Anne Wiazemsky: “El libro de los destinos”
Autora: Anne Wiazemsky
Traductora: Ana Herrera
Editorial: Miscelánea
192 páginas. 17 euros.
Cuatro tinteros
Argumento
Una mujer francesa recibe una carta de un anciano ruso que dice poseer el diario de una tía-abuela suya, la princesa Belgorodosky. Movida por la curiosidad, empieza a investigar sobre los orígenes de su familia, por la que no había demostrado antes ningún interés. Descubrirá las delicias de la vida en Rusia antes de la Revolución y el horror que ésta introdujo en una clase social ajena al vendaval que iba a despojarla de sus privilegios.
Anne Wiazemsky es prácticamente desconocida en España como escritora. A lo largo de su ya extensa carrera literaria se ha dedicado a novelizar su vida a través de libros tan refinados como sugerentes. En esta ocasión narra (en el primer postigo de lo que será una trilogía) la historia de su principesca familia paterna en el umbral de la revolución soviética de 1917.
Protagonistas de la misma, el príncipe Adichka, joven cabeza de familia, hombre de ideas liberales y dispuesto al reparto de sus tierras, y Natalie, su bella y algo frívola esposa, más preocupada por tocar el piano que por asumir sus deberes como señora de la mansión de Baïgora.
Mientras transcurre la Primera Guerra Mundial, el plácido desarrollo de la vida campestre, con los juegos infantiles, la viril complicidad de los hermanos y las sutiles rivalidades entre cuñadas, se ve truncado por las noticias llegadas de Moscú y Petrogrado sobre las primeras convulsiones revolucionarias. Pero los Belgorodosky, que siempre han mantenido unas paternales relaciones con sus siervos, no se creen amenazados por los cambios sociales que se avecinan. No tardarán en sufrir en carne propia las consecuencias de un rencor acumulado a lo largo de siglos.
Con sobriedad y elegancia, Wiazemsky nos hace partícipes de una pavorosa tragedia sin caer jamás en el maniqueísmo ni en la nostalgia, describiendo con mano maestra toda suerte de encontrados sentimientos. Una novela absolutamente recomendable.
Por Jorge de Cominges









