Cuatro francesas con sentido y sensibilidad
Katherine Pancol: Cuentos de hadas para adultos
Con “Los ojos amarillos de los cocodrilos” (La Esfera), Katherine Pancol se ha convertido en una de las diez autoras más leídas de su país y se ha sumado a un exitoso club de escritoras francesas de novela sentimental de calidad. Texto: Begoña Piña Foto: Asís G. Ayerbe
Es posible que en tres años largos un novelista olvide los impulsos que recibió para escribir una obra, pero es más probable que, si ésta fue un clamoroso éxito, el escritor se sienta por ello respaldado para entregarse a las tareas de promoción con cierta indolencia, seguro ya del triunfo de su libro. Y esto último es justamente lo que parece que le ha ocurrido a Katherine Pancol, autora de Los ojos amarillos de los cocodrilos, superventas en Francia (más de un millón de ejemplares vendidos) que apunta éxito similar en España (tres ediciones en su primera semana en las librerías).
Correcta, incluso sonriente, y aparentemente dispuesta a cumplir con la prensa española, casi lo primero que dice cuando comienza esta entrevista es lo cansada que está y lo poco emocionante que resulta someterse un día entero a las preguntas de los periodistas. Una vez eso ha quedado claro, vuelve a sonreír y espera la primera pregunta. Cortés, la escritora siempre que puede aprovecha la presencia necesaria del intérprete (impecable) para contestar, más que a lo preguntado, lo que a ella le interesa. Y, con esa estrategia de discurso preparado, Pancol asegura que no puede explicar las razones del éxito de su libro. Éxito que se suma al de otras escritoras que utilizan el romanticismo como materia prima.
Los ojos amarillos de los cocodrilos, primera novela de lo que hoy ya es una trilogía, es un cuento de hadas para adultos con mujeres abandonadas que saben encontrar su camino en la vida y aprenden a soñar con nuevos amores, brujas disfrazadas de mujeres distinguidas muy hermosas, príncipes azules que visten con ropa deportiva y dedican mucho tiempo a los libros, hadas madrinas en forma de amigas del alma sin pelos en la lengua… Josephine, el personaje central de la historia, es una mujer que de pronto se encuentra sola ante la aventura de sacar adelante a sus dos hijas. Mucho trabajo y un poco de suerte la acompañan.
Un gran fresco orquestal
¿Cuál es la clave de su éxito?
Todo el mundo pregunta lo mismo, cuál es el secreto del éxito de este libro. No lo sé, ni siquiera me lo esperaba.
Sin embargo, el éxito de otras escritoras (Muriel Barbery, Ana Gavalda…) en Francia, con novelas también sobre sentimientos y emociones, ¿no es una buena pista?
No es una cuestión de sexo, porque entre los autores más vendidos en Francia hay también dos hombres que hablan de sentimientos, de emociones. Hay un periodista francés que destacó el hecho de que había seis mujeres en la lista de los diez libros más vendidos y dijo que cada una teníamos un universo diferente. Puede que el secreto sea ése, que cada una tiene su mundo, pero ninguna hace libros de mujeres. Lo que hace Fred Vargas no tiene nada que ver con lo que hago yo. Decía este periodista que los hombres, sin embargo, parece que escriben todos lo mismo. Y terminaba diciéndoles: “Moved el culo”.
Bueno, pero todo en el universo de los sentimientos…
Creo que el mundo de las emociones es siempre el fin de la novela, de las épicas y de las de aprendizaje. Todas hablan de él; las de Proust, las de Tolstói, las de Balzac… Es común.
Después del éxito del primer libro, se lanzó a escribir la trilogía. ¿Lo ha hecho por dinero, por mantener esa celebridad, por adicción a los personajes…?
Después de Los ojos amarillos de los cocodrilos echaba de menos a los personajes. Para mí son como una familia, ya les conozco, me dedico a ellos hace cinco, seis años. Pero el tercer libro es el último.
¿Ya sabe cuál será el próximo?
Ahora no lo sé, porque con cada libro tengo la impresión de que va a ser el último, porque creo que lo ha dicho todo. Generalmente dedico un año a llenar el depósito.
¿Cómo definiría usted esta novela?
Los ojos amarillos de los cocodrilos es como un gran fresco.
A través de sus personajes habla de amor, lealtad, traición… ¿Cuál es la emoción más fuerte de todas?
No lo sé, pero la que más me sorprende de la gente hoy es el miedo. ¿Se lo inventan? ¿Se lo mete en el cuerpo alguien? El miedo encierra y aísla. Siento muchas ganas de decir que hay que dejar de tener miedo, porque tenemos el amor, la superación, la creación… El personaje de Josephine tiene miedo, no tiene confianza en ella misma y eso la hace universal.
Ahora que el libro va a ser una película, ¿llevará bien los cambios que se hagan?
