Thomas Bernhard: “Mis premios”
Redaccion
Autor: Thomas Bernhard
Traductor: Miguel Sáenz
Editorial: Alianza
152 páginas. 16 euros.
Cinco tinteros
Argumento
Bernhard cuenta cómo recibió una decena de premios a lo largo de su vida literaria y cómo las ceremonias de entrega suponían una afrenta a su inteligencia. El relato de cómo acude a recoger diferentes galardones (el Grillparzer de la Academia de Ciencias de Viena, el Premio del Círculo Cultural de la Asociación Federal de la Industria Alemana, el Julius Campe o el Nacional Austriaco de Literatura) dan pie a líneas donde la ironía y el sarcasmo no ofrecen tregua.
Este libro es un abrelatas que nos permite introducirnos en los pensamientos de un escritor obligatorio en los cánones de la literatura europea del siglo XX, pero cuya lectura no resulta precisamente un paseo en góndola para un lector medio: narradores difusos, tramas concéntricas, pesimismo asfixiante… Por eso esta obra (gracias al magnífico trabajo del traductor, Miguel Sáenz) permite a cualquier lector adentrarse en el mundo punzante de Bernhard y realizar una lectura provocativa y muy divertida.
La conjura austriaca
Bernhard se retrata a sí mismo como una suerte de Ignatitus J. Reilly cultivado (y sin flatulencias), dispuesto a no dejarse arrastrar al fango de la vulgaridad y el mal gusto que reina a su alrededor. Detesta a los ministros de cultura, considera que los funcionarios del ministerio son absolutamente estúpidos y propietarios del “peor gusto que cabe imaginar”, desearía que al político que traza una biografía errónea sobre su persona se lo abofetease y considera que está “expuesto en los periódicos austriacos a una campaña de aniquilación de mi persona especialmente violenta”.
El mundo de la cultura austriaca, poblado por imbéciles, se conjura contra él e incluso detecta en la concesión del Premio Nacional Austriaco una maquiavélica maniobra para desacreditarlo. Él reacciona con aparente mansedumbre, pero convierte sus discursos de aceptación, garabateados minutos antes de la ceremonia, en cargas de profundidad contra la mediocridad imperante. Cuando los presentes no se le quedan dormidos (y roncan zafiamente), como la ministra Firnberg al concedérsele el Premio Grillparzer, consigue incluso que alguno abandone la sala echando chispas, como el ministro Piffl-Percevic cuando Bernhard lee un breve discurso en el que afirma que “el estado es una creación constantemente condenada al fracaso; el pueblo, una creación ininterrumpidamente condenada a la infamia y la debilidad mental” y que “somos austriacos, somos apáticos; somos la vida como desinterés común por la vida, somos, en el proceso de la naturaleza, el sentido de la megalomanía como futuro”. Lo que le da autoridad moral para lanzar su mordacidad a diestro y siniestro es que también se la aplica él mismo: es incapaz de rechazar unos premios que le asquean para poder meterse el dinero en el bolsillo y, de esa manera, se suma al festival de hipocresías.
Un libro lúcido, brillante y provocador que da mucho que pensar sobre la feria de las vanidades del mundo cultural. Bernhard, en su testamento, prohibió que sus obras se representaran en Austria. Genio, figura y cascarrabias hasta la sepultura.
Por Antonio G. Iturbe


Sumario n.157
Qué Leer Extra: Guía infantil y juvenil. Vacaciones con libros