La Barcelona de Vila-Sanjuán: entre el romanticismo y la razón

Ser responsable literario de uno de los suplementos culturales más influyentes y publicar una novela implica, para bien y para mal, tener encima el foco mediático, el de los amigos y el de los enemigos. Sergio Vila-Sanjuán se la ha jugado, pero con unas cartas excelentes: “Una heredera de Barcelona” (Destino) es una novela que va a seducir a muchísimos lectores y va a ser una de las gratas sorpresas de este (por ahora frío) 2010.

Texto: Antonio G. Iturbe Foto: Marta Calvo

Sergio Vila-Sanjuán es uno de los periodistas culturales más destacados e influyentes de este país. No es una cortesía, sencillamente es un dato. Está al alcance de muy pocos levantar el teléfono y hacer que Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón dejen lo que tienen entre manos y se pongan a leer un manuscrito de trescientas páginas (una frase de cada uno decora la cubierta de Una heredera de Barcelona). Un estatus que no le tocó en una tómbola; lleva treinta años metido en una redacción con las orejas siempre abiertas y una curiosidad indestructible. Ha participado en las épocas más combativas de una revista tan contracultural como AjoBlanco y ha estado en las secciones de cultura de periódicos como El Noticiero Universal hasta ser actualmente jefe de redacción del suplemento Culturas de La Vanguardia; tiene una sección semanal sobre periodismo y edición llamada Latidos que es de lectura obligada, ha publicado varios libros sobre edición y periodismo cultural (Pasando página, El síndrome de Frankfurt, Crónicas Culturales) e incluso fue en 2005 comisario del año del libro y la lectura en Barcelona. Más que comisario, SVS es un sheriff en el saloon de la industria cultural y ha sido a menudo el más rápido a este lado del Llobregat a la hora de desenfundar y dar el pistoletazo de alerta en La Vanguardia ante fenómenos como el de Ruiz Zafón o Stieg Larsson. Ante semejante despliegue, su debut en la novela ha despertado expectación. Después de treinta años de hacer de comentarista taurino, salta al ruedo y emerge la duda: ¿cortará las dos orejas o recibirá cornadas a gogó? Hay más de uno y más de dos casos de insignes críticos literarios de este país que se decidieron a escribir una novela y fracasaron estrepitosamente. Y algunos de los novelistas que habían sido blanco de sus puyas aprovecharon para devolver los aguijonazos a estacazo limpio.

Pero no es el caso. Mientras aquellos críticos academicistas y pagados de sí mismos intentaron hacer la gran obra que cimentara los fundamentos de la historia de la literatura y no les salió, SVS ha escrito exactamente la novela que quería escribir, la novela sin ínfulas literarias de un periodista, y le ha salido redonda.

Las claves de la novela

¿Por qué Una heredera de Barcelona es una novela con gancho? Pues ahí van algunas claves:

1) Un trío de protagonistas seductores. Vilar es abogado y periodista, caballeroso, cultivado, de formación católica y monárquica, pero tiene suficiente sensibilidad y curiosidad para defender a una vedette de mala nota o jugarse el tipo para salvar a un sindicalista moderado que condena el uso de la violencia. Es capaz de mostrarse igual de respetuoso ante el rey Alfonso XIII que ante una anarquista nudista y libertaria (aunque de buen corazón). El único punto débil de Vilar es una aristócrata huérfana, joven, rica y muy atractiva llamada Isabel Enrich (nombre ficticio que esconde a una aristócrata real de la época). Isabel Enrich también es un personaje seductor que oculta unas cuantas sorpresas. Y cierra el triángulo protagonista Ángel Lacalle, sindicalista de convicciones anticapitalistas irrenunciables que rechaza el terrorismo y trata de entablar un diálogo constructivo con las fuerzas institucionales. Vilar y Lacalle están, aparentemente, en desacuerdo en todo, pero les une inevitablemente una corriente de simpatía porque los dos son en el fondo unos románticos que creen en la justicia y la honestidad por encima de siglas y clases sociales.

2) La estructura es de relojero suizo: la trama cercana y la trama de fondo funcionan en perfecta sincronía. El lector asiste a la encrucijada que han de resolver los personajes y la situación de contexto de la época que les ha tocado vivir en unos años convulsos. Mientras Vilar intenta conquistar a la escurridiza Isabel Enrich, también ha de resolver la desaparición del sindicalista Lacalle, que no está claro si ha sido secuestrado por las militarizadas fuerzas del orden público o por las facciones más extremistas del anarquismo. Mientras se resuelve esta trama de los personajes vemos desplegarse el trasfondo de la Barcelona de los años 1920, convertida en capital mundial del anarquismo y en la que la lustrosa vida social se alterna con sangrientos (y constantes) episodios de pistoleros que tirotean a patronos y burgueses. El autor nos conduce con didactismo, a veces un punto excesivo pero sin simplificaciones, por la tensa situación que lleva a la clase alta barcelonesa a pedir firmeza a Madrid, pero que tampoco ve con buenos ojos la excesiva dureza que aplica el gobernador militar. Los anarquistas asesinan a Dato, el político más tolerante de la época, y en Barcelona el gobierno militar organiza una represión sangrienta en respuesta a los tiroteos. De forma gráfica nos muestra cómo los sindicalistas moderados como Lacalle pierden peso en sus propias organizaciones, los militares son a duras penas controlados por el Gobierno y cómo las posturas se van extremando hasta desembocar en la guerra civil.