Acaban de empezar, están trabajando en el guión. Ahí yo sólo vigilo, lo escribe el propio Claude Lelouch. En cuanto a los cambios, ya he sufrido tres adaptaciones, es algo que acepto.
¿Cuál fue la principal inspiración para esta trilogía?
La televisión. A fuerza de ver series americanas, que siempre se desarrollan alrededor de un personaje, tuve la idea. Cuando la idea procede de un personaje, el proceso es difícil; cuando ya tienes dos, se hace más fácil; luego cuatro, seis… Y, cuando ya son varios, empiezo a necesitar moverlos y es como una pequeña orquesta en la que el autor es el director. Cada uno toca su propia partitura. En esta novela hay al menos diez personajes principales y para que avance la historia tienes que avanzar con cada uno, pero con todos en la misma dirección.
Pero el personaje central, el de Josephine, ¿de dónde salió?
De varias cosas, es como un milhojas de varias capas. Nace de una mujer que conocí en la playa, de una crónica de sucesos que oí en la radio, de dos hermanas que recuerdo de la infancia…
Esa mujer, en su libro, escribe una novela. ¿El proceso que describe para ella es el suyo?
Sí, es lo mismo. Me he servido de ella para contar cómo escribo un libro, con qué problemas me encuentro, cómo avanzo.
¿Se ha escondido en alguna otra parte del libro?
Me he repartido en todos los personajes, en Josephine, en Zoé cuando era pequeña, en otros hay algunos momentos de mi vida… Pero ésta es la novela número catorce y ahora ya sé cómo funciona la mezcla de realidad y ficción.
¿Quiere decir que sus primeras ficciones eran más autobiográficas?
Mi primer libro era completamente autobiográfico; el segundo lo era menos. Al final, un libro de cada dos es autobiográfico. Cuando escribí éste, ya había aprendido a construir una historia. Yo comencé a escribir por azar, porque un editor me lo pidió. Aprendí a escribir escribiendo.
¿Ha abandonado completamente el periodismo?
Tenía un contrato de escritora en Elle y Paris Match, pero ya no. Del periodismo, lo que me gusta es lo que haces tú, eso de encontrarte con gente a la que, de otra forma, no podrías ver nunca. Estuve una semana en el corredor de la muerte en Estados Unidos y jamás habría hecho eso si no fuera para un trabajo periodístico. Eso es lo que añoro. Conocí a Scorsese, a Cary Grant…
¿Cuándo era pequeña le gustaban los cuentos de hadas?
Sí. Leía mucho una colección que se llamaba Cuentos y leyendas y que reunía relatos de Mesopotamia, Persia, Arabia…
Tienda
Ir a la tienda | Recomendados | Novedades | Mas vendidos | Ofertas | Preventa |
Romanticismo con clase
Se ha convertido en el prototipo de escritora con un perfecto equilibrio entre emociones y calidad literaria, de manera que la narrativa romántica la tiene como referente de primer orden. Gavalda tiene la habilidad de hablar de los temas más espinosos con una prosa sedosa y elegante. Texto: Antonio G. Iturbe
Gavalda cuenta historias de amor. O de desamor. O de búsqueda del amor. O de lo que sucede cuando el amor se escapa por una rendija de nuestras vidas, aparentemente blindadas contra el desamparo. Frente al chick lit, donde ellas están locas por las compras y ellos son absolutamente encantadores o rotundamente imbéciles, o frente al género romántico anglosajón de aeropuerto repleto de inocentes engañadas, hijos naturales e infidelidades a gogó, Gavalda plantea un tipo de novela de contenido emocional reflexivo y escritura de calidad. Para los exquisitos que no encuentran glamour en las grandes superficies comerciales, habría que decirles que Gavalda dio sus primeros pasos colaborando en la revista de Carrefour. La publicación en 1999 de sus relatos cortos, Quisiera que alguien me esperara en algún lugar, la sacó de las marcas blancas y la colocó entre las escritoras más distinguidas del país galo. Su último libro publicado en España (como todos, en Seix Barral) fue El consuelo, en 2008, donde subió un punto más el listón estilístico, lo que provocó algún debate pero no le restó nada de su arrollador poder de atraer lectores. La prueba es la edición revisada de una novela breve que publicó en 2001, L’échappée belle, que también se ha puesto número uno en las listas de libros más vendidos de Francia.
El secreto de Gavalda es que no hay secretos. Las historias que plantea no suceden a personajes extremos ni presentan situaciones extravagantes o desgarradoras, más allá del desgarro que provocan los desencantos en cualquier vida. Por eso millones de lectores se sienten identificados con sus personajes y quedan atrapados en su manera sedosa de narrar, donde hay pocos adjetivos pero muchas sensaciones que envuelven a sus protagonistas atrapados en esas encrucijadas emocionales a las que todos nos hemos enfrentado. Para quienes quieran debutar en el universo Gavalda, una recomendación: empiecen por La amaba, novela de una conversación y una noche que, sin asesinatos, espías ni cátaros, hace que uno no pueda dejar de leer de manera obsesiva.
