Maruja Torres: En estado puro

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maruja-torresUn homenaje a Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán, “Esperadme en el cielo” (Destino), le ha valido el último Premio Nadal. Además, le ha permitido volver a disfrutar de la vida. Que la sigan esperando, pues, que Maruja tiene cuerda para rato. Texto Inés García-Albi Fotos Mario Krmpotic

La cita era a las cinco de la tarde. Maruja Torres me esperaba con portátil abierto, un cortado y un agua con gas. A sus pies, una mochila juvenil donde, además del ordenador negro, recién comprado, acarreaba pinturas para retocarse antes de la sesión de fotos; una chaqueta china de seda en tonos lilas, por si acaso el fotógrafo quiere que se cambie -“¡que ya los conozco!”- y otro montón de cosas. Mujer prevenida y preparada. Va con falda y camisa negra: “nena, del Zara de Beirut”. Maruja es coqueta. Le gustan los trapos y dar buena imagen. Más tarde preguntará si lo que viste es lo más adecuado para la entrevista de televisión que tiene por la noche. Está esbelta y luce un carácter acorde con su mochila. Viene de la inauguración de la plaza dedicada en el barrio del Raval a uno de sus amigos del alma, Manolo Vázquez Montalbán. Y no viene precisamente contenta. “Es el culo del hotel nuevo. No es ni plaza, es una L asfaltada. No le gustaría para nada. Yo no quiero placas, pero da igual porque cuando estás muerto no puedes hacer nada y te manipulan como quieren. El alcalde me ha preguntado dónde había nacido, y le digo: ¿qué pasa, me estás tomando las medidas para el ataúd?”
Se remueve en el asiento. Todavía no quiere irse de este mundo. Está decidida a seguir disfrutando mientras pueda con las cosas que le gustan. Tiene el firme propósito de hacerlo. Su decisión ha sido meditada y ha conllevado todo un proceso, que refleja en Esperadme en el cielo.

“Los tres juntos”
El annus horribilis de Maruja fue 2003. Primero se marchó Terenci. Era el mes de abril. “Le conocí a los 14 años, él tenía 15. Nos hicimos íntimos. Con lo poco que ganábamos íbamos al cine, al teatro, comprábamos libros. No sólo nos llamábamos por teléfono varias veces al día, sino que también nos escribíamos”. En octubre, sin despedirse, se fue Vázquez Montalbán. De repente. “A Manolo lo encontré con 24 o 25 años. Me llevó a trabajar al Por Favor. Nos queríamos mucho, nos veíamos con frecuencia y hablábamos de la vida y de política”, recuerda Maruja. “Se reía así”, rememora entrecerrando los ojos y riéndose bajito. “Me enseñaron mucho. Terenci, el valor de la cultura como medio de mejora personal y Manolo, la conciencia política. Era muy consecuente y muy ético”. Maruja lo pasó mal, fatal. Hablaba con ellos. “Me ponía Sinuhé el egipcio y lloraba”. Estaba claro que necesitaba una terapia, una catarsis. Decidió reunirse con sus dos amigos del alma, reencontrarse, divertirse, volver al barrio de su infancia, el Barrio Chino. “Es la primera vez que estamos los tres juntos así. Habíamos coincidido en comidas y actos, pero haciendo un plan juntos, no”. Y la terapia dio resultado.
Pero había más factores que inquietaban a la autora, que en aquellos momentos estaba instalada en Barcelona, dando conferencias, paseando al perro. Una vida cómoda, casi de prejubilada. Quizás para muchas mujeres con más de 60 años a sus espaldas sería el ideal, pero está claro que para ella no. “El libro me ha salvado del hundimiento, me ha salvado de ejercer de burguesita del Eixample, me ha salvado de no aprovechar la vida. Ha sido una resurrección gracias a los amigos muertos. Cuando eres mayor y pierdes gente te quedas fatal, sobre todo gente que generacionalmente te representa, aquella Barcelona, aquella esperanzas, aquella juventud. Hay un momento en que dices: ‘Coño, ¿qué hago? ¿Me quedo en el Ensanche haciendo culo y paseando al perro? ¿Qué tengo que hacer? ¿Ir de homenaje en homenaje hasta que le toque el mío?’ Así que adelanté el viaje a Beirut que tenía previsto para tres meses después. Llegué y coincidió con la invasión de Israel al Líbano. Vi que tenía capacidad de reacción, para moverme”. No es la primera vez que Maruja está bien colocada, que está en el lugar adecuado en el momento oportuno. Ya lo cuenta en Mujer en guerra: Beirut 1989, Argentina, invasión de Panamá y muchos otros. ¿Y cómo lo hace? “Por tozudez y porque tengo olfato periodístico”.

