Siegfried Lenz: “Minuto de silencio”
Autor: Siegfried Lenz
Traductor: Christian Martí-Menzel
Editorial: Maeva
118 páginas. 15 euros.
Cuatro tinteros
Argumento
Durante el funeral de la profesora Stella Petersen, uno de sus alumnos, el joven Christian, evoca el romance que ambos vivieron el verano anterior: la tormenta que los obligó a permanecer en una isla donde se amaron apasionadamente, los paseos en el barco de su padre, las tardes de playa, la cama de hotel… Mientras se celebra el solemne acto, Christian deshoja cada uno de los instantes del primer gran amor, que marcará el resto de su existencia.
Jung decía que en esta vida cada persona debería aspirar a reconocer su propia música y parece que Lenz la encontró hace tiempo y no cesa de hacerla sonar en cada página que escribe, con el aliciente de que siempre parece recién interpretada. Como en Lección de alemán o El legado de Arne, en esta novela sus criaturas vuelven a ser adolescentes que expían su sufrimiento mediante la contrición o la piedad, en un marco que bien podría ser intemporal y con una naturaleza faulkneriana, encumbrada a la categoría de protagonista. A través del ejercicio de introspección del joven Christian conoceremos la historia de su primer amor con Stella, su profesora, a quien el mar se la entrega… y el oleaje se la arrebatará para siempre. De lo particular a lo universal; de su corazón a los asuntos medulares del ser humano: así actúa Lenz. Con una humildad despojada de todo cairel y apoyándose en una estructura de flashback –del funeral de la profesora a los tórridos encuentros de amor veraniego–, el novelista del llamado Grupo 47 aborda una depurada y estremecedora novela de corto aliento, que se embarca entre la pérdida y la memoria para concluir una escritura lenitiva, pese al dolor que destila. Un autor, en definitiva, que no parece conocer más patria que la de los recuerdos y el redescubrimiento de lo ajeno como algo propio. Una obra luminosa que hace buenas las palabras de Monterroso cuando decía aquello de que “un buen libro debe ser triste”.
Por Ángeles López










Exquisita novela.El tono de la historia me recuerda al gran Akiro Kurosawa de “lo bello y lo triste”.
Sentimientos profundos,pero delicadamente contenidos.Lenz maneja la batutas con la habilidad de un viejo maestro y en nigún momento la melodía se le va de las manos.Una verdadera perla entre tanta mierdecilla