Antonio Muñoz Molina: “La noche de los tiempos”
Autor: Antonio Muñoz Molina
Editorial: Seix Barral
960 páginas. 24,90 euros.
CINCO TINTEROS
A finales de octubre de 1936, el arquitecto Ignacio Abel llega a la estación de Pennsylvania, última etapa de un largo viaje desde que escapó de España dejando atrás a su esposa e hijos, incomunicados tras uno de los múltiples frentes de un país ya quebrado por la guerra. Durante el viaje rememora la historia de amor clandestino con su amante, la crispación social y el desconcierto que precedieron al estallido del conflicto. Así recordará personajes anónimos y reales hasta completar un fresco convincente de toda una época.
Centenares de novelas de la guerra civil nos contemplan pero, o mucho me equivoco, o el ya considerado por muchos un “subgénero”, ha terminado con La noche de los tiempos. Con esta obra magna, Muñoz Molina zanja de un plumazo todo aquello que se podía contar desde la literatura y no desde la historia –“el novelista es el único facultado para contar cabalmente ciertos hechos a diferencia de historiadores”, recordaba Javier Marías– sobre la reciente línea divisoria de este país cainita llamado España. No me escuece reconocerle como nuestro Philip Roth, aunque sin linaje judío y con menos tendencia al psicoanálisis doliente que el genial autor norteamericano. Se le veía venir desde Beatus Ille, El jinete polaco -con la contienda civil de fondo- y en su memorable Sefarad -donde describía el desamparo de los excluidos-, ocupándose de ese pasado inmediato, llamado guerra civil, que es “un país extranjero” para cuantos no la hemos vivido. Y no ha defraudado en las expectativas que muchos teníamos, en tanto que ha concluido una obra grandiosa, escrita con las manos llenas de honestidad y asistido de una profundidad psicológica magistral. No ha llegado el académico, dotado de una factura literaria clásica con exquisitos matices estilísticos, a La noche de los tiempos por casualidad, ya que forma parte de una unidad compacta en su quehacer literario, donde cada una de sus anteriores entregas se ocupan de resaltar los límites del destiempo y el elogio de la conciencia civil con contenido ético. A lo largo de mil páginas –de las que no sobra un solo párrafo– se narra la épica íntima de Ignacio Abel en el año previo a la contienda, deudor de la historia real del poeta Pedro Salinas y la hispanista norteamericana Katherine Whitmore, a quien dedicó La voz a ti debida. Entre anónimos poco dotados de sensatez, transitan figuras reales como las de Azaña, Negrín o Moreno Villa, para culminar una historia sofocante ambientada en el estío madrileño, tras el golpe de estado que dividiría un país. Renuente a la idealización sentimental de la República, Muñoz Molina –poco sospechoso de ser un hombre de derechas– pone los puntos sobre las íes en esta obra escrita con tinta del color de la expiación.
Por Ángeles López
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En la actualidad tenemos la gran suerte de poder disfrutar con un escritor de la talla de Antonio Muñoz Molina. Los que ya conocemos su calidad literaria por lecturas de otras obras suyas, o de sus artículas en el diario El País, no nos sorprendemos del meritorio ejercicio que ha hecho al acometer una obra ciclópea como “La noche de los tiempos”, y salir airoso al desarrollar un compleja historia de cerca de mill páginas, en la que entremezcla la historia de un prometedor arquitecto de ideas socialista, casado con una mujer burguesa de familia conservadora, con la aparición posterior una relación adúltera de este arquitecto con una joven extranjera, y todo ello en el contexto de los albores de la guerra civil. Tanto la descripción de los personajes, sus costumbres y caracteres, o las situaciones que se derivan de sus acciones, y el ambiente de Madrid previo al golpe de estado, es tan vívido, tan real, que el lector casi puede llegar a verlo y sentirlo en carne propia. “La noche de los tiempos” me ha hecho vibrar lo mismo que cuando leí hace años “La forja de un rebelde” de Arturo Barea, o “La noche quedó atrás” de Jan Valtín. Creo que existen pocos autores que puedan escribir obras tan complejas como esta, y puede ser que ni el Mismo Muñoz Molina llegue a superarla.
Espectacular, deliciosa, una novela de casi 1000 páginas que se devora como si fuera de 200. Particularmente indicada en estos tiempos políticos de blancos y negros, donde algunos tratan de resucitar viejos y estúpidos fantasmas sobre las dos Españas, y donde se pone de manifiesto que los extremos son incompatibles con cualquier forma de inteligencia, en la historia de un arquitecto republicano convencido que debe huír de una España acosada por rebeliones fascistas y fanatismos republicanos que llegan a ejecutar a refugiados del nazismo sólo porque hablan alemán.
En definitiva, de esos libros que uno no querría acabar nunca. Enhorabuena, lector, si aún no has tenido la dicha de abrir su primera página, porque vivirás una experiencia maravillosa