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	<title>Comentarios en: Indignación</title>
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		<title>Por: Fran</title>
		<link>http://www.que-leer.com/848/indignacion.html/comment-page-1#comment-722</link>
		<dc:creator>Fran</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2009 16:13:36 +0000</pubDate>
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		<description>La sobreproductividad de Roth de estos últimos años es un mensaje clarísimo a los señores de la Academia Sueca de que, harto ya de salir siempre perdedor en todas las quinielas, y alegando méritos y abundancia suficiente para ser tenido muy seriamente en cuenta, ha decidido declarar su literatura, además de ficción impresa, publicidad promocional. A propaganda resuena también el permanente aire elegíaco, conservado con olorosísimas bolas de naftalina, que Roth emana a raudales en sus últimos proyectos: elegía (irónico título), sale el espectro, o este Indignación huelen, precisamente, a ese mismo aire.

La Academia Sueca, siempre irreverente, y sobre todo permanentemente tentada a desbaratar las ínfulas de los presunt(uos)os aspirantes, parece que ve en Roth al Toy Story con el que trastear y pasar un buen rato pero que, lejos de cualquier deseo de mejor fortuna o agradecimiento por los servicios prestados, tiene su destino final sellado antes de haber comenzado el juego: el cajón con los demás juguetes, primero, el olvido de la adolescencia amnésica, después.

Por eso no entiendo a este Roth que sabe que su actitud, artística y personal, no sólo es difícil que le pueda granjear mayores satisfacciones literarias de las que ya le ha dado, sino que además supone también un lastre pesadísimo para mantener a flote lo más valioso que cualquier creador -sea lo que sea que cree- tiene: la relación con el público. De persistir con este tipo de trabajos y actitudes, y de tener más tiempo para fomentarlas, puede que acabemos asistiendo a la lamentable decadencia de un escritor gigante que, empecinado en regar sus pies para echar más fuertes raíces, acabó imponiéndose pies de barro.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La sobreproductividad de Roth de estos últimos años es un mensaje clarísimo a los señores de la Academia Sueca de que, harto ya de salir siempre perdedor en todas las quinielas, y alegando méritos y abundancia suficiente para ser tenido muy seriamente en cuenta, ha decidido declarar su literatura, además de ficción impresa, publicidad promocional. A propaganda resuena también el permanente aire elegíaco, conservado con olorosísimas bolas de naftalina, que Roth emana a raudales en sus últimos proyectos: elegía (irónico título), sale el espectro, o este Indignación huelen, precisamente, a ese mismo aire.</p>
<p>La Academia Sueca, siempre irreverente, y sobre todo permanentemente tentada a desbaratar las ínfulas de los presunt(uos)os aspirantes, parece que ve en Roth al Toy Story con el que trastear y pasar un buen rato pero que, lejos de cualquier deseo de mejor fortuna o agradecimiento por los servicios prestados, tiene su destino final sellado antes de haber comenzado el juego: el cajón con los demás juguetes, primero, el olvido de la adolescencia amnésica, después.</p>
<p>Por eso no entiendo a este Roth que sabe que su actitud, artística y personal, no sólo es difícil que le pueda granjear mayores satisfacciones literarias de las que ya le ha dado, sino que además supone también un lastre pesadísimo para mantener a flote lo más valioso que cualquier creador -sea lo que sea que cree- tiene: la relación con el público. De persistir con este tipo de trabajos y actitudes, y de tener más tiempo para fomentarlas, puede que acabemos asistiendo a la lamentable decadencia de un escritor gigante que, empecinado en regar sus pies para echar más fuertes raíces, acabó imponiéndose pies de barro.</p>
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