Neil Gaiman: “El libro del cementerio”
Autor: Neil Gaiman
Traductora: Mónica Faerna
Editorial: Roca
296 páginas. 17 euros.
Mientras la familia Dorian reposa en su hogar, un asesino llamado Jack entra en la casa y apuñala a los padres y la hermana mayor. El bebé Dorian, sin embargo, escapa gateando hasta un cementerio cercano, donde un matrimonio allí enterrado decide adoptarlo. Durante quince años, el rebautizado como “Nadie” Owens crecerá entre lápidas, aprenderá de los difuntos una forma de existencia extraordinaria y vivirá todo tipo de fantasmagóricas aventuras. Así lo hará, al menos, hasta que el hombre Jack regrese para rematar su trabajo.
Podría ser una biografía imaginaria sobre la infancia de Tim Burton, pero en realidad es una excelente fantasía de Neil Gaiman que, en palabras del autor en el epílogo, le “debe mucho, consciente e inconscientemente, a Rudyard Kipling y a El libro de la selva”. Transformado Mowgli en Nad, apócope de Nadie, El libro del cementerio, premios Hugo y Newbery y pronto película de Neil Jordan, narra la historia de un bebé apartado de su familia que crece en un entorno con leyes propias, en este caso las de los muertos. Junto a personajes tan fabulosos como el no-vivo Silas, la licantrópica señorita Lupescu, los ghouls devoradores de cadáveres, la niña bruja Liza o la fúnebre Dama Gris, la historia de Nad, su adaptación a la necrópolis y su necesidad de volver al peligroso mundo real, se erige en manos de Gaiman en un prodigio gótico, menos felizmente turbio que Coraline pero más certero que Stardust o American Gods, y tan recomendable para niños (la edición española cuenta con magníficas ilustraciones de Chris Riddell en lugar de las originales de David McKean) como para los adultos que aún recuerden cómo soñar.
Sobre todo enriquecedores, los paralelismos con Kipling son tan notables que conviene subrayarlos: sea en las tierras vírgenes o en el cementerio, ambos libros relatan la peripecia de un bebé (Mowgli o Nad) cuyos padres son víctimas de un asesino (el tigre Shere Khan, el hombre Jack) con el que siempre tendrá una cuenta pendiente. Adoptado por una pareja (los lobos Ramma y Raksha en Kipling, los difuntos Owens en Gaiman) y aceptado en asamblea (el Consejo de la Roca o el anfiteatro de las almas), el niño crecerá bajo las enseñanzas de un tutor (Baloo-Silas) y una consejera (Bagheera-Lupescu), lo cual no impedirá que al final regrese a la civilización (la aldea o la ciudad en torno al cementerio de Highgate) para intentar reconciliar sus orígenes y su entorno adoptivo. Y todo, además, en una novela formada por distintos cuentos con un mismo protagonista.
La poética del terror
Pese a tales coincidencias en la estructura, la trama y los personajes, hay que decir con toda rotundidad que El libro del cementerio es una novela profundamente original. Primero, por su idea central, la de un niño vivo educado por fantasmas o espíritus; segundo, por las genialidades que esa idea produce en manos de Gaiman (por ejemplo, la lista de las criaturas que existen: “los vivos y los muertos, los ghouls y los moradores de la niebla, los grandes cazadores y los sabuesos de Dios”); y tercero, porque algunos capítulos, como el dedicado a la danza del Macabré o los que relacionan a Nad con la niña humana Scarlett, añaden una dimensión poética al terror y la creatividad que distinguen esta obra, haciendo de El libro del cementerio uno de los títulos más cien por cien Gaiman. Lo cual, en definitiva, es como decir que con esta vivísima novela se lo pasarán de muerte.
Por Ricard Ruiz Garzón
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ya lei este libro esta bien curado