Jhumpa Lahiri: Calcuta, Londres, Nueva York

En “Tierra desacostumbrada” (Salamandra), la escritora continúa añadiendo eslabones a esa cadena de historias con que nos cuenta el proceso de ósmosis que se produce entre la cultura india y la occidental. En su obra, la interculturalidad es un laberinto que, sin embargo, siempre desemboca en alguna parte. Texto: Sabina Friedjulssën Foto: Elena Seibert

Carrera meteórica
Los padres de Jhumpa Lahiri eran bengalíes y recalaron en Londres en busca de un futuro más prometedor. Allí nació y vivió hasta los dos años, en que la familia levantó de nuevo el campamento y cruzó el océano hasta Estados Unidos: “Inglaterra y la India han tenido una profunda relación histórica. Es una relación que la India y Estados Unidos nunca han tenido y que lleva en sí misma complicaciones. Estados Unidos es un país único para la experiencia de la emigración y mi impresión general es que América, al menos para mi familia y las familias que yo conocí en mi juventud, fue un lugar más acogedor. Lo cual no quiere decir que emigrar a un lugar fuese más fácil que a otro. Para mis padres fue duro emigrar a Inglaterra y también lo fue marcharse a Estados Unidos”. Ya en su primer libro de relatos, El intérprete de emociones, marcó su territorio narrativo y emocional: la convivencia entre dos culturas tan distantes y distintas como la india y la anglosajona.

Y llegó el cine…
Si su ópera prima tuvo una acogida crítica extraordinaria, su segunda obra despertó interés en la industria cinematográfica india. Su primera novela, El buen hombre, fue llevada al cine con el mismo título en 2006 por Mira Nair. “La película resultó algo muy gratificante porque yo tenía una confianza instintiva, un gran respeto y una gran admiración por la directora. Mira quiso involucrarme a mí y a mi familia en el proyecto. Puso un montón de pequeñas cosas en la película que son muy personales para mí y mi familia: apariciones nuestras fugaces, utilización de un cuadro de mi abuelo… cosas que sólo tienen sentido para cinco o seis personas en el mundo”.

¿Una de indios?
A Jhumpa Lahiri no le hace ninguna gracia que le cuelguen la etiqueta de “escritora angloindia”. Y eso que hablamos de una comunidad de escritores de mucha calidad (ahí podrían estar Vikram Seth, Salman Rushdie, Kiran Desai, Arundhati Roy o Aravind Adiga). Aunque estos autores indios huyen como alma que lleva el diablo de los pintoresquismos y de utilizar el exotismo como gancho (el premio Booker Tigre blanco, de Aravind Adiga, era un ejemplo canónico al respecto), ella insiste en huir de la clasificación: “Me resulta frustrante esa tendencia de agrupar segmentos de población, como inmigrantes indios o inmigrantes judíos. Sé que no son más que expresiones y palabras, pero pienso que la gente tiende a ver esos grupos como ‘otra gente’. Ellos son ‘el otro’ y de esa manera resulta más complicado ver los matices y las variedades. Yo he sido toda mi vida muy sensible a estas cosas y siempre me han irritado mucho. Aunque reconozco que escribo sobre indios en Estados Unidos, como escritora tengo muy claro que no represento a ningún grupo de gente. Tengo la esperanza de que, como mínimo, al escribir sobre esos personajes, pueda contribuir a prevenir esas generalizaciones”.

Los laberintos de la identidad
Lo que caracteriza la narrativa de Lahiri es su agudo análisis de cómo las identidades culturales, en este caso la de los indios emigrados a Occidente, ejercen sobre las personas efectos diferentes y a menudo inesperados. En Tierra desacostumbrada, la declaración de intenciones está hecha desde antes de la primera línea, en la cita de Nathaniel Hawthorne que da título al libro: “La naturaleza humana no dará fruto, al igual que la patata, una y otra vez, durante demasiadas generaciones, en la misma tierra agotada. Mis hijos han tenido otros lugares de nacimiento y, hasta donde alcance mi control sobre su fortuna, echarán raíces en tierra desacostumbrada”.

Las familias, parejas y personajes diversos que nos muestra Lahiri andan a vueltas con esa doble identidad: la heredada de sus padres y la adquirida en el nuevo país, que en realidad es la de su lugar de nacimiento. Pero, ¿cuál de las dos es la que ha de prevalecer? La gracia del asunto es que esa dualidad provoca algunos conflictos, dudas y quebraderos de cabeza, pero casi siempre acaba resolviéndose en algún tipo de sincretismo que resulta enriquecedor. Vemos en Tierra desacostumbrada cómo se entrecruzan el cordero al curry y las hamburguesas, las kurtas de color turquesa y los pantalones vaqueros, pero de manera natural, sin convertirlo en un espectáculo de la diversidad. Las cuestiones de la integración cultural no están en los grandes alardes coloristas, sino en las pequeñas cosas, como esa leve duda que siente Hema en uno de los cuentos sobre si la educada y civilizada mediación de sus padres no convertía su relación con Navin en una reformulación del matrimonio concertado a la manera tradicional india. Lo cierto es que Jhumpa Lahiri se siente muy norteamericana, pero a la vez muy orgullosa de ser hija de inmigrantes indios: “Cuando creces en tu infancia como un inmigrante tu ya vas a ser siempre –o al menos yo lo era– muy consciente de lo que quiere decir o ha de significar el haber sido arrancado de tus raíces o el arracarte tú mismo de tus propias raíces”.

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La eficacia de lo sencillo

Cuando se le recuerda que algún crítico le había reprochado que su estilo era poco llamativo, ella lo toma como un cumplido: “Es que a mí me gusta ser sencilla. La sencillez apela a mi propia naturaleza. Hay forma y hay fondo y nunca he sido una gran aficionada a la forma. Mi marido y yo siempre tenemos esta controversia, porque cuando vamos a comprar muebles él siempre se fija en sillas que son muy llamativas, bellas y originales. Pero yo no quiero comprar una silla si no es confortable. No quiero sentarme y darme cuenta de que mi lenguaje únicamente es bello. Si lees a Nabokov, que me encanta, ves que el lenguaje es bello pero también construye la historia y forma parte de ella de manera integral. Así que en mi trabajo quiero alcanzar el ‘menos’, lograr la manera más simple”. El secreto de su éxito está justamente ahí, en la sencillez con la que nos introduce en los vericuetos más complicados de la identidad.

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Escrito por el may 5 2010. Archivado bajo Galería. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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