Amin Maalouf: una puerta entre dos orillas

Oriente y Occidente son las orillas de este libanés residente en Francia desde hace años. Unas orillas cada vez más alejadas y extrañas, que el autor de “León el africano” intenta reconciliar con sus reflexiones y sus bellas historias. En “El desajuste del mundo” (Alianza/La Campana) nos ofrece sus más hondos pensamientos sobre la quiebra de civilizaciones.

Texto: Susana Martínez

Tras la sonrisa afable y el semblante tranquilo de Amin Maalouf, se halla un escritor que se exaspera y que intenta aportar con sus reflexiones un poco de sensatez a esas civilizaciones empeñadas en chocar. Es un autor más conocido por sus novelas (de León el africano a Samarkanda o la autobiografía novelada Orígenes), pero ya dejó constancia de ser también un hábil filósofo y competente analista de la actualidad en Identidades asesinas (1999). Ahora, vuelve a ofrecernos un libro desnudo de los ropajes de la ficción en El desajuste del mundo, que es, por encima de todo, un canto a la cordura que no deberían dejar de leer los políticos de una y otra orilla. Millones de lectores ya lo hacen en veinte idiomas.

El grito

Amin Maalouf nació en el Líbano en 1949, en una familia árabe musulmana de docentes y periodistas. Estudió Sociología y Ciencias Económicas pero luego se dedicó al periodismo, tal y como habían hecho antes sus predecesores. Durante la guerra civil de su país, en 1976, se exilió a Francia con su esposa y sus tres hijos, pero siempre mantuvo fuertes vínculos con su tierra. Desde 1985, tras el éxito obtenido con Las cruzadas vistas por los árabes, se dedica exclusivamente a la escritura y pasa la mayor parte del año en una casa de pescadores de la isla francesa de Yeu, donde afirma que encuentra la inspiración para escribir.

Sus novelas giran siempre en torno a la geografía, la historia y los conflictos religiosos en el Mediterráneo, visto por el autor como espacio simbólico de convivencia y tolerancia y lugar de encuentro entre culturas. Uno de los objetivos de Maalouf es el de acercar la cultura oriental a la occidental y viceversa. Como él mismo afirma: “Cuando se ha vivido en el Líbano, la primera religión que uno tiene es la religión de la coexistencia”.

Sus obras se desarrollan en un entorno histórico en el que Maalouf combina hechos verídicos con ficción y conceptos filosóficos. El resultado son novelas de gran belleza tanto narrativa como estilística, que nos ayudan a comprender mejor el mundo de los “otros”. Su defensa de la pluralidad cultural y la tolerancia, y su visión universal le han valido numerosos reconocimientos; entre ellos el Prix Mediterranée, que se suma a prestigiosos galardones literarios como el Goncourt.

El grito de Maalouf

En El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan, encontramos al Maalouf más inconformista y luchador. Nos dice que “lo que hay que predicar no es la desesperación, sino la urgencia. Tal es, por lo demás, la razón de ser de este libro, desde la primera hasta la última página. Decir que es tarde, pero no demasiado. Decir que sería suicida y criminal no movilizar todas las energías para anticiparse al desplome y al retroceso. Decir que aún podemos actuar, que podemos aún darle la vuelta a muchas cosas, pero que para ello tenemos que hacer gala de audacia y de imaginación, y no de titubeos, de encogimiento ni de convencionalismo. Que tenemos que atrevernos a remover la forma de pensar rutinaria y las conductas consuetudinarias, a remover las certidumbres imaginarias y volver a edificar nuestra escala de prioridades”.

Maalouf, antes que buscar soluciones con recetas mágicas, intenta hacer entender cuál es el contexto, cómo se ha llegado a este momento de violento desencuentro, relatando los principales hechos históricos de manera inteligible pero sin callarse nada. Parece decirnos que, para poder tender un puente sólido, primero hemos de saber quiénes son los que están al otro lado y cuáles son los motivos de su angustia. Nos habla del auge de Nasser y su caída, del sueño del panarabismo y de su estrepitoso hundimiento tras la pesadilla de la Guerra de los Seis Días, que pisoteó el orgullo árabe y disparó los radicalismos. Maalouf no habla de manera explícita contra Israel, pero lo considera un elemento de desunión, un actor que no trabaja por la armonía del conjunto. Aunque no es el único al que señala: la Unión Europea, que pone trabas a una Turquía entre dos aguas sin acabar de definir qué modelo de Europa quiere; algunos países árabes que se cierran en la demonización de Occidente y Estados Unidos, que es un gigante expansivo que intenta arreglar las cosas a cañonazos. Aunque, eso sí, Maalouf se siente esperanzado por la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca y ve algunos signos de mejora.

Maalouf también es severo con la otra orilla, especialmente con la manera parcial e interesada de interpretar el Corán de los radicales, que les sirve para unirse. Tampoco escapa a su análisis la forma en que Occidente trata a los inmigrantes árabes: a veces con exceso de desconfianza y otras con un paternalismo sobreprotector de lo políticamente correcto que anula los debates. Apunta que los emigrantes son muy importantes para unir las dos civilizaciones y que tienen una gran responsabilidad.

Cultura, arma de presente

Maalouf dedica una parte del libro a defender la cultura como un arma que hay que utilizar Y no se trata de un canto teórico, sino que señala que la debemos usar de forma práctica en la lucha por mantener el planeta: “Si alguien considera la cultura un ámbito entre otros muchos, o un medio de hacerles grata la vida a determinada categoría de personas, es que se ha equivocado de siglo, se ha equivocado de milenio. Hoy en día, el papel de la cultura es proporcionar a nuestros contemporáneos las herramientas intelectuales y morales que les permitan sobrevivir: nada menos. ¿Cómo vamos a llenar esas décadas adicionales de vida que la medicina nos regala? Cada vez somos más los que vivimos más años y en mejores condiciones; y no pueden por menos de acecharnos el aburrimiento y el temor al vacío; y no puede por menos de tentarnos huir de ellos mediante un frenesí consumista. Si no queremos agotar en seguida los recursos del planeta, tendremos que dar tanta preferencia como sea posible a otras formas de satisfacción, sobre todo a saber más y a desarrollar una vida interior floreciente”.

El desajuste del mundo es un libro que tiene la prosa envolvente de las mejores novelas de Maalouf, con la erudición de uno de los hombres que más pelean por tender lazos a ambos lados del Mediterráneo.

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Escrito por el nov 10 2009. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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