Fernando Vallejo: “No soy yo, es un loco…”

En “El don de la vida” (Alfaguara), la nueva novela del colombiano Fernando Vallejo, un hombre, rendido ante la maldad, la desesperanza y la farsa del ser humano, repasa a los vivos y a sus muertos. Texto: Begoña Piña  Foto: Archive

Enemigo de la hipocresía, de la simulación y la falsedad, de la mojigatería y el comedimiento, Fernando Vallejo no ataca nunca por los flancos, siempre va derecho al grano, y de esa franca embestida ha conseguido arrancar, paradójicamente, un refinado estilo literario, completamente despojado de adornos, despiadado y brutal. Enojado con España por la Ley de Extranjería, el escritor colombiano no ha vuelto a viajar a nuestro país, así que se ofrece a contestar a las preguntas de una entrevista por correo electrónico. Parapetado tras las trincheras de la distancia, repentinamente escurridizo, no desprecia ni una cuestión, pero rehúye explicarse en todas ellas.

Escrito en primera persona, como todos sus libros, en El don de la vida, su nueva obra, un hombre habla con la muerte mientras observa a jóvenes –algunos niños– chaperos que desfilan delante de él. Excepto por alguna escapada rápida para comprar los servicios de alguno de estos muchachos, el protagonista dedica su tiempo a hacer balance, a repasar su “libreta de los muertos”, a hacer “inventario general por cierre del negocio”. Los grandes amores, los encuentros sexuales más sonados, la música amada y los escritores detestados, la enfermedad de Alzheimer que comienza a atacarle, los males que aquejan a Colombia, los recuerdos familiares… van componiendo el mapa vital de un hombre ya vacío, cansado, desesperanzado. Un escritor, autor de “veinte [libros] más el que relincha”, que suspira por los cuerpos tiernos de los chicos adolescentes, que se ha declarado adversario hasta la muerte de la Iglesia católica y de su Papa, que desprecia a los seres humanos empeñados en aumentar el problema de superpoblación del planeta y que ama a los perros.

Y, aunque en primera persona, y aunque enemigo de la iglesia católica, y aunque autor de “veinte más el que relincha”, ese hombre, astuto, provocador, directo, no es Fernando Vallejo: “no soy yo, es un loco, no hay que hacerle caso”.

Una tomadura de pelo

¿Por qué ha titulado El don de la vida un libro que trata, en sus propias palabras, de la “bendición de la muerte”?
Por ironía, por burla, pues la vida es una desgracia.

Hace un par de años dijo que ya no tenía “más que decir”…
Ahora es cuando tengo, cuando empiezo. Mientras exista la iglesia católica viviré. Tengo que acabar con ese engendro.

Usted habla en nombre propio en sus libros y aquí el personaje tiene los primeros síntomas del mal de Alzheimer. ¿Anuncia una pérdida ficticia de la memoria para apuntar su muerte literaria?
La memoria se me ha mejorado tremendamente en los últimos años. Al paso al que voy, voy a terminar como Funes el memorioso, el personaje ése de Quevedo y Borges, que no olvidaba ni un agravio ni el movimiento de una hoja.

Este libro es una conversación con la muerte. ¿Un diálogo con su propia muerte?
Es una tomadura de pelo.

En el libro, la muerte es un descanso, el cese del dolor por el sufrimiento propio y ajeno. ¿Así la percibe usted?
La muerte propia es el descanso ajeno. ¡Cómo me gustaría que se murieran siquiera seis mil millones de estos bípedos pentadáctilos que hoy empuercan el planeta! Incluyendo a mi mamá. Ah no, ésa ya se murió. Descansó y descansamos de ella.

En El don de la vida, ¿hay intención de hacer inventario?
Ningún inventario. Eso del inventario es un pretexto mío para insultar gente.

El personaje lleva una “libreta de los muertos”. ¿Es la suya propia?
Sí, es la mía, y cuando la cierre con el que escribe la van a subastar en Sotheby’s por una millonada. ¡Lo que no olí en vida con mis libros! Así es esto.

En alguna ocasión ha dicho que vive “desesperado y así me voy a morir”. ¿Qué le causa tal desesperanza que es incapaz de librarse de ella?
Nada de eso. Vivo feliz, en medio de un jardín de infantes. “Dejad que los niños vengan a mí”, dijo el loquito de Galilea.

Sus opiniones sobre la iglesia católica y la religión en general han escandalizado especialmente. ¿Tiene ganas de más bronca cuando escribe: “Mahoma fue pederasta”, “Escrivá de Balaguer, la mierda de la mierda humana” o, refiriéndose a Jesucristo, “la máxima patraña de la humanidad es la de uno que ni siquiera existió” y “¡cuánto me habría gustado estuprar a ese muchacho!”?
El que dice “yo” en mis libros no soy yo, es un loco. No hay que hacerle caso.

