El hombre en la esquina de la foto se va a la guerra

El hombre se llama Carlos Pujol, casi igual que cierto defensa del F.C. Barcelona tan marmóreo como tarzanesco. Pero lo suyo no es el prime time televisivo ni el verse coreado por las masas; sí, en cambio, un papel tirando a secundario en una de las grandes veladas de nuestra temporada literaria. En cuanto secretario del Premio Planeta (editorial a la que lleva asesorando la friolera de 46 años), Pujol es dueño de un rostro que aparece en segundo plano y de refilón, sobre una de las esquinas de la foto destinada a abrir tantos diarios la mañana de cada 16 de octubre. Profesor universitario, para más señas; crítico, poeta, traductor de Shakespeare y Baudelaire, de Proust y Hemingway, Pujol ha encontrado en el sello palentino Menoscuarto una base de operaciones desde la que continuar su carrera narrativa. Un corpus al que se le notan los galones incluso desde un título tan breve como es el recién aparecido El teatro de la guerra.

Si la guerra en efecto es teatro, Pujol pertenece a la estirpe de quienes se mueven entre bambalinas. La segunda guerra mundial ha acabado oficialmente y, aunque la ocupación de Alemania sigue teniendo sus bemoles, un oficial del ejército norteamericano solicita permiso para visitar Bad Marienkloster, el villorrio del que partió su familia para hacer fortuna en Estados Unidos. Sus jefes se lo conceden a cambio de que tenga los ojos muy abiertos, ya que la zona se encuentra bajo control del ejército francés. Los galos no le ponen mayores trabas, ocupados como están en no hacer gran cosa. Y nuestro “héroe” se planta en la tierra de sus antepasados, un pueblo que ha escapado a la destrucción pero no al miedo y al nerviosismo que la acompañan…

No le destrozaremos la historia a nadie si añadimos que Bad Marienkloster va a ser escenario de dos asesinatos: son elementos que tiran de la trama pero que en absoluto la condicionan. El teatro de la guerra, en efecto, dista mucho de ser una novela negra y, al final de sus páginas, el lector se sentirá tan confuso y extraviado como su propio protagonista. Pero las tablas, claro, son un ámbito afín al diálogo. Y es precisamente ahí, en lo que el militar Kelly habla, en lo que los vecinos le responden o dejan de responderle, donde la novela crece y se expande. Las reflexiones sobre la virtud y la culpa, sobre el modo en que ambas basculan según se hable desde el lado de los vencedores o desde el de los vencidos, coronado todo ello con una prosa rigurosa pero elegante, hacen de ésta una obra peculiar, entrañable, con un recorrido mucho más largo del que cabría suponer a sus 120 páginas escasas.

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Escrito por el nov 19 2009. Archivado bajo Blog. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

2 Comentarios por “El hombre en la esquina de la foto se va a la guerra”

  1. David J. Rohr

    Pujol merece algo más que esto, querido amigo. Ya está bien de que se le vaya perdonando (literariamente) la vida con reseñitas resabiadas y dictadas desde no sé qué Olimpo, como si fuera un objeto de segunda mano que no se atreve a tirar porque en el fondo le despierta un condescendiente y paternal cariño. Puede usted decir de él lo que quiera, incluso escribirlo (aunque yo eso me lo pensaría dos veces). Para mí es uno de los mejores escritores vivos en lengua española. Léalo un poco y deje la palabra “entrañable” para el articulito que le tocará escribir esta Navidad.

    • milo j. krmpotic'

      Por un lado, lamento que una reseña que concebí desde el elogio más sincero le haya parecido tan escasa. Por otro, le ruego no se confunda: más que condescendencia, sorpresa. Porque reconozco mi desconocimiento sobre la obra de Pujol y, pese a suponerla notable en base a las maneras que trasluce esta novela en concreto, debo limitarme a enjuiciar lo que he leído. Y ‘El teatro de la guerra’ se me hizo entrañable, qué quiere que le diga. También hablo de galones, prosa rigurosa, largo recorrido, amén de citar sus muescas como traductor… Aspectos todos ellos que usted obvia porque… ¿no se puede escribir sobre Carlos Pujol? No, amigo: Olimpo, el suyo, donde no se puede hablar de los “mejores escritores” a riesgo de ser acusado de sacrilegio (¿lo cual, a su vez, parece provocarle cierta frustración?). Y articulito, en efecto, el mío: sin más intención que la de compartir el placer de una buena lectura. Un saludo.

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