Joyce Carol Oates: “Infiel. Historias de transgresión”

Autora: Joyce Carol Oates
Traductora: Mari Carmen Bellver
Editorial: Alfaguara
552 páginas. 22 euros.

CINCO TINTEROS

Veintiún relatos demoledores. Una bella joven encerrada en una historia de amor obsesiva busca la venganza de una manera extraña y violenta… Dos hermanas adultas recuerdan la desaparición de su madre cuando eran niñas… Un escritor revela en público un secreto inconfesable… Una joven se define como fea para hacerse invulnerable al sufrimiento… Una pareja de ancianos que decide suicidarse en su abandonada casa de campo… Un joven que se siente protegido por llevar un cuchillo con el ADN de innumerables muertos…

Este “cuentario” es como un extracto de salsa Bovril, corrosivo, cínico y doloroso. Y, a la vez, melancólico, como la garganta acuchillada de un viejo bardo sureño… Por él transitan una resaca de personajes enredados en una apoteosis de crueldad propia, ajena o narrada. El interés por el boxeo o las armas de la sempiterna candidata al Nobel es su vino anciano y ya le granjeó tanto el respeto de Mailer como el escarnio de Capote. La extensa producción de Oates –con algo más de cien títulos, en su haber–, se articula en torno a la violencia enquistada en la sociedad norteamericana, con una técnica narrativa que deja en el retropaladar un tenebrismo neogótico de cuño propio. No en vano ha reivindicado la herencia –¿o cicatriz?– tanto de Carroll como de James y, estos veintiún cuentos tienen el ánimo vital del uno y el otro. No se trata de una amalgama de historias sin orden ni concierto: leídos en sucesión se aprecia una curva sinuosa. Las armas, son protagonistas en sí mismas –como el océano inteligente de Solaris–, al tiempo que una herramienta útil para resolver un desencuentro amoroso o un conflicto económico… La ruleta rusa es el juego que más veces se menciona e incluso hay un relato que constituye un verdadero catálogo de armas de fuego. “Nadie puede escapar a la violencia”, parece decir la autora, en tanto que quien no es asesino es víctima y, si no, testigo. De ahí que todos los cuentos tengan un narrador que se ve obligado a revelar el conocimiento de un crimen que modificó decisivamente su moral o su código de certidumbres. Los personajes de Oates son el Minotauro y Teseo, transitan de lo sagrado a lo profano, de la piedad a la crueldad extrema, de los deseos a las tentaciones, de la Biblia a la carne, de plagas certeras a las que están por llegar… Un poco de cabaret-jazz, una pizca de susurro y fuertes dosis de rhythm & blues… Un gran magisterio el que nos lega este volumen que nos recuerda que Oates pertenece a la vieja estirpe de Poe, Borges, Kafka, Cortázar o Chéjov… Contar un cuento, al fin y al cabo, es saber guardar un secreto. Porque la eternidad cabe en muy pocas páginas.

Ángeles López

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Escrito por el may 3 2010. Archivado bajo Críticas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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