XXVI Edición del certamen Jara Carrillo
En un libro ingenioso y mordaz (España, aparta de mí estos premios publicado por Páginas de Espuma), Fernando Iwasaki hace mofa de la proliferación de premios por la geografía española, subvencionados por ayuntamientos o modestas instituciones a las que demuestra que es la mar de fácil torear rehaciendo según las bases de turno cualquier cuento que uno tenga por casa sin que ellos se percaten. Yo discrepé en la revista de ese sentido del humor que consiste en zaherir a los débiles, en este caso, esas modestas concejalías de cultura de pequeñas poblaciones que hacen un gran esfuerzo por hablar de libros y, digámoslo claro, por dar de comer a bastantes escritores que gracias a ellos han ido tirando. Un ejemplo de ese trabajo generoso en pequeñas poblaciones donde hay gente que pone muchas horas y mucha ilusión sin otra recompensa que conseguir que se hable de literatura es el Certamen Jara Carrillo de Poesía y Cuento de Humor al que hace muchos años tuve ocasión de asistir en calidad de jurado y donde comprobé cómo el entusiasmo de la directora de la biblioteca de Alcantarilla, María José Gómez, apoyada por la concejalía de cultura, sacaba adelante un certamen de relatos que, al menos durante el día del fallo en un acto público, conseguía que el tema del día en los medios de comunicación locales no fueran guerras, corrupciones o violaciones sino la creación literaria. Quien quiera que se burle de ellos todo lo que quiera, pero el afecto con que María José trataba a la gente, el respeto con que se leían los originales y el entusiasmo que se derrochaba en la deliberación sin otra compensación que la satisfacción personal, era muy superior al que he visto en otros cenáculos supuestamente más intelectuales y de más fuste literario donde muchas veces los jurados ni siquiera se leen los originales que han de sancionar o el premio está directamente amañado. Me llega ahora la convocatoria de la XXVI edición del Jara Carrillo que María José me manda cada año con una puntualidad y un tesón irreductibles. Quien se anime a participar en este certamen que promociona precisamente la literatura hermanada con el humor, tiene tiempo hasta el 31 de enero para mandar sus obras (cuentos entre 6-10 folios y poesías entre 56 y 156 versos) a Biblioteca Pública Municipal – Huerto de las Cayitas s/n. – 30820 Alcantarilla (Murcia). Para más información se puede escribir a María José a biblioteca@alcantarilla.es
Que San Ignatius J. Reilly os inspire.








Estoy totalmente de acuerdo con Heráclito, además ¿por qué tienen que apartar esos premios?La literatura., querido amigo, tiene muchas vertientes, hasta autores consagrados dedicaron muchos versos y relatos con mucho sentido del humor del cual por lo visto careces. Lo tienes muy fácil, Fernando, no te tienen que apartar de esos premios, apártate tú ,que para eso estamos en una democracia, en la que es libre el pensamiento.
Un saludo
Suele ser un tema recurrente entre cierta clase de escritores, y otras divinidades subvencionadas y subvencionables, arremeter contra los “premios de base”, los más democráticos y libres que existen, coexisten y resisten, a pesar de sus posibles carencias y sus muchos y constatados fallos (que no suelen ser o coincidir, por cierto, con la corrupción y la impunidad, tanto jurídica como ética y, lo que es más grave, intelectual, de cierta clase también de orgías premiatorias o escalafonamientos cuasi públicos, tanto en su promoción como en su financiación, que poco tienen que ver con la calidad literaria. ¿Quién es Fernando Iwasaki? ¿Y cuántos más?