¿Cuánto hay de provocación premeditada en la defensa de la pedofilia que hace el personaje de esta obra?
No me gusta esa palabra que usted usa. Diga más bien pederastia. Y sepa que yo no defiendo la pederastia. Defiendo a los curitas masturbadores, que es otra cosa. Y al Papa. ¡Pobre! Con un polvo atrancado ochenta años… Va a explotar.

Desde el libro demuestra desprecio por el afán procreador del ser humano, especialmente ahora en un planeta superpoblado sin recursos para mantenerse…
Que tengan hijitos muy bellos, que los cuiden mucho de los pederastas y que les vaya bien. Ah, y a ver si no les sale un hijo pederasta. Porque entonces aquí sí va a ser el acabose.

Cuando escribe: “Aquí estoy para recordar a mis conciudadanos lo que quisimos ser y no pudimos”… ¿está definiendo su intención como escritor?
¡Para nada! Yo siempre he hecho lo que he querido y me ha ido muy bien. Me refiero a Colombia la amargada, la fracasada, la limosnera, la damnificada, la ladrona, la asesina, la pobre.

Una vez más habla de su país, de la violencia, de la pobreza… y asegura que todos los males de Colombia se deben a la iglesia y al gobierno. ¿Cree que existe alguna solución para los problemas de su país?
Sí. Las bombas atómicas que China desperdicia en pruebas subterráneas.

¿Es verdad que está “blindado a la lisonja”?
Depende de quién provenga. Si es de una belleza, no. Entendiendo por “bellezas” los que usted sabe.

Al personaje, el tiempo le ha dejado vacío de amores y de rencores y le ha quitado las ganas. ¿A usted le ha hecho el mismo efecto el paso del tiempo?
¡Para nada! Cada día estoy mejor.

“Ya lo único que quiero es que se acabe de morir el español o el castellano o como quieran llamar a esta mierda”. ¿Por qué?
Por feo. Hoy por hoy sólo Álex Grijelmo cree que es bonito.

Ha dicho que éste sería su último libro. ¿Es verdad? No volverá a escribir otro?
Eso lo digo siempre, pero ya no cumplo ni años.

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Escrito por el may 31 2010. Archivado bajo Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

6 Comentarios por “Fernando Vallejo: “No soy yo, es un loco…””

  1. ana sofia

    definitivamente fernando vallejo sos el mejor ambos somos unos antisociales de mierda

  2. juan perez

    Lo que pasa señores es que fernando escribe con mucho rencor y dolor, y cuando lo entrevistan, el se burla de esas cosas. Los invito a que vivan la historia de colombia, de su natal medellin y de otras tantas cosas de las que el trata en sus libros, solo asi podrian entender deque tratan susargumentos. es facil decirque novale nada su obra y que lo hace para comer, (el ultimo premio que recibio por una novela, lo donó a una findación que cuida animales, creo que FV no aguanta hambre) y si quieren ver un bosquejo de su querida Colombia, solo vean la pelicula sobresu obra “la vidgende los sicarios”, le queda en pañales a lo que se vivie en ese hermoso pais enel dia a dia.

  3. Francisco Fraile Miguel

    Las expresiones de F.V. en esta entrevista son suficiente para cuidarme de no leer nada escrito por él. Realmente razona como un enajenado y dispara ofensas para todos lados y luego se excusa diciendo que no es él quien las expresa. Valiente F.V. Debiera ir al siquiatra para que le trate su aversión a la sociedad.

  4. Anonymus

    Uno de los mejores consejos que he recibido de alguien es; “ten cuidado con los moralizadores”. En este momento Vallejo es el más grande moralizador de habla hispana. Lástima que, por sus limitaciones genéticas y las circunstancias tercermundistas (mentales) que le ha tocado vivir, no alcance el nivel de Cioran. Estaré esperando con tranquilidad su novela para hojearla y reafirmar dos verdades; mi tozudez, por no evitar lecturas inútiles y la frecuente reincidencia de Vallejo que sigue escupiendo contra el viento…

  5. Juan

    ¿Y este enfermo tiene algo que aportar? Menuda entrevista. Hacérsela de nuevo cuando no haya bebido. No hay ni una solo respuesta normal. Ya se ve que para vender tiene que provocar, si no sería un muerto de hambre.

    Salud.

    • Cesar

      jajajajajaja por eso Fernando Vallejo es un escritor con exito y tu eres… ¿a ver?… Juan… jajajajaja o sea… Juan… un cero a la izquierda

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