Los 11 grandes de Europa: recorrido cultural por un continente
Por primera vez, un español se atreve con la titánica tarea de compilar la historia de nuestro continente. El autor de “Europa. Las claves de su historia” (RBA) escoge aquí los once que constituyen el equipo titular de una supuesta selección que jugara la Champions League del proyecto europeo. La táctica es un 1-4-4-2. Texto: José Enrique Ruiz-Domènec Ilustración: Mikel Casal
Europa es la gran desconocida. El debate público sobre su futuro descansa en lugares comunes sobre su pasado, como esa imagen habitual de una Edad Media oscura, sucia y opresiva, que nunca existió. Hoy más que nunca debemos situar los hechos en su exacta medida. Es el trabajo del historiador. Mi trabajo. A menudo se confunde Europa con Occidente, como si fueran dos conceptos sinónimos; otras veces se desprecian personajes clave porque no se entienden; las más se olvidan períodos o pueblos enteros porque no encajan en nuestros actuales sistemas de valores.
Europa constituye un ordenamiento complejo de la realidad económica, social, política y cultural con 1.500 años de vigencia, resultado de un esfuerzo secular por integrar los valores de la civilización grecorromana con los impulsos de renovación procedentes del mundo germánico, eslavo y de las estepas. Lo de las invasiones bárbaras es un tópico a desterrar: el imperio carolingio fue un brillante proyecto político que renovó la tradición clásica además de un robusto mestizaje social y cultural.
Tres momentos claves marcaron el devenir histórico de Europa. En el siglo XI, nuevos pueblos aportaron su cultura a la casa común, húngaros, daneses, noruegos, suecos, búlgaros; la conquista normanda de Inglaterra acercó la isla al continente; los nacimientos se multiplicaron, las ciudades crecieron, el comercio se reactivó, se acrecentó la riqueza y la confianza en los hombres de negocios; la iglesia se renovó por la reforma gregoriana. Los europeos se sintieron fuertes y se volvieran audaces. Provocaron un cambio profundo en las condiciones del trabajo campesino, con la aplicación de nuevas técnicas y apostaron por el espíritu de invención. Forjaron el arte gótico, promovieron la literatura y un vuelo del pensamiento que cristalizó en la creación de las universidades. El siglo XV fue el segundo momento, el del Renacimiento, los descubrimientos geográficos, el humanismo, la Reforma, la creación de un derecho internacional en las relaciones políticas, de una cultura musical y literaria a favor de la persona y, coronándolo todo, la aparición de la honestidad en la conducta moral y de la sensibilidad en la vida privada. El siglo XVIII fue el tercero. La Razón como norma del comportamiento rector en la vida social, política y cultural. Se debate la idea de la naturaleza y se cuestionan los privilegios ligados al nacimiento; es el momento en que se asientan la libertad, la igualdad y la fraternidad. Se forjaron así los fundamentos del actual estilo de vida, completados después por el romanticismo que impulsó la emancipación personal y el sentimiento amoroso.
El estadista que creyó en el cristianismo
Se le conoce como Constantino el Grande, el emperador que fundó en el solar del viejo puerto marítimo de Bizancio una ciudad con su nombre: Constantinopla, a la que hoy llamamos Estambul tras ser conquistada por los otomanos. Vencedor de su oponente Magencio en Puento Silvio, dictó un acuerdo que se conoce como el Edito de Milán, que permitía la libertad de culto a los cristianos hasta entonces perseguidos, el acto más audaz que nunca haya realizado un estadista, ya que desafió las creencias de la mayoría de sus súbditos, asentadas en un panteón presidido por la tríada capitolina, Júpiter, Marte y Quirino. En los doce años siguientes (313-325) transformó el cristianismo, que dejó de ser una secta de vanguardia para convertirse en una Iglesia vinculada al Estado, responsable de una misión en el mundo como prueba el Concilio de Nicea, donde se fijaron el dogma, la pastoral y los principios morales que debían regir a todos los feligreses. Asentó así unas raíces cristianas para Europa, un hecho que sería más decisivo cuando las regiones cristianas pertenecientes al Imperio romano en Asia Menor y el norte de África se hicieron musulmanas. También ayudó a su madre Helena a recuperar el legado cristiano de Jerusalén, encontrando los lugares de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret.
