Aleksandar Hemon: dos lugares en el mundo

Un asesinato antisemita y una búsqueda del pasado balcánico alimentan “El proyecto Lázaro” (Duomo), la última novela de un escritor que huyó de la guerra bosnia para triunfar en las letras norteamericanas.

Texto: Milo J. Krmpotic’ Foto: Velibor Bozovic

Una vida, un sufrimiento

Líbrese el periodista de incurrir en generalizaciones cuando entreviste a Aleksandar Hemon, autor que a la mención de un “pesimismo eslavo” responde con toda una carga balcánica: “Si tal pesimismo existe, pretender que obedezca a una predisposición genética o cultural forma parte del mismo tipo de racismo que mató a Lazarus”. Poco importa que la pregunta estuviera relacionada con los entre cuarenta y setenta años de gris comunismo que vivió la Europa principalmente eslava: el plumilla esconde a un racista homicida en potencia. Y, aún peor, no ha entendido que, al contar la historia real de Lazarus Averbuch, inmigrante judío asesinado en 1908 por el jefe de policía de Chicago (quien histéricamente lo confundió con un terrorista anarquista), Hemon no ha hecho referencia al “sufrimiento de los judíos durante siglos” porque “la literatura no trata las experiencias o el padecimiento de las masas, sino que lucha por conseguir que la experiencia individual resulte comprensible para otros. Convertir el dolor de una persona en una partícula anónima del gran sufrimiento universal implica negar la multitud de detalles que constituyen la vida humana” [Gran. Sufrimiento. Universal. Los pesimistas no son los eslavos. El pesimista es Hemon. Y no hace falta más que pensar en la Sarajevo de los francotiradores para aceptar que sus motivos tiene.].

Un proyecto, dos argumentos

La experiencia individual de Lazarus se inicia en los pogromos ucranianos de principios del siglo XX y termina, como tantos sueños americanos, con un concierto para miedo y casquillos de bala en do mayor (su epílogo resulta igualmente terrible: Olga, la hermana de Lazarus, abandona Estados Unidos para regresar a casa, donde unas décadas más tarde desaparecerá engullida por el Holocausto).

Mientras tanto, Brik, álter ego del escritor, aprovecha el dinero de una jugosa beca norteamericana para viajar por el este de Europa (Ucrania, Moldavia…) en busca de la memoria de Lazarus y de su propia vida en Bosnia, a la que se vio obligado a renunciar cuando las tropas serbias sitiaron Sarajevo (junto a él, su compinche Rora, sosias del fotógrafo que firma tanto las imágenes que abren varios capítulos de El proyecto Lázaro como el retrato que preside estas líneas).

Una piedra, una fosa común

Entre uno (Lazarus) y otros (Brik y Rora), se perfila un trayecto por el horror europeo del antisemitismo, dos guerras mundiales y la descomposición del país alguna vez conocido como Yugoslavia. Recorrido similar al del Todo está iluminado de Safran Foer (y, en menor medida, la Zona de Mathias Enard) que Hemon de hecho utiliza para escapar al presente: “En Europa, tiras una piedra y le das a una fosa común. Pero necesitaba a Brik y a Rora para estudiar el modo en que uno se puede relacionar con el pasado. La pregunta es: ¿Cómo cuentas una historia que parece hallarse más allá de tu experiencia? Y la respuesta es: usas tu imaginación. A menos que contemos historias sobre el pasado, y por tanto establezcamos una conexión orgánica con la Historia, nos veremos prisioneros del presente perpetuo” [¿Por qué busca Hemon tal “conexión orgánica”? Por su carácter ejemplificador: la guerra contra el terror anarquista de 1905 tiene mucho que ver con la guerra contra el terror islamista post 11-S. En otra entrevista, posiblemente mejor preguntada que ésta que nos ocupa, decía además que la guerra de Bosnia fue una tragedia evitable y que ello le impulsa a intentar evitar la próxima catástrofe. Hemon es un pesimista que, no obstante, se resiste a perder dos partidos seguidos].

Un desplazamiento, dos identidades

A Brik ya lo conocíamos, claro: no deja de ser la progresión del Jozef Pronek que protagonizaba un relato de La cuestión de Bruno y la totalidad de Nowhere Man. Es decir, que Hemon insiste en retratar la vida del inmigrante (su vida como inmigrante, antes captador de Greenpeace y hoy literato reconocido y lujosamente becado) en las barras y estrellas: “Me interesa mucho el trauma del desplazado, sí. Pero, de nuevo, no sucede igual con cada inmigrante. Los hay refugiados que huyen del genocidio y los hay que venden su casa en el sur de Francia para comprarse un estudio en Nueva York. Creo que el desplazamiento -la inmigración, la emigración, la migración- es un elemento crucial de nuestro tiempo. Está alterando la noción de hogar y, por tanto, también la de identidad”.

Dos lenguajes, ¿un escritor?

Primero, la leyenda: Hemon perfeccionó (de forma literal) su inglés diseccionando Lolita. En consecuencia, la faja: el cambio de idioma y su brillante uso del lenguaje adquirido han hecho que Hemon haya sido descrito en términos de “nuevo Nabokov” (y bendecido, por ejemplo, como finalista del National Book Award 2008 por El proyecto Lázaro). La cosa fue así: “Comencé a escribir en inglés cuando me di cuenta de que iba a pasar mucho tiempo en Estados Unidos, quizá el resto de mi vida. No pensé en industrias, mercados, ni en nada por el estilo. Necesitaba escribir y necesitaba hacerlo en inglés. Pero también escribo de forma regular en bosnio. Firmo una columna en la revista BH Dani, que se publica en Sarajevo, y he redactado centenares de piezas. De hecho, en Bosnia se me conoce más por mis columnas que por mi narrativa, por mucho que ésta haya sido traducida”.

Claro que, si el cambio de hogar altera la identidad, ¿qué hay del salto de idioma? “Creo que los escritores aprenden y absorben su lenguaje literario -sea éste nativo o no- de otra gente, de otros libros, de otros contadores de historias. Ésa es la belleza de la lectura. Cada libro que lees te pertenece tanto como al resto del mundo” [Resumiendo, pues: Hemon es un pesimista que sufre recaídas de idealismo y que por ello se resiste a vivir nuevas catástrofes. Opciones que, cabe añadir, lo han convertido en un narrador soberbio].

Compártelo!
Escrito por el nov 24 2009. Archivado bajo Autores, Galería. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

Dejar un comentario

Ads

Publicidad

Galería de Fotos



Revista MC

 
Secciones y Temas

Revista Qué Leer | Passeig de Sant Gervasi, 16-20, 08022 Barcelona (España) | Teléfono: 93 254 12 50 | Fax: 93 254 12 63 © 2011 MC Ediciones