Un año sin Francisco Casavella
milo j. krmpotic'Desde su titular mismo, este post invita a la melancolía. Francisco Casavella contaba apenas 45 años y cabe llorar tanto la desaparición de la persona (para esta casa, un amigo) como la de un autor mayúsculo que se encontraba aún lejos de tocar techo. No obstante, lo mismo que alguno de sus personajes lograba escapar a la Barcelona más sórdida a través de la magia del baile, sirvan estas palabras menos como lamento que como celebración, que los aniversarios los carga el Diablo y Casavella, lo mismo pensemos en él hoy que ayer o dentro de dos semanas, escribió como los ángeles.
Varios han sido los colegas o conocidos que estos últimos meses han decidido zambullirse en su obra. Caso de que el lector de estas líneas sienta idéntica tentación, porque doña actualidad obliga y su hija novedades aún más, comenzaremos citando dos voluminosas recopilaciones. La una, recién editada por Destino, reúne en un solo tomo las tres partes de El Día del Watusi, ese monumental fresco sobre la Ciudad Condal de la segunda mitad del siglo XX que se inició con la maravillosa Los juegos feroces, siguió con la irregular Viento y joyas, y culminó con la notable El idioma imposible (impresiona, desde esta perspectiva unitaria, cómo Casavella pasa del mito fundacional al retrato social, ya del ascenso de la clase inmigrante durante los años 1970, ya de la corrupción de la clase burguesa que antaño lucía el apellido De la Rosa como hoy apunta a los Prenafeta o Millet). Y la segunda es Elevación, elegancia y entusiasmo, más de mil páginas en Galaxia Gutenberg que coleccionan toda la trayectoria ensayística y periodística de una pluma que en su no ficción siempre hizo gala de dos notables atributos: criterio y gusto.
Ahora bien, ¿quiere usted conocer a Casavella en una distancia más corta? Pues no dude en acudir a El triunfo, una ópera prima galardonada con el Premio Tigre Juan donde Francisco García Hortelano (nombre real del autor) mezcló el Hamlet shakespeariano con la cultura gitana del Poble Sec barcelonés. O a Un enano español se suicida en Las Vegas, obra de viejas altas dudas y nuevos bajos fondos. O a El secreto de las fiestas, que comenzó siendo novela juvenil en Anaya y acabó perfilando un imaginario adulto desde Mondadori. O, finalmente, ya lanzados, a Lo que sé de los vampiros, Premio Nadal de 2008 con el que Casavella abandonó sus paisajes habituales para llevarnos siglo XVIII arriba y siglo XVIII abajo, desde la expulsión de los jesuitas en España hasta la conquista del Oeste americano, pasando por la corte papal, las monarquías escandinavas y la revolución francesa. Ambición no le faltaba, como pueden constatar. Maneras, tampoco.
Lo dice Jordi Costa en la magnífica pieza editorial que abre nuestro número de diciembre: la visión caricaturesca de Casavella que algunos fomentaron (él y su pasión por la fiesta incluidos) queda desmentida por una obra tan prolífica como deslumbrante. Servidor, sin ir más lejos, se llevará vaya a donde vaya en esta vida (isla desierta incluida) tres de sus libros: El triunfo, Los juegos feroces y Lo que sé de los vampiros. Para disfrutarlos como lector. Para seguir aprendiendo de ellos. como redactor. Casavella no escribe más, tal es la mala noticia. Pero por las caderas del Watusi que puede ser leído y releído. Como mal menor, resulta un bien inconmensurable.

Sumario n.156
Qué Leer Extra: Guía infantil y juvenil. Vacaciones con libros
En estas fechas señaladas, ahora que algunos tienen tiempo libre, lo mejor que se puede hacer es leer disfrutar de una buena lectura, sobre todo de aquéllas que tengan pendientes. La obra de Casavella es muy recomendable y, así, sería una buena opción, un buen homenaje navideño. Además, supongo que no habrá problemas para hacerse con ejemplares de la misma; es una pena que haya libros difíciles de conseguir. Por ejemplo, tras la demanda civil presentada por cierto partido político conservador contra Sergi Durà, y la presión de la cadena de radio religiosa por excelencia a los grupos de distribución, la novela ‘Coincidencias’, libro en el que se mezcla el sexo, las chicas con minifalda y los políticos corruptos, se ha convertido en un texto difícil de encontrar, pues los ejemplares distribuidos en la Casa del Libro, el Corte Inglés y la Fnac se han vendido o retirado de la venta; lo he comprobado. Me comenta el dueño de Ambra, la pequeña librería que me lo ha conseguido, que entre altas dosis de erotismo, se burla sin piedad de políticos deshonestos y de otras muchas cosas. Y han cargado contra él por párrafos como éste:
“… Pasa, sobrino, pasa y siéntate. Te decía que os sentáis con el concejal a comer y os lo inventáis; no se te habrá ocurrido dejar a cuarenta obreros en el paro y a mi amigo Pablito sin negocio, ¿verdad? Pues entonces. Hombre, yo que sé, pues que desmonten una avenida y la vuelvan a montar. Organizáis un concurso público, que sólo cumpla las condiciones Pablito y ya está”.
El libro no tiene desperdicio, pero para leerlo tendríais que encargarlo. Es una pena que se prohíban y censuren algunos libros, da rabia y ganas de gritar lo mismo que Wallace en ‘Braveheart’: “¡Libertad!”
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el secreto de las fiestas también para la isla
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