Las “Siete vidas y media” De Vázquez-Figueroa

Alberto Vázquez-Figueroa ha escrito docenas de libros, ha sido corresponsal de guerra, cazador de elefantes, buzo profesional y actualmente inventor. Pero frente a semejante despliegue de energía hay que decir que en lo que se refiere a escribir sus memorias, este hombre es de una vagancia absoluta. Con la de gente que no tiene absolutamente nada que contar y llenan cientos de páginas de obras de autobiografía, autoficción y autofelación y Vázquez-Figueroa sigue resistiéndose a sentarse a refelexionar por escrito sobre su vida. Y ahora tampoco lo ha hecho. La única aproximación a su vida (al margen de sus propios libros más o menos biográficos) era Alberto Vázquez-Figueroa o la aventura (Plaza & Janés) escrito en base a varias conversaciones con el periodista Eduardo Martínez Rico. Cuando tuve ocasión de conversar con él la pasada primavera con motivo de la publicación de Saúd, el leopardo (Ediciones B) ya me dijo que “lo pasado, pasado está. A mí me divierte encarar cosas nuevas, no aferrarme a lo ya sabido… ¡que aburrimiento!” Y me contó que en su editorial también le había insistido en que contase su vida y que finalmente había accedido a recibir cada día a una redactora de la editorial que le iba lanzando preguntas y él las iba respondiendo. Esto se explica en la primera página del libro, porque Vázquez-Figueroa podrá tener muchos defectos, pero uno tiene la impresión que siempre dice lo que piensa. Sólo hay que conectarse a su blog (muy recomendable www.albertovazquezfigueroa.es) para ver cómo larga. Total, que la lectura de Siete Vidas y media (Ediciones B) nos cuenta sus primeros años de vida en plena Guerra Civil y la trágica muerte de su madre (quizá sea de lo más valioso de este libro la manera tan franca en que aborda un tema muy doloroso para él). Sus primeros años de formación en el Sahara español, en la casa de sus tíos de Cabo Juby es una etapa que había contado en su primer libro Arena y viento (reeditado recientemente por Debolsillo), aunque él con su habitual autodesmitificación diga que es malo, hay en algunas de sus páginas ráfagas de lo que podrían ser unas verdaderas memorias de Vázquez Figueroa. Nos cuenta su primer encuentro en el mar con los tiburones y  su inmersión en los libros de Julio Verne de la biblioteca de su tío. Después, su aprendizaje como submarinista en el Cruz del Sur, que le permitió entrar en contacto con el mítico Jacques Cousteau, pionero en el buceo con escafandra autónoma. Posteriormente va a Madrid a estudiar periodismo porque quiere escribir, contar historias. Estando estudiando la carrera se le reclama para dirigir un grupo de submarinistas que puedan sacar los cadáveres de la catástrofe acontecida al romperse una presa en Sanabria que sepultó un pueblo entero. Lo que allí vio, palpó y calló merecen una lectura sosegada. Su naturaleza aventurera le lleva a viajar a África y a escribir artículos para la revista Destino y a ejercer después para La Vanguardia y TVE como corresponsal en Latinoamérica, África y una docena de guerras, la más terrible la del Chad. Harto de las guerras, se marchó a Venezuela, donde vivía su hermano, para dedicarse a escribir. Su hermano le tentó para que trabajase con él en la publicidad y en pocos meses obtuvo dos premios como creativo, pero decidió dejarlo para probar como escritor, en contra de todo pronóstico. Paso unos meses de penurias, pero cuando en 1976 se publicó en España Ébano, el éxito fue inmediato. A partir de ahí seguirían viajes y novelas, visitas al Festival de Cine de Cannes rodeado de las mujeres más bellas y con amistades en el mundo del cine como los hermanos Bertolucci, Vittorio Gassman, Franco Cristaldi u Omar Sharif. Cuenta que Omar Sharif le daba útiles consejos para seducir mujeres. Según Vázquez Figueroa “tenía tanto carisma que en cuanto entraba en un lugar a las mujeres se les caían los pañuelos, los bolsos… e imagino que hasta las bragas”.  En cambio no le fue tan bien con su vecino de chalet en Suiza, un tal Roman Polanski, que lo invitó a una fiesta en su casa: “cuando llegamos a su casa lo primero que hicieron fue advertirnos que al estar embarazada mi mujer no podía comer la mayoría de las tartas, porque contenían hachís o cocaína. Allí se encontraban un montón de famosos en un ambiente muy selecto, sí, pero también un poco raro, tan raro que, de repente, un tipo intentó sacarme a bailar y, cuando le hice ver que yo no solía bailar con hombres, me contestó muy indignado: ‘¡Es que yo soy Helmut Berger, la “esposa” del genial Luchino Visconti!’. Admito que no fui muy cortés a la hora de decir lo que pensaba y nos largamos de inmediato. Porque lo cierto es que nunca he probado ningún tipo de drogas, tampoco bebo alcohol y no me va en absoluto bailar con hombres, por lo que a decir verdad, allí no pintábamos nada”. El libro rebosa de anécdotas (desde su aterrizaje en el hotel donde se elegía a Miss Universo hasta su amarga experiencia con todo tipo de políticos corruptos e ineptos que han zancadilleado su intento de desalar el agua de mar a un precio económico. Su faceta de inventor es igualmente sugestiva y él ha invertido en ello toda su energía, su tiempo y su dinero. Y tal y como el lo cuenta, parece de un absoluto sentido común. Por cierto, le pega un pescozón a Al Gore, al que tilda de fantasma y nos cuenta cómo el gurú de las verdades incómodas no admite otras verdades que la suya, que parece orientada al negocio de los aerogeneradores, en los que está invirtiendo mucho dinero. En fin, que no es el libro de memorias de buceo interior  que sus lectores todavía esperamos (pues ya podéis esperar sentados, majos, debe estar pensando), pero es como si Vázquez-Figueroa te viniera a ver a tu casa, se se sentara en el sofá , se encendiera un puro y te contara su vida de un tirón. Que no es poca cosa.

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Escrito por el dic 10 2009. Archivado bajo Blog. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “Las “Siete vidas y media” De Vázquez-Figueroa”

  1. sergio

    Haces muy bien reivindicando a AVF, Toni. Aunque se trata de un autor tremendamente irregular, sin duda es un gran personaje, y su “Tuareg”, una novela muy genuina y un pequeño clásico

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