Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy: “Enemigos públicos”

Autores: Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy
Traductor: Jaime Zulaika
Editorial: Anagrama
320 páginas. 19 euros.
TRES TINTEROS

A lo largo de seis meses de 2008, Houellebecq y Lévy se cartearon intercambiando impresiones sobre los más diversos temas: la familia, sus escritores favoritos, el judaísmo, la nueva Rusia y, sobre todo, aquellos críticos y periodistas que les odian hasta el punto de hacerles sentir como los enemigos públicos del título. La correspondencia fue guardada en el más absoluto secreto hasta el mismo día de su lanzamiento editorial.

Uno se imagina a BHL cabalgando alrededor del mundo cual almidonado mosquetero en busca de causas perdidas que defender y corruptelas que denunciar, pero con una pinza en la nariz si tiene que adentrarse en la vulgaridad de barriadas demasiado alejadas de St-Germain-des-Prés. Houellebecq sería en cambio el Jean-Baptiste Grenouille que ha sabido captar las esencias podridas de la sordidez ambiental para jugar mejor las cartas de la más pura provocación. El guapo y el feo, el exquisito y el desagradable, el correcto y el incorrecto, el divino y el reaccionario. Son dos de los escritores más mediáticos y lucrativos, no por ello menos talentosos, del panorama galo, ahora asociados en un curioso golpe de efecto editorial, una correspondencia prefabricada para asaltar las listas de ventas. Es cierto que tienen sus detractores, algunos muy poco considerados, pero lo de Enemigos públicos simplemente no cuela. Aunque el fuego se abre de forma prometedora (“somos individuos bastante despreciables”), el grueso del experimento se construye como una larga sesión de masturbación a dúo (sin mariconadas) en la no somos más que convidados de piedra. Ni siquiera llegan a desmontarse los tópicos antes citados. Y cuesta encontrar pasajes de alto calado emocional en medio de una autocomplaciente lluvia de referencias. Lo más interesante es sin duda la coincidencia de este intercambio epistolar con la aparición del libro de Lucie Ceccaldi, la mala madre de Houellebecq. El hijo se despacha a gusto.

Por Philipp Engel

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Escrito por el mar 12 2010. Archivado bajo Críticas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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