3) La novela se alinea con otro libro importante de los últimos meses, La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina, y ahora sí que podemos empezar por fin a hablar de que se está cerrando literariamente la guerra civil. Habíamos leído las novelas de exaltación de los vencedores, las de exaltación de los perdedores, e incluso (ahí Soldados de Salamina marcó un hito) las que matizaban en torno a la barbarie en uno y otro lado. Pero faltaba hablar del tercer bando: el de los que no querían ninguna guerra, el de las personas pacíficas no politizadas que no estaban a favor ni de unos ni de otros y sí apoyaban la convivencia y el rechazo a la violencia. Vilar representa esa Barcelona y esa España ilustrada, tolerante y no politizada que parece que nunca hubiera existido.

Por tanto, personajes seductores, trama de intriga superpuesta al momento histórico y Barcelona como escenario con descripciones didácticas sobre algunos de sus lugares más emblemáticos son los ingredientes mezclados con precisión de viejo barman en esta novela apta para lectores de toda edad y condición.

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¿Escritor versus periodista?

El escritor con mayúsculas es el literato, el artista. En cambio, el periodista es el artesano, el zapatero remendón de la escritura. Para averiguar si ahora que se ha puesto el traje de luces literarias a SVS le resulta ofensivo que se considere su libro como “la novela de un periodista”, nos vemos con él en uno de los días más fríos del año en uno de los escenarios del libro: el barcelonés palacete de los Marqueses de Sentmenat. El edificio acoge actualmente la Escola Eina de diseño gráfico y, entre los recoletos setos de su jardín romántico y de las siete estatuas de tamaño natural que representan a siete nobles familias emparentadas con los Sentmenat, se pasean estudiantes melenudos con pantalones tejanos y gorros de esquiador. Sergio Vila-Sanjuán se mueve con soltura por el lugar y comenta con aplomo las diferentes fases arquitectónicas del edificio. El frío ha dejado a las palmeras temblando. Desde la terraza de atrás se despliega la cuadrícula de una ciudad que, entremetida en la neblina invernal, podría ser la misma que Isabel Enrich contemplaba desde su mansión en aquellos primeros años de siglo y únicamente se rompe el hechizo del momento al girarnos y ver alzarse por detrás la montaña del Tibidabo, banderilleada por la ultramoderna torre de comunicaciones de Foster.

Buscamos refugio en el pequeño bar que se construyó adyacente al regio edificio que ahora ocupa la escuela, rodeados de bocadillos, cervezas y futuros ilustradores. Ahí responde a la cuestión: “Desde luego que me gusta que se vea como la novela de un periodista”. Añade que esta obra es la derivación de un proyecto de no ficción, de una indagación en torno a los papeles y la época de su abuelo, abogado y periodista en los convulsos años 1920 y 1930 en Barcelona: “Hubo un momento en que decidí cambiar de registro para reflejar la figura de mi abuelo, para rellenar los huecos y establecer las relaciones con los personajes que trató en su época. Pensé que sería una manera más atractiva de contarlo”. Aún así, Vila-Sanjuán apunta que para el libro no tomó como modelo obras de periodismo sino de la más pura literatura de alta sociedad como Scott Fitzgerald, Evelyn Waugh o Edith Wharton, autores a los que admira profundamente y que, junto a Nabokov, Durrell o Borges, podrían conformar su canon privado. Pero desliza en ese canon un par de títulos reveladores: El manuscrito hallado en Zaragoza y Los cuentos de las 1.001 noches. Está la elegancia y el dandismo de Fitzgerald y el humor inteligente de Waugh, pero también la novela de enigmas que representa El manuscrito encontrado en Zaragoza y esa mirada a las 1.001 noches, que traicionan su deliberado aire flemático y delatan su vena romántica, la misma que late en ese hombre de orden que es Vilar, pero que finalmente terminará haciendo más caso a las intuiciones que a las convenciones. Si su abuelo viviera estaría orgulloso de un nieto que reivindica el bando de las gentes cultivadas, de cabeza racional y corazón romántico que fueron arrolladas por la historia.

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Escrito por el mar 19 2010. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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