Míriam Tey, genio y figura

 

Míriam Tey tuvo una fulgurante actividad a finales de los 90 y primeros 2000. Fundó Ediciones del Bronce en 1996 (tres meses antes de que naciera Qué Leer) y fue la primera editora en apostar en firme por los autores africanos en su colección Étnicos. La editorial pasaría a ser absorbida por Planeta y terminó diluyéndose. Pero ella, siempre combativa, fundó la editorial El Cobre, donde siguió dando cancha a autores de culturas lejanas (siguió publicando al premio Nobel Gao Xingjian) y picoteando en todo tipo de géneros. Míriam Tey siempre desplegaba un torrente de energía a su alrededor: Se bajó hasta Tarifa para echar el lazo al escurridizo Montero Glez y, con un plato de pescadito frito por testigo, se fraguó la publicación de Cuando la noche obliga. Yo mismo le presenté y la acompañé al gimnasio de boxeo Estrellas Altas del ex boxeador y entrenador nacional Rodríguez Feu (Rodri para los pugilistas). Rodeada de sudorosos boxeadores, el ruido de látigo de la comba y los golpes al saco, le contrató a Rodri su Los grandes campeones del mundo de los pesos pesados. Y después se fue alguna que otra vez con el veterano preparador a ver combates de boxeo en el extrarradio de Barcelona, siempre corriendo, pero siempre con una curiosidad insaciable y un movimiento constante. Y en uno de esos movimientos suyos de peonza, de no estarse quieta ni para las fotos, conoció a José María Aznar y acabó, para sorpresa de todos, –de ella misma, incluso- como Directora del Instituto de la Mujer. Pero mira cómo son las cosas, que al poco se publicó en El Cobre el libro de otro irreverente con talento de los que encantan a Tey: Hernán Migoya. Su libro Todas putas fue utilizado para atacarla en la línea de flotación. Se empezó a atacar a Migoya, mostrándolo como una especie de monstruo misógeno y psicopático (señal que no lo conocen, porque se podrá estar de acuerdo o no con sus obras, pero él es un trozo de pan, eso sí,  con miga). Pero lo curioso es que los ataques ya no iban en la página de Cultura, sino en las de Política. Querían la cabeza de Míriam Tey y ella, que se quedó sola (los del PP no tuvieron la valentía de defenderla de manera férrea y los del PSOE la usaron como munición contra sus rivales). Y dejó el Instituto de la Mujer y desapareció de la vida pública, de la grande de la política, pero también de la pequeña del mundillo literario. Su hermana Marta Tey fue en estos últimos años la cabeza visible de El Cobre.

Llevaba años sin verla y de repente se apareció en forma de llamada de teléfono. Resulta que la mujer “desaparecida” estaba trabajando poco más o menos donde siempre estuvo, al filo del Tibidabo y que, en realidad, su oficina (compartida, que son tiempos de crisis) está a menos de 100 metros de la Redacción de Qué Leer. 

Tey se ha quedado sola frente al peligro, porque la situación financiera era insostenible y ha tenido que empezar otra vez por el principio. Eso sí, sigue sin perder el entusiasmo contagioso. Me cuenta que ha llegado a un acuerdo de colaboración con Grup 62 para que ellos le provean de logística y ella ponga las ideas. Se ha quedado con tres líneas básicas en El Cobre: La colección africana en la que está publicando lo mejorcito de la literatura del continente (bien asesorada por Gustau Nerín), Abyectos (libros centrados en la discapacidad) y Planta 29 (obras en torno a temas de Internet de máxima actualidad y donde publica a uno de los gurús más efervescentes: David de Ugarte). Está colaborando en la organización de un importante congreso de Copyleft y otro sobre autores africanos en conmemoración de la independencia africana de sus últimas colonias. Así que ahí está la torrencial Míriam Tey, agua al cuello, pero sin dejar de remar. Genio y figura.

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Escrito por el ene 28 2010. Archivado bajo Blog. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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