De la vida a “The Wire”…
Es éste un blog bicéfalo, que redactamos entre mi director, Antonio G. Iturbe, y un servidor. Y lo hacemos un poco a salto de mata, en los escasos ratos libres que nos deja la confección de la revista, dando cuenta de la actualidad aquí pero olvidándola un poco más allá, en ocasiones tratando temas que no han tenido cabida sobre el papel y, otras, remarcando lo ya impreso y publicado. Viene esta aclaración a cuento de mi sentimiento de culpa periodística, disparado después de que la semana pasada dedicáramos un post al fallecimiento de J.D. Salinger y ésta, en cambio, no hayamos dicho nada aún sobre la muerte de Tomás Eloy Martínez. Sucede, eso sí, que ya hay bastantes medios informativos (con más medios humanos) haciéndose eco de ese género de noticias puntuales y objetivas. Y que en este blog venimos apostando por un acercamiento más personal a la cuestión. Así, por tener a Salinger bien leído y a Martínez demasiado pendiente, hubo post del primero y no tanto del segundo, todo un Premio Alfaguara y uno de los principales escritores argentinos a caballo entre el siglo XX y este incipiente XXI.
Saldada, esperemos, la deuda, les cuento que yo venía a hablar de una feliz coincidencia. ¿Han oído hablar de The Wire, serie televisiva de la cadena HBO que aquí fue bautizada como Bajo escucha, si mucho no me equivoco? Pues bien, además de tratarse de un prodigio dramático que convierte la caja tonta de antaño en todo un cubo superdotado de hoy, The Wire contó en su nómina de guionistas con algunos de los más grandes autores de género negro contemporáneo. Famosa es, entre los seguidores de la serie, la labor de George Pelecanos, encargado en el penúltimo capítulo de cada temporada de “cepillarse” a alguno de los personajes principales. Como también contribuyeron a esta monumental disección de la sociedad norteamericana dos escritores que ahora presentan novedad en las librerías españolas. El primero, Richard Price (a quien entrevistamos en nuestro número de febrero), nos cuenta La vida fácil (Mondadori), donde un asesinato neoyorquino se traduce en un gran fresco sobre todos los personajes involucrados en el crimen, su investigación y sus repercusiones. Y el segundo, Dennis Lehane (a quien entrevistaremos en nuestro número de marzo, autor de ese Shutter Island cuya adaptación ha corrido a cargo de Martin Scorsese), nos visita con Cualquier otro día (RBA), un novelón de setecientas páginas ambientado en Boston a finales de los años 1910, época de huelgas y atentados anarquistas, de brutalidad policial y racismo, aunque también de algún que otro legendario partido de béisbol. Dos propuestas que se devoran y que, aun trascendiendo la novela “de género”, nos transmiten todo el saber sobre la naturaleza humana de los clásicos de sombrero ladeado y sonrisa torcida de Dashiell Hammett y Raymond Chandler.








