Henning Mankell: “El hombre inquieto”
Autor: Henning Mankell
Traductora: Carmen Montes
Editorial: Tusquets
464 páginas. 20 euros.
CINCO TINTEROS
El retirado capitán de fragata Hakan von Enke le comenta a su consuegro, Kurt Wallander, cómo nunca superó la inexplicable liberación de un submarino ruso que espiaba en aguas suecas en plena Guerra Fría. Poco después, desaparece sin dejar rastro. El inspector, al que Linda ha hecho abuelo y que ha cumplido su sueño de vivir en el campo con un perro, se tomará unas vacaciones para investigar el caso por su cuenta.
Cae el telón para Kurt Wallander y es hora de ponerse en pie para rendirle una atronadora ovación. Si alguien dudaba de que va a ser un clásico, este último acto dicta sentencia al brindar no sólo una memorable suma de las esencias de toda la serie policíaca –resumible en equilibrar la fuerza y complejidad de la trama negra con la construcción biográfica y análisis emocional del protagonista–, sino, más importante, por corroborar que ésta siempre ha aspirado a trascender los límites del género para conformar un drama sobre el ser humano, casi un tratado filosófico de cariz existencialista. En El hombre inquieto, la parte criminal, con sus submarinos, sus espías, sus secretos de la Guerra Fría, sus complots políticos, sus desapariciones y sus cadáveres, resulta impecable en planteamiento y ritmo, pero aquí hemos venido a hablar de Wallander. A los sesenta sus serios achaques físicos no son lo peor, sino comprarse un traje nuevo sabiendo que lo empleará más para entierros que bodas; ser capaz de reconocer los cuatro momentos que determinaron su vida; resignarse a que la maldad es eterna, a que los años hacen más difícil soportar la verdad, a que los muertos se llevan consigo sus secretos, a que los cabos sueltos y la sensación constante de que algo se escapa pueden con nosotros, entender que las iniciales grabadas de niño en un muro de piedra no iban a cambiar el mundo. Las últimas tres líneas (41 palabras) constituyen un estremecedor epitafio, bellísimo. Y la ovación continúa.
Por Antonio Lozano
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Sumario n. 152
"Qué Leer" se vuelve extra
Pienso que para Henning Mankell fue una obligación escribir esta novela, del mismo modo que lo ha sido para mi leerla. A los dos nos ha costado lo nuestro llegar al punto y final.
Ahora todos creemos estar en paz; él con sus lectores (pues tenía la “obligación” moral de completar la biografía de Wallander) y nosotros acompañando hasta el final a Wallander leyendo esta mala, o por lo menos irregular, última novela.
El trato dado al detective es injusto pues la obra se construye sobre dos endebles pilares; un simple, casi burdo, compendio de recuerdos narrados en anteriores novelas (así Mankell se ahorra pensar en Wallander) y una trama de espías, militares y familias que algo ocultan, bastante pobre y trasnochada.
Creo que no es necesario extenderme más; para mí, el resultado final es lo que decía al principio; una obligación para Mankell y otra para sus lectores.
Una pena, pues estos últimos siete u ocho años me estuvo agradablemente acompañando Wallander y ahora siento que su autor no estuvo a la altura deshaciendose del personaje más que despidiéndose de él.
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