Ana María Moix: resucitando al gato
Texto: Jorge De Cominges Foto: Marta Calvo
Poeta –incluida en la legendaria antología de Josep Maria Castellet Nueve novísimos–, novelista, biógrafa y cronista; fumadora empedernida, amante de los animales y lectora impenitente, Ana María Moix –la nena, según su hermano Terenci– es una mujer cálida y silenciosa que esconde tras su aparente timidez dosis considerables de ironía. Uno se la imagina escribiendo solitaria en su estudio o dirigiendo, desde casa, una colección de poesía –como ya hizo en Plaza y Janés– pero no al frente de una editorial, con mesa, horario y mando ejecutivo.
Pues ése es ahora su cargo, directora de Bruguera, la mítica editorial para la que, casualidades de la vida, trabajó Terenci de adolescente como dibujante de tebeos. Bruguera pertenece ahora a Ediciones B y Ana María fue llamada hace tres años por Juan Pascual para resucitar la marca –que llevaba prácticamente inactiva veinte años y en esos momentos se limitaba a amparar alguna publicación infantil– y aprovechar en lo posible el fondo editorial de la misma. Un propósito, este último, que se reveló imposible, dado que habían caducado la mayoría de los derechos.
En lugar de ello, Bruguera es ahora un sello literario –con unos 35 libros publicados al año– dedicado principalmente a la novela, aunque también a la poesía y el ensayo, que ha editado a Tennessee Williams, Doris Lessing, Margaret Atwood, P.D. James, Luis Antonio de Villena, Félix de Azúa y Esther Tusquets, que ahora precisamente publica la segunda parte de sus memorias, Confesiones de una vieja dama indigna.
Una de las singularidades de la antigua editorial del gato negro (primera denominación de Bruguera, cuyo elegante animal ha sido incorporado en las portadas) es su premio de novela, ya para su quinta edición, cuyo jurado es unipersonal. Así, Eduardo Mendoza apadrinó a Wendy Guerra; Ana María Matute, a Carlos Peramo; Esther Tusquets, a José Mª Pérez Álvarez; José Manuel Caballero Bonald, a Mario Catelli y Azúa se halla ahora a punto de designar al nuevo ganador.
La Moix pone de relieve su talante, más atento a los valores literarios que a los comerciales, cuando se le pregunta cómo han funcionado las novelas ganadoras: “De ventas, no lo sé, pero increíblemente bien de crítica”.
“He tenido la suerte”, confiesa Ana María, “de encontrar en estas grandes empresas a alguien que te deja un hueco para hacer cosas interesantes. Ya me pasó en la colección de poesía con Nuria Tey y, ahora, con un gerente como Faustino Linares, un hombre que empezó con Carlos Barral y tiene un concepto del libro como el nuestro, de nuestra época”.








