El fantástico mundo de Erckman-Chatrian
Hay libros que tienen la extraña cualidad no sólo de introducirte en la época de los personajes de la narración, sino de alterar el propio calendario vital del lector y transportarlo a otra edad distinta. Es justo lo que logra la lectura de Cuentos de las orillas del Rin de Erckmann-Chatrian (Reino de Redonda). Se trata de un puñado de relatos escritos a cuatro manos en la segunda mitad del siglo XIX por Émile Erckmann y Alexandre Chatrian, que nos sitúan en pequeñas poblaciones alemanas donde veremos acontecer sucesos que toman un derrotero hacia lo extraño o lo fantástico. Veremos cómo el cochero Nicklausse tiene un sueño recurrente en el que se ve a sí mismo llegando a la cámara secreta de un castillo donde encuentra un fabuloso tesoro y decide dejar su empleo para ir en busca de esa fortaleza visto en sueños, sin saber por dónde empezar a buscar; participaremos en el experimento del imaginativo doctor Selsam, partero de la gran duquesa, que decide que la enfermedad de una respetable señora se debe a su excesiva práctica de la música culta y decide contrarrestar el mal con un tratamiento de choque a base de música “salvaje”; asistimos al duelo del viejo pintor Cappelmans y el imbatible Gambrinus cuya arma es la cerveza en jarra o al misterio de la desaparición de niños sin dejar rastro en un barrio de Maguncia. Son misterios inquietantes pero que a la vez tiene algo de amables, de historias que no pretenden ocultar su naturaleza de cuentos fantásticos, y que se narran con elegante parsimonia que no elude las descripciones de paisajes y lugares, en ese tono más suave, menos acelerado de la literatura cuando la televisión y el cine no habían alterado la manera de contar y de leer las historias. Por eso su lectura traslada al tiempo de la narración (entre finales del XVIII y mediados del XIX), pero también nos hace retroceder a los que tenemos alguna edad a otros tiempos de lectura, cuando éramos estudiantes y los veranos eran largos y los libros eran el único Google Earth para volar a cualquier parte. También lo cuenta así el editor del libro, Javier Marías, que explica cómo en los inmensos veranos de su infancia soriana, ésta es una de las lecturas que lo catapultó a un mundo extraordinario. Un libro que se lee con agrado y un punto de dulce nostalgia para los que vivimos aquellos largos veranos pretecnológicos.









Voy a empezar a pensar que los astros confabulan
No hace mucho que descubrí una Nube púrpura en ese Reino.