Javier Calvo: el mago de la ciudad condal

El autor de “Mundo maravilloso” ha conseguido llegar al corazón mismo de la Ciudad Condal con “Corona de flores” (Mondadori), un policiaco en la mejor tradición de la literatura victoriana que narra una serie de cruentos asesinatos en la Barcelona borbónica de 1877. Su novela más accesible hasta la fecha es también su mejor trabajo, una apasionante historia donde religión y ciencia se ven las caras.

Texto: Manu González Fotos: Mario Krmpotic’

Quiero algo ameno y divertido, no cuatro páginas contigo y Calvo hablando de misticismo y Barcelona mágica…Esta fue la advertencia que el jefe de redacción me puso sobre la mesa cuando le dije que tenía muchas ganas de entrevistar a Javier Calvo (Barcelona, 1973) con motivo de la edición de su último trabajo en Mondadori (su editorial de siempre), Corona de flores, conociendo la afición que el autor y yo compartimos por ciertos elementos mágicos o esotéricos de la historia de esta ciudad, o por los magos ingleses. La historia de Corona de flores me pareció atractiva desde que leí su enrevesada sinopsis en la página web del autor. Una novela de misterio en una Barcelona decadente, en pleno siglo XIX, cuando el Ensanche no eran más que campos de labranza y el vulgo vivía hacinado a la sombra de la montaña de Montjuïc. Una urbe que nos puede llegar a recordar demasiado al Whitechapel de Jack el Destripador, aunque cambiando la niebla sempiterna de Londres por el Dosel de Sombras de la polución de la época.

Quedo con el autor de El dios reflectante en el famoso Bar Raval, un establecimiento mítico de Barcelona situado en el mismo barrio que le da nombre, un día en que parece que el cielo quiera tragarse la ciudad (como en el final de Corona de flores). Llego primero y el local está vacío. No hay fútbol pero el tiempo invita poco a abandonar la comodidad del hogar. En mi poder, una grabadora y una batería de preguntas en las que confío poco para poder darle a mi jefe de redacción un artículo divertido. Porque, como el propio Calvo declara en su blog, “somos gente victoriana, señores”. Aquí hay poco espacio para la risa y sí mucho de magia, literatura y, sobre todo, Barcelona.

Literatura victoriana

Si hay algo que diferencia al autor de Risas enlatadas y El dios reflectante del Javier Calvo de Los ríos perdidos de Londres, Mundo maravilloso y de esta Corona de flores es que estamos ante un narrador que ha madurado y que ha encontrado su propia voz, alejada de las modas, en la literatura inglesa de la época victoriana. La primera pregunta de mi cuestionario estaba bastante clara : ¿Por qué te gusta tanto la literatura victoriana? “Porque le gusta a todo el mundo, ¿no?”. Le digo que no y me pregunta si a mí me gusta. Le tengo que responder que claro, que me encanta. “Pues ahí lo tienes”. Después de reírnos por la ocurrencia, Javier reconduce la conversación. “La literatura popular victoriana, desde Dickens a Conan Doyle, le suele gustar a todos los niños y adolescentes. Es un tipo de literatura muy inmediata y seductora, desde los personajes a la atmósfera. Ten en cuenta que mucha literatura actual no se puede entender sin la literatura victoriana. Es un género en sí mismo. Es un referente popular que todo el mundo entiende y al que se puede dar mil vueltas”.

No puedo dejar de comentarle el steam-punk (cuando la época victoriana se convierte en auténtica ciencia-ficción), un estilo del que me considero fanático, cuando Calvo me habla de Alan Moore, pero sus preferencias son más clásicas. “Yo no tengo conocimientos exhaustivos de literatura victoriana. Te aseguro que conozco lo que conoce casi todo el mundo, soy muy fan de las aventuras de Sherlock Holmes y de la serie que protagonizó Jeremy Brett y todos aquellos crossovers de personajes literarios victorianos”.

Aunque Los ríos perdidos de Londres (y sobre todo el cuento de Mary Poppins, los ríos perdidos) le acerquen a la época victoriana, Calvo no es un autor que haya centrado su obra en el Londres contemporáneo al Conde Drácula o Sherlock Holmes. De hecho, cada vez que se ha acercado a la capital del Imperio Británico ha sido en una vertiente más posmoderna. Como en El dios reflectante, que “está ambientado en Londres porque necesitaba un entorno cosmopolita para la trama, un lugar en el que fuera creíble toda una superproducción cinematográfica y una ciudad con mucha tradición de mezcla cultural. Había una historia también como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente, y en aquella época pensé que si centraba la narración en Barcelona quedaría fatal y poco creíble. Quería hacer algo como La noche americana de Truffaut, basado en el mundo del cine y con muchos personajes. Simplemente elegí Londres porque era la ciudad que conocía donde podía suceder una historia así”.

Pero eso es algo que nunca más va a suceder. La niebla de Londres continúa estando en su corazón, pero Calvo se ha trasladado a terrenos más conocidos: la Ciudad Condal. “A partir de la tercera novela hice un pacto solemne como narrador, no volver a poner a Londres en ningún sitio y decirme a mí mismo: ‘eres un escritor de Barcelona, tus libros tienen que pasar en Barcelona’. Llevaba casi tres libros hablando de Londres y llegué a encontrarlo ridículo. Me gustan mucho los escritores cuyas historias sólo pueden pasar en Barcelona, autores como Mendoza, Casavella o Kiko Amat, gente que hacen un género puramente barcelonés”.

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En la Barcelona mágica

Su primer libro ambientado en la Ciudad Condal fue la epopeya de Mundo maravilloso, una novela-río repleta de personajes extraños por la que le llegaron a comparar con el legendario escritor Joan Perucho. “Aunque hay algo que no me gusta de Mundo maravilloso. Creo que los personajes y la trama estaban bien, pero no estoy muy contento con el tratamiento que le di a la ciudad. Ahora la leo y me parece que está muy desdibujada. Si la volviera a escribir intentaría que Barcelona fuera más real y reconocible. La única explicación que le doy es que era la primera vez que escribía sobre Barcelona… pero podría tranquilamente haber ocurrido en otra ciudad”.

Pero es cierto que Los ríos perdidos de Londres y Mundo maravilloso forman parte del otro Javier Calvo, aquel que ha huido de las modas y la modernidad para adentrarse en un territorio único, el de su propio estilo. “Los dos primeros libros me gustan, al fin y al cabo los he escrito yo. Pero tratan más sobre la identidad del sujeto en un mundo mediático, en una cultura pop. Es una literatura muy de la época, muy 1990… muy epigonal, al estilo de Don DeLillo, por ejemplo. Estoy a favor de que exista una literatura generacional, muy influida por los tiempos, pero llega un momento en que tienes que preguntarte qué quieres contar tú como escritor. En mis primeros libros me dejé llevar mucho por las modas, hice una literatura moderna y muy sofisticada, hasta que llegó el momento en que decidí dejar de hacerlo porque ya lo estaba haciendo otra gente, y busqué otro tipo de discurso. Hay un tema que actualmente me interesa más: el momento en que la religión entra en conflicto con el progreso o la modernidad”.

Le pregunto cuál fue el momento en que decidió tomar este camino. Me sonríe. “Si me enrollo mucho dímelo, porque no tengo capacidad de síntesis, por eso escribo libros de ochocientas páginas”. Pero Corona de flores es más corto, le contesto. “Este libro es un éxito para mí, créeme… Hubo un momento en que quise entender la literatura como un acto mágico, algo que me transformara como individuo, como si fuera un conjuro. Hay un mago y pintor llamado Austin Osman Spare, contemporáneo de Alesteir Crowley, de la época de entreguerras, que creó un sistema de signos mágicos basado en el azar y el subconsciente (todo muy freudiano, hacía dibujo automático y a partir de estos dibujos creaba conjuros). Yo también decidí confiar en el azar para escribir: elegir varios temas casi sin ninguna relación entre sí pero que tuvieran un gran atractivo para mí, que fueran estimulantes”. Su primera historia con este peculiar método fue la ya mencionada Mary Poppins, los ríos perdidos. “En este cuento, los elementos fueron el personaje literario de Mary Poppins, una canción de Coil, los relatos de Sherlock Holmes y las sociedades secretas victorianas. Hice una lista y decidí hacer un relato con todo esto. Para mí funcionó como un conjuro porque cambió toda mi forma de escribir, introdujo toda esta cosa mágica que se ha ido repitiendo. Fue un momento de revelación, como un momento místico, si quieres llamarlo así”.

Un dúo muy Calvo

Corona de flores sorprende en la carrera del autor de Mundo maravilloso porque es un libro de misterio atractivo, terriblemente adictivo y narrado de forma lineal. Atrás quedaron sus largas epopeyas defragmentadas con muchos personajes. “Uno tiende a escribir lo que le gusta leer, y a mí me gustan mucho las novelas largas. Para mí son como las series de televisión, consideradas como narraciones gigantescas. ¿Por qué la gente está tan enganchada a Perdidos? Porque es una historia de mil páginas. Como escritor tiendes a replicar eso. Fue lo que pasó con Mundo maravilloso, que comienzas a meter y a meter y acabas con un libro de ochocientas páginas. Gracias a Dios mi editor me quitó bastantes cosas y llegó a las tiendas con sólo seiscientas. Pero si hubiera sido por mí, hubiera seguido metiendo subtramas y personajes hasta cansarme, porque me gusta y me divierte. Pero cuando haces este tipo de historias estás excluyendo a un tipo de lectores que no se van a leer un libro de estas características”.

Cuando le comento que podría haber escrito su primer best seller, Calvo se ríe de mí. “Sobre los ingredientes del éxito se puede hablar más de diez horas y nunca estaremos de acuerdo. Mira, hace poco que volví a coger el metro, porque durante una época no salí de mi barrio del Raval. Ahora tengo que llevar a mi hija a una guardería que está muy lejos. En el metro me enfrenté a lo que leía la gente. Hay dos tipos de lectores: uno son seguidores de Stieg Larsson y otros son fans de Crepúsculo, y no había nada más. Ni Javier Cercas ni Dan Brown. Nunca he leído a Larsson, pero vi la primera película de la serie Millennium con mi mujer y aluciné. Esa historia tiene incesto, violación, sexo anal, nazismo, asesinato en masa… tiene todas las aberraciones y tabúes de la sociedad moderna. Eso es lo que leen las amas de casa. ¡Es lo que lee mi madre! Cuando me di cuenta de lo que todo el mundo leía en el metro me dio un shock. Pensaba que Corona de flores era una atrocidad y mi editor y mi agente se reían de mí. ¡Cuando vi Los hombres que no amaban a las mujeres me di cuenta de que mi libro era muy inocente!”.

Con Corona de flores, Calvo intenta plantear una serie de novelas de misterio “protagonizadas por el policía Semproni de Paula y el médico Menelaus Roca, pero también es el conflicto de la ciudad antigua, esa mezcla de fortaleza, templo y cementerio marcada por la muerte, contra la ciudad moderna que comienza. El momento en que la ciudad derroca sus murallas y se extiende más allá”. Son dos personajes muy Calvo: Semproni es el jefe de policía pero tiene cuerpo de niño y Menelaus es un inteligente pero abominable anatomista al que llaman “Trasgo”. “Menelaus es la ciencia, pero quería que fuera la parte más visceral y zombi de la ciencia. No tiene amigos, no quiere a nadie…”. ¿Como Sherlock Holmes? “No, no, Holmes es un personaje muy emocional, pero es inglés y no puede mostrar esas emociones: es un amigo leal, por ejemplo. No sabemos en ningún momento si Menelaus siente algo, sólo tiene un objetivo: una fijación por encontrar el motivo único de la vida. Es lo contrario al impulso religioso, que consiste en no analizar nada y seguir simplemente un ritual, como su antagonista”. Comprenderán ustedes que no desvele el nombre del malo de la función para no chafarles el final, para descubrirlo tendrán que recorrer la Barcelona del siglo XIX de la mano de Javier Calvo.

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Escrito por el may 28 2010. Archivado bajo Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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