“La vida era menos aburrida”
El periodismo es el oficio de Maruja. A él se ha consagrado en cuerpo y alma. Su vida. Ahora ya se ha jubilado de El País y colabora como autora. Pero jubilación no quiere decir nada. Al menos en espíritu. Ella sigue siendo periodista. Continúa contando y anotando lo que ocurre a su alrededor. No pierde detalle y para su lengua afilada, sarcasmo, ironía y mala leche no han pasado los años. ¿Ejemplo? Horas más tarde, cuatro mujeres están sentadas en un restaurante. Entre ellas están Maruja y la que escribe. Conversación variada. De todo un poco. “Anorexia no es sinónimo de piel bonita”, dice de repente mirando el brazo de una chica delgada que espera mesa junto a la nuestra. Y hay que decir que sus anotaciones al margen siempre llevan razón. En la conversación sale el estado de salud del periodismo. No está contenta de cómo anda el patio. Afirma que está desapareciendo el reporterismo. “Mira, un capítulo de la serie The Wire está dedicado a cómo desaparece el Baltimore Sun, y hay un reportaje en que salen periodistas de mi edad con barriga que dicen: ‘yo es que me siento ahora como un gay en los años ochenta, que cada día te enterabas que moría un amigo tuyo de sida’. Pues ahora es lo mismo, venga a despedir y lo que se pierde por el camino es el reporterismo, porque con gente explotada no se hace buen periodismo”. Su próximo libro versará sobre este oficio. Que tiemblen algunos. “Será de ficción, hay mucho que contar de toda una generación que se la han follado los ejecutantes ejecutivos. La ficción permite meter personajes enloquecidos. Este libro me ha enseñado que, una vez tienes una coherencia en el tono y levantas un mundo creíble, no hay barreras. ¿Vamos a volar? Pues a volar. ¿Por qué no puedo poner a una jefa de personal que vaya con los pelos tiesos enloquecida diciendo: ‘me tengo que despedir a mí misma, me tengo que despedir a mí misma’? Nadie me va a impedir que me lo pase bien con lo que escribo”.
Echa de menos el ambiente de antaño. A su paraíso particular, ése que comparte en el libro con Terenci y Manolo, se llevaría una redacción, pero no de las de ahora, sino de las de antes, de las de su época, justo en el momento en el que todos trabajaban en equipo. “Y luego vas a tomarte la copa ya derrengado y llega el conserje con los primeros ejemplares calientes. Ahora, con lo puritano que se ha vuelto todo el mundo, que te llaman alcohólico por llevar una copa en la mano. La vida era mucho menos aburrida entonces. Teníamos tanta ansia de cultura, de cambiar el mundo, y al mismo tiempo te cogían los hombres o te dejaban. Y en la vida cotidiana, no llegabas a fin de mes, tenías que dormir en la misma habitación que tu madre, pero toda esa sordidez me la ilustraban amigos como Manolo, Terenci, Gimferrer…. En aquellos tiempos te involucrabas mucho, pasaban cosas, salías de la redacción de Fotogramas que habías tenido que luchar por un pezón en una portada, a continuación llegaba Milos Forman. Barcelona era muy entretenida, nena. No un entretenimiento de encargo como pasa ahora. Nos estamos volviendo alemanes y acabaremos cazando osos en Baviera si no se remedia”, asegura.

