Mendoza y la moderación navideña

El año pasado  -¿o hace dos?- leí una columna de Eduardo Mendoza donde comentaba resignadamente cómo la cortesía de las fiestas navideñas le estaba haciendo polvo el estómago. Decía una de esas cosas reales como la vida misma, pero que si  las dices pareces un aguafiestas: en un afán por agradar, estos días cuando visitas una casa te ponen unas comilonas de aúpa, te hinchan a turrón, polvorones y lo que haga falta, y si no te lo comes les haces un desaire, claro. Que se note que es Navidad. Pero la verdad es que llega un momento, explicaba, que lo que más le agradecería uno a su anfitrión sería una sencilla verdurita. Porque está ya uno empachado y lo que le apetece son esas modestas judías verdes con patata cocida. Me viene a la cabeza esas líneas a veces cuando mis anfitriones tratan de agasajarme con platazos y abundancia de todo y uno no sabe cómo decirles que está que revienta. Pero la imagen misma de ese artículo se me materializó, igual que el ángel anunciador a los pastores, el día antes de Navidad. Iba a tomar el ferrocarril en la parada de Putxet, ya al atardecer, y justo me crucé con Eduardo Mendoza, que salía del Mercado de Sant Gervasi. Llevaba una bolsa de la que sobresalían unos largos puerros. Y con ellos se marchó calle arriba. Así que descubrí que Eduardo Mendoza ha preparado, al menos en su casa, un antídoto para el desparrame de azúcar y colesterol de la Navidad a base de caldo de verduras. Y Mendoza es un señor que sabe mucho. Habrá que ir a comprar puerros.

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Escrito por el dic 29 2009. Archivado bajo Blog. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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