La elegancia punzante
Con “la elegancia del erizo” vendió más de un millón de ejemplares. Ahora Seix Barral reedita “La golosina”, que hace casi una década vio la luz en Zendrera Zariquiey. Texto: Susana Martínez
Barbery es una profesora de filosofía tan recalcitrantemente tímida como la sorprendente Renée de La elegancia del erizo, una humilde portera extremadamente discreta que oculta a todo el mundo que es una erudita en gramática y lenguas muertas y que, cuando deja la escoba, lo que hace es coger las obras de Tolstói. Bueno, más bien habría que decir que era profesora de filosofía, porque, tras el exitazo de esa novela, que en Francia estuvo treinta semanas en la lista de más vendidos y se ha traducido a una veintena de lenguas, va a dedicarse a tiempo completo a la literatura. ¿Cuál es el secreto de ese éxito? Pues probablemente que ella misma cuenta con las virtudes de su hábil título: resulta punzante, pero a la vez muy elegante. La de la portera Renée es en sí misma una bella historia de solitarios que viven en su mundo secreto, pero también una irónica crítica al clasismo de la sociedad francesa, especialmente a esa burguesía que se da muchos aires de mundanidad pero que de cerca resultan los más catetos de todos. Es un tema que preocupa a Barbery, quien, sin gritar ni alborotar ni erigirse en azote de nada, ha dicho una de las cosas más claras y demoledoras que se han oído en la tierra de la fraternité en los últimos tiempos: “La integración de los inmigrantes en Francia es un rotundo fracaso”.
A la espera de su nueva novela, de ambiente japonés (ella es fanática del cine nipón, especialmente del director Yasujiro Ozu), se reedita La golosina. La editora Lina Zendrera se adelantó a la fiebre Barbery y en 2002 publicó en Zendrera Zariquiey esta novela a la que el calificativo de deliciosa le resulta doblemente oportuno. Ahora, Seix Barral la reedita para calmar la sed Barbery. En ella cuenta cómo el más importante crítico gastronómico de tiempos recientes se encuentra apurando las últimas semanas de su vida. Y es en ese final cuando quiere volver al principio, recuperar ese sabor de la infancia que es el que realmente marca una vida, y se lanza hacia su búsqueda vagabundeando entre recuerdos y fogones.
La fuerza de las palabras
Llega a España con “Donde rompen las olas” (Duomo), elegida en 2009 la novela predilecta de las lectoras de “Elle”. Su prosa es de una precisión obsesiva y uno de sus lemas es que “hay palabras que pueden tener la fuerza de una página entera”. Texto: Susana Martínez
Se publica por primera vez en España a esta autora que ya se ha hecho un hueco entre los lectores franceses desde que surgiera en 2001 con L’office des vivants. Debutó sin hacer mucho ruido ni recibir mucha atención de los medios de comunicación, pero el boca-oreja de los lectores funcionó como un circuito de fichas de dominó y su última obra, Donde rompen las olas (Duomo), ya pasa de los 300.000 ejemplares. Lo que cuenta en esta novela de largo aliento es la huida de una mujer hacia un recóndito pueblo de la costa de Normandía para curarse de un doloroso mal de amores. Su profesión de ornitóloga hace que enseguida se funda con la naturaleza y el paisaje, e inicie su lenta recuperación. Pero la novela no sólo se apoya en el bello e impactante escenario natural de los agrestes acantilados, sino también en la presencia de un secreto que se palpa en el ambiente de la pequeña población de La Hague. Conocerá allí a un hombre extraño que arrastra una historia aún más triste que la suya: sus padres murieron en un naufragio al apagarse sin explicación la luz del faro que avisa de la cercanía de los rompientes. Los dos personajes encontrarán un apoyo mutuo y tratarán de resolver el misterio. Pero hay que decir que ese misterio no convierte a la novela en un thriller, sino que sirve a la autora para describir cómo los silencios pueden enquistarse en las vidas de las pequeñas comunidades y cómo el amor puede rebrotar tras el más devastador de los incendios y abrirse paso por entre las cenizas, incluso con brotes aún más verdes y vigorosos.
El punto fuerte de Gallay es la integración del paisaje, el poderío y la belleza de la naturaleza en equilibrio con las tramas de los personajes. Ahí tuvo mucho que ver su infancia rural en una familia de agricultores, que le ha dado un fuerte apego a la tierra. Ella lo expresa de manera más hermosa: “Escribir es excavar en el mismo lugar al que perteneces”. Esa fuerza del paisaje, con unas tramas de fuerte componente emocional y una prosa muy cuidada, hacen de ella otro de los valores en alza de la novelística francesa actual.









