la eutanasia como uno de los derechos humanos fundamentales que inventamos. Supone el derecho a dimitir de la vida cuando esta se degrada mas allá de unos límites tolerables y dignos. Y solo uno mismo tiene la capacidad de decidir cuándo ha alcanzado ese punto. Ya lo decía Montaigne que, cuanto más voluntaria es la muerte de uno, mas digna resulta. A lo que añado, más musicalmente propia es.

MÁS ERÓTICO QUE SEXUAL
¿Que es lo mejor de envejecer?
Hay pocas cosas buenas, la verdad. Miguel Torga escribió: “tengo la sensación de que todos mis órganos cumplen con la función de vivir de mala gana”. Ahora bien, si envejeces manteniendo el cerebro en buen estado, la cosa cambia. Puedes gozar de mayor libertad, si ya te importa un comino lo que los otros piensen de ti.
¿Qué hay del tópico de que uno se vuelve más sabio?
Yo era mas sabio hace diez años que ahora, pues tenía más vitalidad y podía expresarme mejor. Escribir cada libro requiere un esfuerzo mayor, al igual que me cuesta cada vez mas atarme los cordones de los zapatos.
¿Le teme a la muerte?
El miedo a la muerte se apacigua en la medida en que trasciendes el ego. Hablando de la sabiduría del anciano, esta consistiría en ser por fin capaz de vivir sin miedo y, en ese contexto, la muerte es el gran test. Yo pienso poco en ella. Creo que una de las características de la gente que se encuentra en un cierto camino de la sabiduría es que no le preocupa lo que le pase después de muerto, pues probablemente no le ocurra nada. La muerte, ya lo razonó Wittgenstein, no  es un tema que pertenezca a la vida.
Siempre ha tenido muy buena relación con las mujeres, ha vivido muchos y muy distintos episodios con el otro sexo que, al hacerlos públicos en sus dos libros de memorias, le han acarreado fama de pendón.
No me considero un seductor, sino un seducible. A mí el tipo del ligón me desagrada profundamente porque finge; en cambio, cuando una mujer ve que te interesas realmente por ella, por lo que hace, por cómo soporta la vida, y entras en ese terreno con un cierto appeal verbal y físico, en principio reacciona positivamente. Las mujeres son mucho más perceptivas que los hombres, captan el grado de realidad y de tenacidad en la aproximación que haces hacia ella.  La mujer sensible e inteligente lo que mas agradece es un acercamiento sensible e inteligente. A mí el apartado verbal y la implicación emocional, nunca me han fallado, si acaso la energía del cuerpo. En toda comunicación verdadera ha de haber un mínimo de erotismo incluso entre el mismo sexo. Yo he sido más animal erótico que sexual.
¿Qué es lo más valioso que le han enseñado las mujeres?
A descubrir la parte femenina de mí mismo. Todos somos producto de un machembrado (parte macho, parte hembra.) Esta bisexualidad que todos tenemos, en un sentido a veces mas metafórico que literal, es una enseñanza que me ha aportado mucho en mi relación con las mujeres, ayudándome también a no sentirme solo. Una mujer te puede acompañar mucho.
Texto: Antonio Lozano Foto: Óscar Elías

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Escrito por el feb 25 2009. Archivado bajo Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

3 Comentarios por “Salvador Pániker: El místico que combate su ego”

  1. alfonso

    Resulta curativo tu discurso. Anticipas una perspectiva de las cosas más cercana a ellas que a uno mismo, más cargada de realidad pero aligerada de quien las mira. No encuentro discursos tan maduros. Quizás encabeces un cambio necesario. Gracias

  2. maria

    Gràcies per ajudar-me a pensar millor.Començaré de forma diferent les vacances.

  3. Para tenerlo en la mesita de luz y escuchar su música, gracias señor Pániker por aportar sazón al desazón.
    Marcela

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