Méndez Ferrín cabalga por la Galicia mítica

El rey Arturo vuelve a pasearse por las librerías y los paisajes borrosos de Tagen Ata se abren de nuevo a los ojos de los lectores gracias a la reedición de “Amor de Artur”, con la que la editorial Impedimenta homenajea a uno de los tótems de la literatura gallega contemporánea.  Texto: Antonio G. Iturbe Foto: Manuel G. Vicente

José Luis Méndez Ferrín nació en Orense en 1938, pero ha vivido desde los años 1950 en Vigo, donde fue catedrático de literatura en un instituto hasta su jubilación. Aunque quizá habría que decir que buena parte de su vida ha transcurrido en Tagen Ata, territorio imaginario pero de trazas muy reales, donde sitúa una Galicia que pugna constantemente con esa Terra Ancha que trata de someterla. Ferrín ha sido un activo defensor de una Galicia independiente, ya desde los años 1960 en que participó en la fundación de Unión do Povo Gallego, partido comunista e independentista. Fue detenido en varias ocasiones e incluso pasó por la cárcel. Nunca ha dejado de batallar políticamente e incluso en las últimas elecciones europeas estaba en las listas de la coalición marxista e independentista Iniciativa Internacionalista-La Solidaridad de los Pueblos, que no fue ilegalizada por los pelos. Su obra literaria, sin embargo, parece encontrarse lejos del cuerpo a cuerpo de la política y se mueve por terrenos mucho más sutiles, donde los ecos de la Galicia legendaria que bebe de los mitos celtas y su exquisito estilo narrativo dan lugar a obras de refinada complejidad. La reedición de Amor de Artur y otros de sus relatos de Tagen Ata nos permiten penetrar en los territorios mentales de este escritor telúrico.

La vivencia atlántica

Ha demostrado a lo largo de su trayectoria literaria una gran querencia por la materia de Bretaña. ¿Qué le atrae a un combativo marxista del aristocrático Camelot?
Mi relación con la literatura medieval es constante. El ciclo artúrico constituye una parte importante del legado mítico de Europa. En las historias entrelazadas de la materia de Bretaña se muestra el odio, la envidia, el heroísmo, objetos mágicos, el incesto, la decadencia, el equilibrio del mundo seguido del caos, la infidelidad y la lealtad, un rey que regresará a la vida para reinstaurar el orden y la justicia. Impresionado por todo eso, Steinbeck interrumpió una vez su macrorrelato social para contar la historia de Artur y de los suyos. Creo que se trata de su novela más reeditada.

Han pasado más de veinticinco años desde la publicación de Amor de Artur. Aunque es un libro metafórico que parece invitarnos a descabalgarnos del tiempo, si lo escribiera actualmente, ¿cambiaría algo?
Si yo escribiese actualmente Amor de Artur es posible que me saliesen otros cuentos muy diferentes. El mundo ha cambiado y yo también lo he hecho.

¿Está de acuerdo con las palabras de Constantino Bértolo en la introducción a esta edición cuando dice que esta obra es una “embajada literaria” para adentrarnos en su obra? ¿Cree que resume las claves de su estilo?
Es posible que así sea. En todo caso, en Amor de Artur se contiene en estado de germen una cierta dimensión de mi obra narrativa.

Encontramos en la literatura gallega una pulsión por dejarse ir hacia la Bretaña, por establecer una línea que conecte los acantilados de San Andres de Teixido con los de Moher en Irlanda y con los de Carazon en la bretaña francesa… ¿Es la fuerza telúrica del clima y la geografía lo que los acerca al Atlántico?
El Atlántico representa una vivencia básica y radical de todos los gallegos. Además, el mito celtista impregna hondamente la imaginación popular. Un texto fundacional irlandés de la Edad Media, el Leabar Gabala o Libro de las conquistas, cuenta que el Eire actual fue fundado por los Gales, que procedían de la Torre de Brigantia, o sea de la actual Coruña. Dice el libro que desde la torre de A Coruña (todavía está allí) se puede ver la desembocadura del río Shannon, en Irlanda. Fueron muchos los autores gallegos, desde la Edad Media a hoy, que correspondieron a esos mitos irlandeses con poesía y novelística celtizante. En mi caso, apenas soy autor de dos o tres cuentos de este carácter. Entre ellos, el que da título a Amor de Artur.

