Zadie Smith: “El libro de los otros”
Editora: Zadie Smith
Traductor: Eduardo Iriarte Goñi
Editorial: Salamandra
256 páginas. 16 euros.
TRES TINTEROS
Justin M. Damiano debe decidir qué tipo de crítica cinematográfica lanza al ciberespacio. El gigante Theo regresa a la vida para caer presa del fantasma de los celos. Lélé se apresta a cargar una pesada cruz en forma de embarazo. Puppy logrará en su corta existencia hacer infelices a dos familias. Magda Mandela grita por las noches su insatisfacción sexual y vital. Donal Webster regresa a Dublín para llorar a su madre…
La nómina quitaría el hipo a cualquier amante de la contemporaneidad anglosajona y la idea, aunque un tanto etérea, tenía posibilidades. “Crea un personaje y titula el relato con su nombre”: tal fue el encargo que, con fines benéfico-pedagógicos, Zadie Smith dio a George Saunders y Miranda July, a Jonathan Safran Foer y Colm Tóibín, a Daniel Clowes y Dave Eggers. “Crea un personaje”. Como si el 99 por ciento de la ficción contemporánea no se sustentara en ese elemento. Pero bastan tres o cuatro piezas para convencernos. Porque David Mitchell apuesta aquí por cargar las tintas con una extravagante solterona británica mientras que A.L. Kennedy opta allí por escarbar en la sutil desintegración mental de un forense cinéfilo y, a las pocas páginas, Nick Hornby, escoltado por las ilustraciones de Posy Simmonds, logra un prodigio de síntesis al relatar la existencia de un escritor a través de los breves perfiles biográficos de sus obras. No es el único episodio memorable: Chris Ware nos pone un nudo en la garganta con su retrato del adolescente conflictivo, Heidi Julavits remeda el cortazariano Continuidad de los parques, Aleksandar Hemon extrae petróleo de un muy manido episodio bíblico… Más cuento demuestran y peores resultados obtienen, en cambio, los autores que solventan la convocatoria con los capítulos iniciales de sus novelas en curso (Thirlwell, Lethem) o cambiándole el lema a una pieza concebida bajo otro espíritu (A.M. Homes). Con ellos, por ellos, el experimento pierde valor, se torna incompleto, extravía su razón de ser.
Por Milo J. Krmpotic’
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