Enrique Redel, impedimenta al rescate
Texto: Antonio G. Iturbe Foto: Marta Calvo
Aunque Enrique Redel es madrileño reconoce que como editor prefiere el modelo catalán al de la capital: “es más estético y preocupado por la literatura sin ambages”. Redel es un renegado del Derecho que no siempre ha hecho de chupatintas: en una época trabajó en Doñana y dando clases a niños con eso que ahora se llama síndrome de falta de concentración y que no es otra cosa que chavales vagos de remate. Llegó a la conclusión de que era mejor trabajar para los jabalíes que para los niños. También fue abogado para un grupo de empresas pero, cuando en 1999 metió la cabeza en una editorial, ya no pudo sacarla. Se dio a conocer como editor con Funambulista, que levantó junto a su socio Max Lacruz y en 2007 se puso por su cuenta y riesgo con Impedimenta. Parecía una imprudencia abandonar el trabajo en Funambulista y empezar otra vez de cero, pero lo hizo. Hay algo heroico en Redel: es seguidor del Atlético de Madrid. Impedimenta es, según la Real Academia, el bagaje que suele llevar la tropa, e impide la celeridad de las marchas y operaciones. Redel se ha pasado la vida arrastrando libros, algunos muy pesados, con tapas duras y cientos de páginas en aquellos tiempos en que el libro de bolsillo era bastante zarrapastroso. El peso le ha hecho caminar más despacio, pero seguramente llegar más lejos. Es un apasionado editor literario pero no se le cae de la boca la palabra negocio: “La edición de literatura es una profesión curiosa: tiene un extraño halo glamouroso y una presunción de cierto diletantismo. Nuestro mayor imperativo es nuestro gusto, de eso hay que partir. No obstante, es imperativo seguir las palabras de Christina Rossetti y tener siempre ‘un ojo puesto en el mercado’”.
De los libros que ha publicado, del que más satisfecho se siente es de su flamante Premi Llibreter, Botchan, del japonés Natsume Soseki, y también de La hija del optimista de Eudora Welty, “un Pulitzer que ha tenido una fabulosa acogida crítica y que nos ha obligado a reimprimir apenas unas semanas después de su aparición”. Si tuviera crédito ilimitado cree que ficharía a Thomas Pynchon. También lo intentaría con la británica A. S. Byatt.
Impedimenta se ha convertido en una empresa de rescate de tesoros literarios sumergidos en el olvido o la desidia. Empezó por autores como Edith Wharton o Stendhal y ha ido buceando cada vez de manera más profunda. Rescates como la primera obra de Stanisław Lem o su decidida apuesta por hacer justicia a un escritor tan extraordinario como Méndez Ferrín son fruto de esa pasión contagiosa con que Enrique Redel vive la literatura. Algo de maniaco de los libros tiene este hombre: afirma haberse leído tres veces el Ulises de Joyce. Eso sí, también tiene sus pequeños vicios: los seriales como The Wire, Mad Men, The Sopranos o Deadwood. Pero, como si hasta esa licencia le pareciera una infidelidad conyugal a su matrimonio con la literatura, no los denomina seriales sino “nueva narrativa televisiva”. Que conste.