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El líder de una Europa renovada
El día de Navidad del año 800, Carlomagno se coronó en Roma emperador de un Imperio europeo que integraba la tradición latina y la germánica. Culminaba así la revolución política de su familia, desde que su abuelo Carlos Martel venciera en la batalla de Poitiers a los árabes: esta batalla y esa familia son consideradas los pilares de Europa. Con la ayuda de Alcuino de York, un sabio surgido del think tank de Northumbria inspirado por Beda el Venerable, fomentó una cultura unitaria, para lo que difundió un tipo de letra en la escritura, la minúscula carolina, que es exactamente la letra que usamos a día de hoy; creó una moneda única (prefiguración del euro), una organización territorial, una reforma agrícola, un orden social, unas normas políticas, culturales y religiosas, sin olvidar el desarrollo del arte como el de la Capilla Palatina de Aquisgrán. Amplió los acuerdos internacionales con el califato abasí de Bagdad y mantuvo buenas relaciones con Harún al-Rachid. Su reinado se convirtió en leyenda, cantada aún en el siglo XII por los peregrinos que acudían a la tumba del apóstol Santiago en Compostela.
El pintor del color de Europa
A comienzos del siglo XIV, Giotto encontró el lenguaje pictórico adecuado a la cultura europea. En la capilla de la familia Scrovegni de Padua convirtió el color azul abstracto en el soporte de las imágenes, poniendo fin a la supremacía del fondo de oro, que durante siglos perduró en los iconos rusos. Esta revolucionaria forma de entender el espacio pictórico sirvió para reflexionar sobre el sentido de la historia de Europa y sobre su prometedor futuro, apostando por el color que mejor la define. Con él comenzó un período de grandes artistas que perfeccionaron y culminaron sus procedimientos, nombres claves de la pintura europea, que en apenas tres siglos convirtieron la pintura en un gran arte europeo, sólo comparable por su amplitud y grandeza a la música: Van Eyck, Masaccio, Leonardo, Rafael, Tiziano, El Greco, Caravaggio, Rubens, Rembrandt o Velázquez. Una lista impecable.
El reformador de la conciencia
El destino de Martín Lutero fue enseñar el camino de la conciencia, y no sólo el de los hechos, en el compromiso moral de un individuo con la sociedad. Luchó por ese principio contra el poder imperial representado en Carlos V y llamó al pueblo alemán a que le siguiera. Consiguió renovar las bases de la espiritualidad tanto entre sus seguidores como entre sus oponentes, entre los cuales destacaría Ignacio de Loyola. El debate de ideas religiosas constituyó en un principio la separación de la teología del dogma, del examen de conciencia individual de la pastoral, del rezo privado del ritual callejero. Abrió nuevos espacios mentales a los europeos al indicarles que su destino estaba en el trabajo bien hecho, en la firmeza de carácter, en la rectitud moral y no sólo en la representación pública de la devoción, y, sobre todo, permitió distinguir el hecho religioso de la conducta social, estableciendo la división entre lo espiritual y lo secular.
El hombre que dio sentido a la novela
Durante años, en medio de una España a la deriva por la corrupción política y el descrédito social cuando reinaba Felipe III, Cervantes escribió la obra que mejor definió la situación del europeo ante la modernidad. Tras una vida de infortunios, apresada en el desengaño, creó el lenguaje adecuado para la novela moderna a través de las aventuras en tono de parodia de un caballero andante llamado Don Quijote. Una mirada de fina ironía humanística sobre los errores del poder y la necesidad de recuperar el pulso de la realidad, escrita con sentido del humor y precisión en el lenguaje. Desde esa posición, y avanzando por el carril izquierdo, la herencia de Cervantes impactó en los grandes novelistas Sterne, Diderot, Tolstói, Flaubert, Nabokov o Kundera, y en cineastas como Chaplin, cuyo famoso personaje recupera el sentido de la crítica cervantina para denunciar la condición del ser humano ante la opresiva industrialización de los tiempos modernos. Por enseñarnos a mantener el orgullo ante el poder, Cervantes es un baluarte sin fisuras en la defensa del estilo de vida europeo.
El músico de los grandes sueños europeos
En medio del gran cambio histórico que supuso el siglo XVIII (el Siglo de las Luces, de la Razón, de la Enciclopedia), apareció Mozart, el hombre universal por antonomasia, el individuo capaz de distribuir todo el juego que la cultura europea llevaba en su seno. Toda su vida fue una apuesta por ganarle la partida a la muerte, una vida acelerada que convirtió a un niño prodigio en el mayor talento musical de todos los tiempos. Dominaba todos los lenguajes musicales, convirtió la ópera en una mirada crítica a la sociedad, mostró el camino de la verdadera rebeldía, propuso luchar contra el despotismo de los nobles (Don Giovanni), la impostura (Così fan tutte) o la venalidad de la clase política (La flauta mágica). También se enfrentó con el misterio de la muerte al componer un Requiem para sí mismo. Decir Mozart es decir la música, y hablar de música es hablar de Europa.