“Gracias por recordarlo”
En Beirut, donde decidió vivir, tiene un piso de cien metros cuadrados, sin calefacción. “No es perfecto ni mucho menos, pero sí que es más descarado. A mí me gusta, me da alta calidad de vida, buena vida. En una zona en la que está pasando algo, es como la CNN pero sin maquillaje, sin cámara, pasas y lo ves. Ahora estamos muy calmados, sólo hay tiroteos dentro de campos palestinos. El foco está a seiscientos kilómetros”. Por cierto que, en la página de Wikipedia dedicada a Maruja, hay cinco líneas sobre su biografía periodística y nueve sobre las polémicas más célebres que ha protagonizado. “Si ya lo he visto, eso es que lo cogen los de la derecha. Dicen que llamé hijos de puta a los del PP, pero lo hice en el contexto de la guerra de Irak. Sí, me equivoqué llamándolos hijos de puta porque no se puede insultar así a las putas, tendría que haberlos llamado canallas, miserables, porque votar a alguien que ha decidido bombardear un país que no les había hecho nada, participar en eso… En la misma entrevista llamé gilipollas a quien hubiera votado al PSOE, pero eso no lo pusieron. Hay que arreglar lo de la Wikipedia, porque las placas no me interesan, pero un par de líneas sobre lo que he hecho, que he hecho mucho, en periodismo… Fui la primera que hice ‘sociales con intención’. Ahora, lo mejor es lo que salió en uno de esos periódicos digitales, uno que es de los hermanos Rojo, los que plagiaron el libro de Ana Rosa Quintana, bueno pues titularon ‘Gana el premio Nadal la periodista que llamó hijos de puta a los votantes del PP’”, recuerda riéndose. “Gracias por recordarlo, porque se estaba olvidando”.
Cambiamos de tercio. Un tema que sobrevuela toda su novela. ¿No hay nada positivo en envejecer? “Nada, nada, no hay nada bueno. Ni siquiera la experiencia. Puedes estar un rato sintiéndote superior, pero cuando ves que pueden ir a bailar, que se enamoran, que se pueden arrimar uno al otro sin hacer el ridículo… La experiencia, la sabiduría, eso son consuelos menores. La única parte buena es si te lo tomas como yo, y aún voy a vivir lo que me queda, con lo que tengo, haciendo las aventuras que me gustan, me gusta el Líbano pues me voy a vivir al Líbano, yo no tengo ganas de quedarme en casa con bata, ¿entiendes?”.
“Quiero estar viva, sana, y sobre todo con buena cabeza porque creo que lo que da sentido al pasado y al presente es la memoria ¿Qué son los libros sin memoria? ¿Qué es una amistad sin memoria? En definitiva valemos porque nos acordamos de lo demás; de nosotros cuando éramos mejores. Yo ya no quiero ganar ningún premio más porque el premio es vivir, -pero bueno, este me ha venido de coña- y escribir.” El año pasado se murió su hermana. Otro golpe. Muy duro. Que ha reafirmado sus propósitos. “Viviré en Beirut hasta que Beirut me expulse. Y es que nena, mira, me levanto por la mañana temprano con los pajaritos, hago mi trabajo y entonces meto en esta mochila libros, el portátil, el protector solar y me voy a lo que sería el equivalente a los baños de San Sebastián de la Barceloneta en los años 1960, pido lo de siempre: Lubina pequeña a la plancha, una ensalada de tomate y unas aceitunas, y mi pipa. Eso en el caso de que sea un día aburrido; tomo notas, leo, escribo. Este libro lo he escrito en la calle”.
Maruja sigue contando sus planes: promoción, Roma con amigos, Cairo, Beirut, Cairo, Feria del libro, Beirut…. Agotada estoy. La entrevista se acaba, pero ya que hablamos de las cosas buenas de la vida, me pregunta si he probado el gintónic de Hendrix con pepinillo. “Ay, nena, te encantará”, dice agarrándome del brazo. Al igual que en sus anotaciones al margen, en esto también lleva razón.

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6 Respuestas a “Maruja Torres: En estado puro”

  1. Manolo dice:

    Me parece fatal que insulte de la forma en que lo hace. Ni los del pseo son gilipollas ni los del pp unos hijos de puta.

    El insulto quita la razón.

    Además, rectificar es de sabios y tu Maruja no lo has hecho.

    En fin….

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  2. po+k dice:

    quiero ser como tu

    [Responder]

  3. Manu D. dice:

    Maruja, qué suerte tuviste de verte rodeada por gente como Manolo o Terenci. Me he leido las memorias de Terenci y las tuyas como periodista. Que te quiten lo bailao.
    Yo que fui a la universidad soñando conocer gente que mereciese la pena y sólo encontraba catetos o burgueses anodinos. Tenía que haberme puesto atrabajar con quince años y dejarme de perder el tiempo en el puto BUP. Eres un ejemplo para mí.

    [Responder]

  4. Camino dice:

    Querida Maruja, este año fuí a verte a la Feria del Libro en Madrid, me dedicaste tu libro con una gran sonrisa, mucho humor y con paciencia hasta te dejaste fotografiar conmigo, yo estaba feliz pero mucho más al leer el libro, hacia mucho que no disfrutaba tanto con un libro, es tierno, divertido, sentimental, realista, imaginario, GRACIAS DE CORAZÓN!!!
    Desde Ibiza con mucho cariño y agradecimiento por tu valentia y tus letras
    Un abrazo
    Camino

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  5. Esther Bartolomé Pons dice:

    Así es como se tiene que pensar y así es como se tiene que vivir. Hay que hacer lo que piensas, no sólo decirlo. Bravo por esta apuesta vital de Maruja. Todos deberíamos ser como ella en estas cosas que dice en la entrevista: el mundo funcionaría un poco (¿mucho?) mejor.

    [Responder]

  6. [...] (Ver entrevista con la autora en el número 141) [...]

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