Usted ha creado en Tagen Ata una Galicia mítica. ¿Por qué esa necesidad de crear ficciones geográficas? ¿No basta con las reales para desarrollar las historias que desea contar?
He sentido el deseo de crear un espacio imaginario fijo que sirviese como escenario de múltiples relatos. Le inventé una historia, una lengua, una literatura y una situación subalterna respecto al imperio de Terra Ancha. No toda mi obra narrativa se incluye en el espacio imaginario Tagen Ata / Terra Ancha.

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Candidato al Nobel

Usted sigue siendo un autor políticamente comprometido. ¿Por qué los escritores se suelen llevar tan mal con la política activa, que raramente los vemos ocupar cargos y cuando lo hacen a menudo salen escaldados?
Hubo un tiempo en que Julio César, escritor, mandaba en Roma. Pero sí, hoy parece que los escritores se encuentran alejados del gobierno, como Platón quería.

¿Cree que quedan en Europa escritores intelectualmente comprometidos más allá de la pose?
Todos los escritores, como todas las personas, tienen una visión del mundo. Unos no desean transformar la sociedad, porque les gusta tal cual está, y otros aspiran a hacer cambiar de base el mundo heredado. No hay neutros, ni indiferentes. La cosmovisión, el sentimiento histórico y la percepción del estado contemporáneo de las cosas de cada escritor se cifra, consciente o inconscientemente, en su obra. Hay escritores muy explícitos en su compromiso ideológico, como Teresa de Jesús o Vargas Llosa. En otros, su compromiso cobra la apariencia de arte por el arte. La pintura de Popova o Malevich no aparenta, para el receptor ingenuo, pensamiento revolucionario, pero sus líneas y colores presuponen el leninismo.

¿Comparte la idea de algunos intelectuales gallegos de promover el reintegracionismo con el portugués para impulsar la literatura y la lengua gallega en el mundo?
Hasta el siglo XVI, el portugués no existió como lengua diferente del gallego. Hoy gallego y portugués son dos lenguas con sistemas fonológicos muy distintos, lo que implica ortografías también distintas. La evolución de la literatura contemporánea gallega poco tiene en común con la portuguesa. Todos los autores gallegos leen y frecuentas las letras portuguesas, así como también numerosos lectores. En Galicia hay librerías que ofrecen libros portugueses. En Portugal nunca hemos sido vistos, salvo en casos excepcionales. Para la cultura portuguesa no existe Galicia, aunque sí España.

¿Qué conclusiones ha sacado de la polémica en que se vio envuelto al defender Finlandia como un modelo de política cultural y lingüística?
Pues que el finlandés era una lengua sin literatura y marginada por el sueco en el siglo XIX. Hoy el finlandés es la lengua nacional de aquella república.

Y, tras muchos años como profesor, ¿cómo ve el sistema educativo? ¿Es tan malo como se quiere creer?
Cuando yo era mozo había en Galicia, y en España, muy escasos conocimientos en ciencias de la naturaleza y del hombre. Uno de los tópicos más extendidos es el que insiste en la degradación de la enseñanza. A pesar de ello podemos decir que, a lo largo del siglo XX, la educación se extendió y las elites de la sabiduría se multiplicaron. A pesar de la guerra civil y del nacionalcatolicismo.

¿Qué sensación le da ser el candidato gallego al Premio Nobel?
La de gozar de la simpatía de algunos lectores y escritores gallegos, a los que estoy inmensamente agradecido.

Ha pensado qué les contaría al rey Gustavo y esos señores tan formales de la Academia Sueca el día de la entrega?
Pues la verdad es que no.

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Escrito por el feb 11 2010. Archivado bajo Autores, Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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