El escritor que convirtió el mito en literatura
Cuando se supo que el ser humano era algo más que razón y necesidad, cuando se supo que era también sentimientos, apareció Goethe para recrear la figura del joven Werther, uno de tantos muchachos que se preguntan por el futuro y no encuentran respuesta. Gracias a ese hallazgo, Goethe legitimó el Romanticismo, ese rasgo de la cultura sin el cual Europa sería muy diferente; enseñó el camino de las “afinidades electivas”, el valor del pasado, los sueños de un mundo mejor y, sobre todo, a valorar la educación. Unificó las lenguas de Alemania en una lengua literaria posible para todos, y luego dio vida al gran mito europeo, a Fausto, con su deseo de saber que le lleva a pactar con el mismísimo Diablo a cambio de un retorno a la juventud para poder seguir con su empeño de amar a Margarita. El mejor amago a esa broma de la naturaleza que consiste en haber hecho la vida humana tan cruelmente corta.
El héroe dañado por sus errores
Queriendo situarse en el centro, Napoleón se escora hacia un lado para construir una Europa no por las bellas palabras de la revolución francesa, libertad, igualdad y fraternidad, sino por las armas. Tras regresar de Egipto, a donde acudió al frente de una legión de sabios que entre otras cosas encontraron la piedra Rosetta con la que los secretos de los faraones pudieron conocerse, Napoleón quiso doblegar a las naciones a una sola voluntad, la suya. Emprendió guerras por todos lados, lo que levantó contra él a las viejas monarquías absolutas de Austria, Rusia y Prusia, pero también a los parias de la tierra, como los guerrilleros españoles. En su propio país, Francia, creó un cuerpo legislativo y fundamental, vigente todavía hoy, lo mismo que una sólida administración, base del Estado. Su legado fue criticado por muchos, pero elogiado por Stendhal en Rojo y Negro, probablemente la novela francesa más importante de todos los tiempos, escrita en los fríos y grises años posteriores a la gran fiesta napoleónica, los años de la Restauración absolutista, donde la carrera de un individuo ya no la decidía el talento personal sino la prebenda de un sistema corrupto.
El financiero que creyó en la paz
Mientras Europa se curaba de las heridas de las guerras napoleónicas, en Londres apareció Nathan Rothschild para transformar los principios económicos que configuran la riqueza y la pobreza de las naciones. Creó así unas nuevas normas de juego; un sistema más amable, más atractivo, donde a través de bancos y cajas de ahorro se financiara la paz y no la guerra. Se crearon así las bases de una prosperidad material que condujo a la segunda revolución industrial y a la generalización de bienes de alta tecnología para toda la sociedad en el campo de la salud pública, el urbanismo, las obras públicas, la higiene social, el confort. El progreso transcurre en la dirección de la conciencia del yo y de la libertad.
El sabio que descubrió la dimensión oculta
El mayor regate a la historia fue descubrir el valor del sueño; ésa fue la tarea del doctor Freud. Un hombre clave para un momento decisivo. La humanidad necesitaba conocer todas aquellas cosas que se niega a admitir y que permanecen entre sombras, el amor y la sexualidad, la violencia y la envidia, el odio y las fantasías narcisistas, la arrogación y la ilusión devota. Llamó “sublimación” a la transferencia de las emociones más básicas en el ámbito del arte o la literatura; por eso les vio dimensiones terapéuticas. Lo hacía todo bien, aunque a veces se equivocaba, tal era el alcance de sus ideas y de sus propuestas. Perforó la meta de los prejuicios humanos más de mil veces, con precisión, talento y abnegación. Fue perseguido por ello, pero siguió con su trabajo incluso cuando, ya anciano, la Gestapo lo expulsó de Viena y se trasladó a Londres. El alma de Europa fue diferente tras su paso por la vida.
La voz de la conciencia europea
La física estaba destinada a ser la táctica intelectual que más perforara la meta de los prejuicios ancestrales; y en su gran renacer apareció Einstein, un hombre singular, portador de una idea genial, revolucionaria, que transformó para siempre el concepto de cosmos y con él la situación del hombre en el mundo. Era rápido, audaz, brillante, comprometido, con una fina ironía. Decir Einstein es decir E=mc² (energía igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado), ecuación que fue la piedra angular en el desarrollo de la energía nuclear. Aquí comenzó todo, hace poco más de cien años. También es suya una frase que sintetiza el espíritu europeo: “La imaginación es más importante que el conocimiento”.










DEFENDAMOS LAS RAICES CRISTIANAS DE EUROPA LAICA: El cristianismo se inició como un movimiento laico. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores de la paideia griega, que tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad) y la sabiduría (cuidado de la verdad), mediante la práctica continua de ejercicios espirituales (cultivo de sí), a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma. El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos). __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el objetivo axiológico de la filosofía griega. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido a que la mitología del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su religión basura judeo cristiana que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD