Nielsen ratifica
Nielsen nos informa del balance final de libros más vendidos en 2009. Los datos puros y duros de esta rigurosa empresa auditora ratifican lo que en base a las listas elaboradas a base de un muestreo de librerías ya se había ido perfilando a lo largo del año. Incluso ratifican lo sondeado por ese método menos preciso y formal, pero tremendamente revelador que el método ojímetro. Es el método predilecto de los periodistas culturales y permite adelantarse a los acontecimientos numéricos antes de que sucedan. La manera de percatarse uno de que Stieg Larsson se había convertido en un fenómenos de ventas (y en este caso claramente de lectura) fuera de toda medida era observar cómo aparecía gente con un libro de Larsson en los lugares más inesperados, con un pico espectacular en la primavera de 2009. Yo vi a gente leyendo a Larsson de pie en la cola de un cine, en el metro, en los bancos de los parques, en la consulta de un dentista y hasta a un taquillero de la RENFE que levantó la vista a regañadientes del libro cuando me asomé a la ventanilla para pedirle un billete. Se me apareció Larsson en cuantas salas de embarque de aeropuertos puse pie o e en un ferry con destino a las paradiasiacas Islas Cíes, aupándose en un cesto por encima de toallas de playa, aletas de submarinismo y cubos para hacer castillos de arena. El ojímetro no engaña: Larsson había vendido lo que no está escrito. Y detrás, a buen paso, Dan Brown, rey del thriller enigmático, que en su género es un escritor altamente competente, como lo demuestra su capacidad para atrapar a millones de lectores en su telaraña de símbolos, secretos, sectas, investigaciones y devaneos que rodean a Robert Langdon. El nombre que a principios de año podría resultar más inesperado en esta lista de medallistas es el de Paolo Giordano, que aunque venía muy bien avalado por el premio Strega (cada año hay un premio Strega y pasa con más pena que gloria por aquí) su éxito ha sido fulgurante. Podría decirse que es la sorpresa de la lista, si no fuera porque lo publica Salamandra, que donde pone el ojo pone la bala.









