Abraham Verghese: “Hijos del ancho mundo”
Autor: Abraham Verghese
Traductor: José Manuel Álvarez Flórez
Editorial: Salamandra
640 páginas. 20 euros.
CUATRO TINTEROS
En 1954, en un hospital de Etiopía nacen dos gemelos, Marion y Shiva, y la madre, una monja ayudante del cirujano, muere durante el parto. El presunto padre, el cirujano, roto de dolor, desaparece. Los niños crecen tutelados por una pareja de médicos del mismo centro, que les inculcan a los dos el amor a la cirujía. Los dos muchachos se van haciendo mayores dentro del régimen de Haile Selassie y posteriormente en el del siniestro Mengistu.
Hijos del ancho mundo es, básicamente, la novela de un médico. No resulta nada raro que un profesional de la medicina escriba y que, además, lo haga magistralmente. Hay casos memorables. Ahí están dos ejemplos deslumbrantes y dispares: Chejov y Céline. Pero tanto el ruso como el francés eran más escritores que médicos. Verghese no. Con ello no quiero decir que no sea un buen escritor. Es más, estoy convencido de que estamos ante una de las mejores novelas publicadas durante lo que llevamos de año.
El suyo es un planteamiento temático sobre el que, de entrada, muchos podrían intuir una deriva morbosa: una monja da a luz a gemelos en un hospital de Adís Abeba, fruto, parece ser, del cirujano jefe. Pero el escritor no saca ninguna puntilla de este acontecimiento.
El relato, con sus personajes, algunos memorables, atraviesa tres continentes: Asia, África y América, y casi medio siglo. A pesar del periplo, apenas se describe ningún paisaje: el escenario principal de los tres puntos geográficos es el quirófano. Y el principal personaje es la medicina.
Grandeza moral
Nos encontramos, pues, ante una soberbia reivindicación de la ciencia médica como la cúspide suprema de las humanidades, contada de una manera profundamente conmovedora. Al leer la novela, el lector constata lo que por otra parte seguramente ya sabía: la grandeza moral, no ya de la medicina, sino del médico. Pero en el texto todo ello se le hace muy presente gracias a las artes del autor, que, conociendo ambas disciplinas, la escritura y la medicina, evoca un mundo, un espacio ético, tan impregnado de ternura como de dureza.
La prosa de Verghese es diáfana, directa, sumamente evocadora y de una precisión quirúrgica pero, sobre todo durante la primera mitad del libro, puede resultar al lector impulsivo excesivamente pasiva y lenta. No hay que desanimarse. Continúen y háganlo hasta el final, pues las últimas doscientas páginas son tan arrolladoras, tan hechizantes, que uno no puede dejar un libro que parece que se le haya pegado entre las manos.
Antoni Gual








Me siento torpe, el libro es genial, pero creo que se que las diez últimas páginas, con el tema de la carta, no lo tengo muy claro.
De los libros que más me han gustado, derrocha humanismo, todavía cuando recuerdo algunos pasajes, me emociono, extraordinario!
Un viaje por el destino, el amor, los miedos y la amistad. Un viaje, cuyo destino es la esencia del ser humano.
para la Editorial:
Ilustración de portada, muy adecuada
Foto del autor, una expresión felicísima, en el contexto del libro
UN DERROCHE DE HUMANISMO, DE LO QUE TANTO NECESITAMOS
GRACIAS AL AUTOR Y UN FUERTE ABRAZO
Es un libro apasionante, lleno de sentimientos.La prosa es maravillosa, desde el principio hasta el final.
Para mí es sencillamente magnífico. Y la primera parte no tine absolutamente nada que envidiar a la segunda.
A mi me apasionó! desde el principio hasta el final!
Es un buen libro; efectivamente la primera mitad es algo lenta, pero la segunda es fantástica.